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<title>Blog José Antonio de la Vega RSS feed</title>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/</link>
<description>An RSS feed for Simpleblog</description>
<language>EN</language>
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<title><![CDATA[¡Y SIGUE LA MATA DANDO!]]></title>
<description><![CDATA[Y qué dijeron. Este cuate ya se peló. Pues no. Sigue y seguirá la mata dando. Por ahora estos escasos renglones, pero más pronto que ya vienen dos entregas. ¿Amenaza? No advertencia. Y sobre advertencia no hay engaño.<br />Y un anuncio. Ya vienen, están por cumplirse, algunas promesas. Es año de revoluciones centenarias y no puedo ni debo quedarme atrás.<br />De mientras, ya me inventé un par de páginas en Facebook, para poner a prueba lo que alguien me dijo el año pasado sobre dizque tengo muchas(os) admiradores. Yo lo dudo, pero más pronto cae un escritor por hablador que un cojo y mucho, dicho sin albur, y cayendo en el verso y sin esfuerzo, por ahí dense la vuelta y contribuyan a desmentirme a mí o a la persona que se aventó semejante puntada alrededor de mi fama inexistente. Tomen nota:<br /><br />Facebook de Josá Antonio de la Vega (ESCRITOR, JE): http://www.facebook.com/pages/Jose-Antonio-de-la-Vega-Escritor/230432200918<br /><br />Facebook de mi revista Indicios Magazín-e: http://www.facebook.com/pages/Indicios-Magazin-e/227355431505<br /><br />Para terminar este saludo al 2010, un adelanto. Estoy muy entusiasmado con la novela sobre Manuel Acuña, debo hacer comentarios sobre "El viajero del siglo", "Todas mis vidas posibles", y narrar un encuentro que significa la realización de los sueños. ¡Y yo que pensaba que eso sólo sucedía en los cuentos de Cortázar!]]></description>
<date>2/1/2010</date>
<time>7:37:00 PM</time>
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<title><![CDATA[LA CAMINERA]]></title>
<description><![CDATA[<strong>Verdad es que a&uacute;n me quedan entregas en el tintero y d&iacute;as por delante, si Dios, Cadena, Alfaguara y t&uacute;, amable lector y amigo, me prestan vida.<br /><br />No quise dejar de dar una vuelta por aqu&iacute; para saludar y enviar abrazos afectuosos a los compa&ntilde;eros blogueros, a quienes con su paciencia, tolerancia y distinci&oacute;n han posado sus ojos en las a veces tr&eacute;molas l&iacute;neas de este aprendiz de plum&iacute;fero (que no de plumero, aunque eso tambi&eacute;n eventualmente). Deseo para todos los fugaces y los asiduos que el pr&oacute;ximo a&ntilde;o sea uno de los mejores de su existencia, que queden comlados de dicha y felicidad en la compa&ntilde;&iacute;a de los suyos.<br /><br />Por lo pronto, y para no cansarlos, me voy echando la caminera. Ya ma&ntilde;ana Dios dir&aacute;. Nos seguiremos leyendo y/o escribiendo... &iexcl;Pero de veras!<br /><br /><br /><br />Gracias por sus comentarios, por sus silencios, por todo y por nada.</strong><br /><br /><br /><br />SINCERAMENTE<br /><br /><br /><br /><strike>AC&Aacute; SU SERVILLETA</strike>]]></description>
<date>12/30/2009</date>
<time>5:47:00 PM</time>
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<title><![CDATA[ENTRE VIADUCTOS, VECINOS, POEMAS Y NOSTALGIA]]></title>
<description><![CDATA[Bueno bueno, probando probando. Ac&aacute; un asiduo lector, All&aacute;, del otro lado del teclado, &iquest;hay alguien?<br /><br />Ser&iacute;a interesante recibir con m&aacute;s frecuencia, no s&eacute;, hasta mentadas... S&iacute;, de esos dulces de menta recubiertos con chocolate. O ya de perdis de las otras, que al fin ya tengo dos madres en el nicho.<br /><br />He deambulado por aqu&iacute; en espera de comentarios, cr&iacute;ticas, pero nada de nada. Me pregunto la raz&oacute;n.<br /><br />En las tres semanas recientes me he dedicado, adem&aacute;s de a leer, a defender los derechos civiles de la colonia donde vivo, La Florida, en Naucalpan. Quiz&aacute; ya est&eacute;s enterado, amigo lector o lectora, porque seguro adem&aacute;s de posar tus lindas pesta&ntilde;as sobre las l&iacute;neas de novelas y otras obras de <strong>Alfaguara</strong>, de vez en vez te echas uno que otro clavado en los diarios de circulaci&oacute;n nacional ya impresos o en su versi&oacute;n en l&iacute;nea. Y si no, te invito a dar una vuelta por el sitio que cree para tal fin: <a href="javascript:void(0);/*1260354000159*/">Defiende La Florida</a>, mismo que he amarrado con Facebook, Twitter y una multitud de redes en las que me encuentro, ya ves que soy inquietito.<br /><br />Posiblemente hayas visto mi nombre en alguna nota extraviada, en calidad de fuente informativa. Y es que estoy en la &quot;comisi&oacute;n de comunicaci&oacute;n&quot; formada por los vecinos para contrarrestar las arbitrariedades que se han cometido con nosotros a causa de modificaciones de &quot;&uacute;ltima hora&quot; hechas al <strong>Viaducto Bicentenario</strong>.<br /><br />Esta nueva actividad me ha sacado del letargo, un poco a contrapelo de mi gusto, otro poco por voluntad y a modo de terapia ocupacional autoimpuesta para salir del marasmo del duelo.<br /><br />Pero hete aqu&iacute; que la &quot;terapia&quot; hay d&iacute;as que me socava el alma a&uacute;n peor que antes, pues no siendo yo sociable (aunque no lo parezca), al hallarme c&oacute;modo escribe y escribe, exorcisando mis fantasmas, acomodando mis recuerdos, puliendo el color de cielo de mi melancol&iacute;a, la soledad y el vac&iacute;o se me recrudecen.<br /><br />Apenas termin&eacute; ayer de leer la deliciosa novela de Kyoichi Katayama, <em><strong>Un grito desde el centro del mundo</strong></em>. Me fui lento, lento, porque a cada tramo me ve&iacute;a reflejado, toda proporci&oacute;n guardada, en el duelo del personaje, Sakutar&ocirc;, tras la muerte de su amada Aki. Es uno de los libros en que m&aacute;s esquinas de p&aacute;ginas he doblado. Quisiera extaer citas para compartirlas, como palabras m&iacute;as, pero son tantas. Me ha dejado m&aacute;s en el sentir y el pensar, que los libros de autoayuda y tanatolog&iacute;a que he le&iacute;do simult&aacute;neamente para asimilar mi estado actual. Saber, en ocasiones, no sirve de nada.&nbsp; S&oacute;lo palabras como las del abuelo del protagonista pueden dar una leve luz, porque &quot;perder a la persona que amas es muy triste. Y esta pena, por m&aacute;s que lo intentes, no puedes materializarla de ning&uacute;n modo. Y, justamente por eso, necesitas darle una forma concreta&quot;.<br /><br />Como Sakutar&ocirc; he experimentado que &quot;vivir la vida cotidiaana, d&iacute;a tras d&iacute;a, [es] un suicidio del alma y una resurrecci&oacute;n perpetuas. Cada noche, antes de dormir, [deseo] no volver a despertarme. Al menos, no volver a despertarme en un mundo sin [mi Preciosa]. Y, sin embargo, al llegar la ma&ntilde;ana, [abro[ los ojos en un mundo vac&iacute;o, helado, donde ella no est&aacute;. Y [vuelvo] a resucitar como un Cristo sin esperanza. Empezar un nuevo d&iacute;a, comer, hablar con la gente, abrir el paraguas cuando [llueve], secarse la ropa mojada. Nada [tiene] sentido. [Es] como arrancarles unas notas disparatadas a las teclas de un piano que pulsas al buen tunt&uacute;n [...] [Finjo] disfrutar las conversaciones [...] Cada d&iacute;a [parece] calcado del anterior. Dentro de m&iacute;, el tiempo no [transcurre] como una l&iacute;nea continua. [He] perdido por completo el sentido de que algo [prosigue, crece y se forma], el sentido de que las cosas [cambian]. Para m&iacute;, la vida [es] una simple sucesi&oacute;n de instantes. Sin futuro, sin perspectiva alguna abri&eacute;ndose ante m&iacute;. Y el pasado [est&aacute;] sembrado de recuerdos que, s&oacute;lo tocarlos, me [hace] sangrar...&quot;<br /><br />Una herida honda, que sangra, que coagula, que encostra y paulatinamente sana dejando la huella, la cicatriz. Entra diciembre y ya comienza a supurar. Jam&aacute;s imagin&eacute; que me costara tanto trabajo colocar unos cuantos adornos navide&ntilde;os en la casa. Fue como volver a acariciarla. Me tard&eacute; dos d&iacute;as. Apenas colocaba una carpeta, un mu&ntilde;eco, o planificaba d&oacute;nde y c&oacute;mo colocar las series de luces en el misterio, borbotones surg&iacute;an de mis ojos, incontenibles. A veces creo que no llegar&eacute; al final del camino, de las v&iacute;as de esta tortuosa monta&ntilde;a rusa de emociones encontradas.<br /><br />Ya tengo listo todo lo necesario para cocinar el bacalao como me ense&ntilde;&oacute; mi madre (una de sus &uacute;ltimas lecciones), y pensando en el ma&ntilde;ana me pregunto c&oacute;mo puede llegarse a amar tanto. Yo lo hice, y sin embargo no tengo una clara y definitiva respuesta. Tal vez, tal vez con el tiempo.]]></description>
<date>12/9/2009</date>
<time>4:06:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=196</link>
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<title><![CDATA[CALAVERA ENCADENADA]]></title>
<description><![CDATA[<a href="javascript:void(0);/*1257211182364*/"><img hspace="5" height="148" width="252" vspace="5" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/beggar-cementerio.jpg" alt="Beggar Mayo en el cementerio" /></a>Antes de que el port&oacute;n se cierre<br /><br />y la Cadena se rompa<br /><br />al lector su calavera<br /><br />en versos dispares corrompa;<br /><br />que el z&iacute;per de disfraz de bruja<br /><br />del largo camino a la vera<br /><br />cise cual sierpe la aguja<br /><br />y al libro la editora entierre.<br /><br /><br /><br />A los de blog mis compa&ntilde;eros<br /><br />uno que otro gusanito<br /><br />como dedo en el ombliguito<br /><br />con precisi&oacute;n de relojeros<br /><br /><br /><br />habr&aacute; de perforar gustoso,<br /><br />y en pleno banquete de carnes<br /><br />&iexcl;ay, Muerte!, al famoso desguarnes<br /><br />igual que al humilde plumoso,<br /><br /><br /><br />&eacute;se que presume de poeta<br /><br />y con canillas descompone<br /><br />la letra que &eacute;l mismo propone<br /><br />como alquimista de probeta.<br /><br /><br /><br />Aqu&iacute; De la Vega descansa<br /><br />junto a la editora Alfaguara<br /><br />y con Pauta Creativa aclara<br /><br />que si bien su tinta es mansa<br /><br /><br /><br />mam&aacute; Gansa no cuenta cuentos<br /><br />ni P&eacute;rez-Reverte novela<br /><br />o Saramago enciende vela,<br /><br />s&oacute;lo La Parca traza vientos.<br /><br /><br /><br />Aqu&iacute; va la contrase&ntilde;a<br /><br />para entrar en el Averno:<br /><br />la letra con sangre empe&ntilde;a<br /><br />y adorna al coraz&oacute;n m&aacute;s tierno,<br /><br /><br /><br />da cuenta del verso derecho<br /><br />y al polvo en polvo convierte<br /><br />todos iguales, advierte,<br /><br />el Dios que mortal te ha hecho.]]></description>
<date>11/2/2009</date>
<time>6:47:00 PM</time>
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<title><![CDATA[TELARAÑA DE PALABRAS]]></title>
<description><![CDATA[He venido disfrutando con verdadera fruici&oacute;n y agasajo los t&iacute;tulos que m&aacute;s recientemente puso en mis manos Editorial Alfaguara: <em><strong>Un grito de amor desde el centro del mundo</strong></em>, <em><strong>Para&iacute;so es tu memoria</strong></em>, <em><strong>Todas mis vidas posibles</strong></em>, <em><strong>Cinco balas para Manuel Acu&ntilde;a</strong></em>, <em><strong>El viajero del siglo</strong></em>, todos perfectamente escritos, atractivos desde la primera l&iacute;nea. Los sigo y alterno con los otros t&iacute;tulos y las otras actividades que han venido a construirme un refugio hecho de palabras como la encuadernaci&oacute;n, que cada vez me sale mejor, la captura de un libro muy importante para m&iacute;, la redacci&oacute;n de mis m&uacute;ltiples novelas, el libro de cuentos, el libro de poes&iacute;a, los blogs de mi revista, mis colaboraciones palabras palabras palabras y m&aacute;s palabras.<br /><br />Para no variar, con cada uno encuentro puntos de identificaci&oacute;n como ir&eacute; rese&ntilde;ando poco a poco.<br /><br />Confieso que hace tiempo dej&eacute; de leer <em><strong>Un d&iacute;a de c&oacute;lera</strong></em> por haberme aturdido con tanto nombre ennumerado p&aacute;gina tras p&aacute;gina. Respeto, admiro y gusto del trabajo de <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong> pero en esta ocasi&oacute;n me perdi&oacute; como lector, al menos temporalmente, luego de la mitad de la novela. Ya la retomar&eacute;, como har&eacute; tambi&eacute;n con algunos t&iacute;tulos que me han regalado so pretexto de servirme de ayuda para sobrellevar mi duelo, y los que en su mayor&iacute;a son como recetas de cocina, manuales que de tanto repetir lo mismo acaba uno por convencerse de que nadie m&aacute;s que uno y con tiempo y cabalidad puede resolver el propio duelo y determinar si uno muere o no junto con sus muertos. Estos los comentar&eacute; en otro espacio fuera de esta Cadena.<br /><br />Hubo un tiempo en M&eacute;xico -no puedo hablar por otros pa&iacute;ses- cuando hab&iacute;a Cr&iacute;ticos (as&iacute; con may&uacute;scula) para todo y eran sumamente respetados. Con la modernidad y la vejez muchos de ellos los perdimos y las nuevas generaciones ya sea por impreparadas, o por ceder m&aacute;s a los intereses comerciales que al examen cuidadoso de la calidad de las obras, m&aacute;s que un semillero de cr&iacute;ticos lo ha sido de criticones. Espero no estar escupiendo al cielo, sobre todo por el estilo con que he preferido efectuar mis rese&ntilde;as. Si he sacado al paso este tema es precisamente porque cuando uno es lector voraz, el gusto se afina notablemente para bien y para mal.<br /><br />Es verdad que siempre es recomendable leer de todo. A mis estudiantes se los dije (no he vuelto a las aulas) de mil maneras, que lean hasta los letreros mordaces o l&eacute;peros de las puertas de los ba&ntilde;os, pero eso no obsta para que uno no pueda emitir un juicio de valor con la capacidad y la tendencia de servir como rosa de los vientos para los autores en el mejoramiento de su arte&nbsp; y su oficio, que siempre es tanto como decir que se encuadra de tal modo el derrotero de una cultura ajustada a su actualidad.<br /><br />Por supuesto, tambi&eacute;n ha sucedido que la delicada piel de algunos creadores deriv&oacute; en la cr&iacute;tica de la cr&iacute;tica tachando a esta de conjuntar un grupo de &quot;creadores frustrados&quot;. No es improbable que en algunos casos as&iacute; haya sucedido. Ya &Oacute;scar Wilde y V&iacute;ctor Hugo en sus tiempos lo se&ntilde;alaron, pero tampoco puede caerse en generalizaciones odiosas. Hoy, lo cierto es que la cr&iacute;tica se ha relajado al punto de dar cabida casi a cualquier obra y cualquier creador. Qu&eacute; bien y qu&eacute; mal. Pues hoy, tambi&eacute;n, se cae en los extremos generando obras para todos u obras para unos cuantos. A este lo leen sus cuates, a este otro lo leen en todo el mundo. Este es muy vendido y solicitado, este apenas puede regalar m&oacute;dicos ejemplares elaborados de manera artesanal. Esta divisi&oacute;n en las artes cada vez resulta m&aacute;s grosera, aunque parezca estar ganando la tendencia popular, como ya anotaba en mi <em><strong>Est&eacute;tica y Comunicaci&oacute;n</strong></em>.<br /><br />En ese tenor, quienes aportamos aqu&iacute; un punto de vista no estamos exentos de cr&iacute;tica y para eso existen los espacios de los comentarios de ustedes, amigos y amables lectores de este tambi&eacute;n lector a quien aparentemente aguantan de buena manera.<br /><br />Cuando de criticar y rese&ntilde;ar se trata, lo expuse entregas atr&aacute;s, disfrutar y vivir las l&iacute;neas de una novela, como por ejemplo <em><strong>Cinco balas para Manuel Acu&ntilde;a</strong></em> de <strong>C&eacute;sar G&uuml;emes</strong> no basta para valorar la obra. Es necesario involucrarse hasta lo m&aacute;s posible.<br /><br />Siendo varios los t&iacute;tulos en cuesti&oacute;n no cansar&eacute; a ustedes y me enfocar&eacute; a una, por ahora, respetando mi estilo,&nbsp; y aun cuando no la he terminado. Quisiera abordarlas todas de <strong><img hspace="4" height="510" width="322" vspace="4" border="3" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/Beatrices_11-10-2009_09;15;35p.m.JPG" alt="" /></strong>un jal&oacute;n como he hecho en otras entregas, pero esta vez me han dado tanto de qu&eacute; hablar que prefiero irme piano pianito. <br /><br /><strong>Beatriz Rivas</strong> me ha sacudido con su novela <em><strong>Todas mis vidas posibles</strong></em>. Especialmente la historia de la segunda Beatriz, donde voy ahora, me exprimi&oacute; l&aacute;grimas que pensaba ya hab&iacute;a agotado de mi venero luego de ocho meses de penar por el fallecimiento de mi madre. Nuestra historia personal tan peculiar asom&oacute; mucho m&aacute;s que como una an&eacute;cdota, como una ara&ntilde;a agazapada entre los hilos de ideas. En cada familia hay ciertos secretos dolorosos y cuando estos de pronto saltan como predadores al acecho, no hay estructura emocional que se resista. Entender&aacute;n que no entre en detalles &iacute;ntimos, pero valga a&ntilde;adir que de tal modo me cimbr&oacute; que no pude m&aacute;s que ceder a la inspiraci&oacute;n suscitada y lanzarme como bestia a escribir una novela m&aacute;s, un proyecto m&aacute;s de los que tengo inacabados, en constante hechura. Pero ahora, perdonar&aacute;n el atrevimiento, comparto un fragmento con la finalidad de mostrar c&oacute;mo, aparte de la cr&iacute;tica acad&eacute;mica que puede se&ntilde;alar los detalles gramaticales o estructurales acertados o err&oacute;neos de una obra, la experiencia vital de imbuirse en el papel puede ser otra forma de elogio de la lectura. En seguida el comienzo de mi <em><strong>Beatificaci&oacute;n</strong></em>.<br /><br /><br /><br /><meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CUsers%5CJOSANT%7E1%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br />@font-face<br />	{"Clarity Gothic SF";}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:6.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	line-height:200%;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />h1<br />	{mso-style-link:"Título 1 Car";<br />	margin-top:0cm;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:30.0pt;<br />	margin-left:0cm;<br />	line-height:200%;<br />	page-break-after:avoid;<br />	font-size:16.0pt;"Clarity Gothic SF";}<br />span.Ttulo1Car<br />	{mso-style-name:"Título 1 Car";<br />	mso-style-link:"Título 1";"Clarity Gothic SF";<br />	mso-ascii-"Clarity Gothic SF";<br />	mso-hansi-"Clarity Gothic SF";<br />	font-weight:bold;}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><br /><div><strong><font size="6"><a name="_Toc243666722">Cap&iacute;tulo 1</a></font></strong></div><br /><p><span>Hoy despert&eacute; consciente. Hoy despert&eacute; llorando. Hoy despert&eacute; con una verdad en el pu&ntilde;o: si quiero morir condenado, quiero que sea por causa de una mujer.</span></p><br /><p><span>En la vida de todos hay una Beatriz: la que conduce a las puertas del infierno, la que proyecta nuestra alma inocente a trav&eacute;s de los c&iacute;rculos del cielo con una llave en la mano, una promesa en los labios, un estilete en el cinto, y una poci&oacute;n envuelta con encantamientos y oculta en el busto.</span></p><br /><p><span>Todas las mujeres &mdash;y que conste que soy enemigo de las generalizaciones&mdash; aguardan y sue&ntilde;an un &ldquo;pr&iacute;ncipe azul&rdquo;, pero la realidad las desenga&ntilde;a m&aacute;s pronto que tarde pues invariablemente, ma&ntilde;ana o pasado ma&ntilde;ana &eacute;ste vuelve a su condici&oacute;n de sapo. Por su lado, todos los varones esperamos y so&ntilde;amos con la reina, la diosa capaz de envolvernos con su aura una eternidad, pero hete aqu&iacute; que tambi&eacute;n, tarde o temprano, la beldad asoma su rostro verdadero de bruja, de contumaz ninf&oacute;mana, de hechicera ego&iacute;sta, ni&ntilde;a impertinente, criatura vanidosa, necia verdulera, sujeta al capricho y al antojo; empero, la mujer amante, cautivadora, deseable. Y as&iacute; es siempre hasta que accede a la condici&oacute;n de madre. Entonces la diosa, la reina, la bruja, la mujer se transforma en el fundamento de todas las cosas.</span></p><br /><p><span>En la vida de todos hay una Beatriz, y no es por presumir pero en la m&iacute;a hubo tres. Hitos, ejes para el giro del destino, pulsos aplicados a la manivela que rota el c&iacute;rculo de la fortuna. Tres: la del poeta, la del ni&ntilde;o, la del desesperado. Una imaginada, otra contundente, la tercera justo en los t&eacute;rminos de la imaginaci&oacute;n y del anhelo, pero ajena.</span></p><br /><p><span>Esta es la historia de un hombre que necesitaba ayuda.</span></p><br /><div>&nbsp;</div><br /><p><span>&iexcl;Santo Dios! No cabe duda que la inspiraci&oacute;n es real, existe para despecho de aquellos que aducen al &eacute;xito solamente el uno por ciento de ella y el resto a la transpiraci&oacute;n. No dejan de ser argumentos razonables, pero cuando la primera llega no hay que soltarla ni un &aacute;pice. Ahora mismo podr&iacute;a estar aqu&iacute; sentado ante los folios, la libreta o el teclado por horas, acomodando frases, palabras; generando im&aacute;genes de m&iacute; y de otros, palpables o inventados. Propiciando actos, circunvoluciones, piruetas, peripecias con los que personajes, situaciones, ambientes, pintaran un cuadro de costumbres de Marte lo mismo que de Cuernavaca.</span></p><br /><p><span>Sin embargo, qu&eacute; hago, Dios m&iacute;o. Sucumbo a la ataraxia del quehacer cotidiano, a la angustia constante sobre qu&eacute; comer&eacute; ma&ntilde;ana, de d&oacute;nde sacar&eacute; para el pago de tal o cual gasto fijo o deuda. Y as&iacute; no puedo, Dios, no acabo de concentrarme. No acabo de justificar los dones que me diste, los talentos que a&uacute;n duermen guardados en la talega de mi pundonor.</span></p><br /><p><span>Cuando dedico tiempo y esfuerzo para ejercitar lo que creo que es mi prop&oacute;sito de vida, me entra un agrio remordimiento porque caigo en la cuenta de que por estar as&iacute;, creando, imaginando, desenvolviendo los mundos interiores, el sol y el viento de fuera reclaman mi presencia y me obligan a lo m&aacute;s simple y necesario: sobrevivir. Si pudiere ser remunerado por un personaje de novela; si pudiere pedir prestado al tiempo sin quedar ahogado por sus intereses; si pudiere emplearme en la labor del papel que solo aguarda paciente la caricia de la mano empu&ntilde;ando la pluma como el amante espera el reparo de la mirada de su bien amado, te juro, Dios, que me conformar&iacute;a y encontrar&iacute;a entonces m&aacute;s f&aacute;cilmente el modo de reconciliarme con la vida y el destino. Pero tal como est&aacute;n las cosas, Dios, necesito ayuda. &iexcl;Que alguien me salve! De perdida un milagro.</span></p><br /><p><span>As&iacute;, absorto en sus pensamientos y disquisiciones, Guadalupe Renter&iacute;a no vio transcurrir el tiempo. La ma&ntilde;ana se le hab&iacute;a ido como agua entre las manos. Primero, porque desvelado a causa del insomnio despert&oacute; tard&iacute;simo, otra vez. Si no hubiera o&iacute;do el timbre insistente del jardinero llamando a la puerta, habr&iacute;a seguido durmiendo de un tir&oacute;n hasta pasado el mediod&iacute;a. Pero ya estaba despierto, aunque no lo pareciera.</span></p><br /><p><span>El letargo de su cuerpo encerraba sin embargo una vor&aacute;gine mental. Cuando eso suced&iacute;a &mdash;y era relativamente frecuente desde hac&iacute;a ocho meses y quiz&aacute; un poco m&aacute;s, tanto como &iexcl;la mitad de su vida!&mdash;, las palabras, los enunciados se rebelaban y se revelaban con todo su esplendor y toda su fuerza; con toda su inquina y todos sus favores. Guadalupe, entonces, no pod&iacute;a hacer otra cosa m&aacute;s que ceder al impulso, tomar la libreta, o cualquier papel a la mano, la pluma o el l&aacute;piz y escribir escribir escribir escribir escribir escribir escribir hasta cansar la punta de los dedos. Ya m&aacute;s tarde, cuando amainaran los remordimientos por no asumir sus responsabilidades cotidianas como asistir al &ldquo;trabajo&rdquo;, preocuparse por la fuente de ingresos, entonces dedicar&iacute;a un tiempo sosegado a pasar en limpio y quiz&aacute; corregir lo escrito.</span></p><br /><p><span>Hab&iacute;a veces que este torbellino lo envolv&iacute;a ya dispuesto ante el teclado y ejercitaba el mismo tipo de digresi&oacute;n para verter el colmo de palabras en la m&aacute;quina, ordenador o computadora, como se la quiera llamar, teniendo enseguida el mismo resultante remordimiento.</span></p><br /><p><span>Doble remordimiento. Remordimiento en dos v&iacute;as, viceversa de s&iacute; mismo. Dividido. De semejante modo se sent&iacute;a Guadalupe. Dividido; entre el deber ser y el deber hacer; entre el querer ser y el querer hacer; en medio de lo posible y lo imposible, punto de encuentro, frontera entre la potencia y el acto. Afanando, siempre afanando que es deseo en gerundio o hacia s&iacute; mismo o desde s&iacute; mismo; para otros o sin otros.</span></p><br /><p><span>La ma&ntilde;ana del 12 de octubre de un a&ntilde;o aciago de cuya cifra prefiere recordar s&oacute;lo su versi&oacute;n hebrea: a&ntilde;o 5070, Guadalupe tent&oacute; al Diablo &mdash;si es que esto puede hacerse, ya se sabe que &ldquo;m&aacute;s sabe el Diablo por viejo que por Diablo&rdquo;.</span></p><br /><p><span>Sentado ante su escritorio&hellip; No es cierto, en bata y calzoncillos, sentado en la cama y con la libreta sobre el regazo comenz&oacute; a barruntar una &iquest;novela? Algo parecido. En ella contaba la historia de un individuo desesperado que, como el poeta, clam&oacute; al cielo y &eacute;ste no le oy&oacute;. Clam&oacute; al demonio y&hellip;</span></p>]]></description>
<date>10/22/2009</date>
<time>3:05:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=193</link>
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<title><![CDATA[DE TORTAS Y LIBROS]]></title>
<description><![CDATA[De vuelta por ac&aacute;, cumpliendo la palabra empe&ntilde;ada, acuso tard&iacute;amente haber recibido en tiempo y forma los t&iacute;tulos que comentar&eacute; en las siguientes entregas.<br /><br />Me he percatado que de los 6 blogueros que &eacute;ramos, quedamos s&oacute;lo 4. Se extra&ntilde;a a los compa&ntilde;eros, pero ya sabremos de ellos mediante otras v&iacute;as seguramente.<br /><br />Por otra parte, he estado imbuido en la lectura de los t&iacute;tulos actuales y los que traigo en el costal desde hace semanas atr&aacute;s. Mientras la temporada de lluvias no se animaba a comenzar acos&aacute;ndonos con una sequ&iacute;a preocupante, en mi milpita han llovido libros que da gusto.<br /><br />Los &aacute;nimos en ocasiones me traicionan, ya ustedes saben por qu&eacute;. Y aunque el tiempo es buen pero cruel amigo, esta herida en el alma no sanar&aacute; tan f&aacute;cilmente como podr&iacute;a creer cualquiera, o como yo mismo pude haber pensado alguna vez. Por m&aacute;s que se prepara uno para ciertos acontecimientos inevitables de la vida, nunca est&aacute; uno suficientemente listo para soportar el golpe certero del destino.<br /><br />Pero como se trata este espacio de exponer, de narrar lo que me van dejando las lecturas que voy haciendo, por ahora aqu&iacute; lo dejo, pues tengo varias l&iacute;neas en el tintero y he de dosificarlas para no cansar a m&aacute;s de uno con mis consabidos rollos mareadores.<br /><br />Qu&eacute; quieren, en vez de torta bajo el brazo, al nacer traje verbo amarrado a la lengua. Ojal&aacute; de ese itacate logre saciar mi hambre alg&uacute;n d&iacute;a, de eso pido mi limosna. Lo hice tiempo atr&aacute;s, de otro modo, por otros motivos, con otras finalidades, no veo por qu&eacute; de ahora en adelante no podr&iacute;a aspirar a hacerlo de nuevo pero desde mis ansias, para mis anhelos. &quot;Ya se ver&aacute;, ya se ver&aacute;&quot;, dec&iacute;a mi abuelo. &quot;Con paciencia y un trapito...&quot;.]]></description>
<date>10/13/2009</date>
<time>4:07:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=192</link>
<id>192</id></item>
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<title><![CDATA[PAPELES COMO SALTAMONTES]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="4" height="284" width="198" vspace="4" border="2" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/PortadaImagenMov_06-09-2009_08;32;22p.m.JPG" alt="" />Desde hace varias semanas estoy muy &quot;entretenido&quot; (a falta de otra cosa, enti&eacute;ndase trabajo, mejor que hacer) escombrando la casa, adem&aacute;s de leyendo lo que me encuentro y lo que tengo comprometido.<br /><br />Por dos semanas me dediqu&eacute; a mover mobiliario, en alguna ocasi&oacute;n con ayuda de mi sobrino que est&aacute; fuertote. Reacomod&eacute; todo el estudio y ahora tengo casi todos los libros en una sola habitaci&oacute;n, y los escritorios quedaron acomodados de forma tal que ahora s&iacute; parece oficina.<br /><br />&quot;&iexcl;Inmisericorde!&quot; Me gritan silenciosos algunos papeles ya con notas viejas, ya con lecturas que de plano no har&eacute; por quedar fuera de actualidad. &quot;&iexcl;No! &iexcl;Con la navaja no!&quot;, claman otros mamotretos temerosos de ser destrozados para terminar con el resto en la basura.<br /><br />Pero es la fecha que no termino. A&uacute;n quedan muchas carpetas con lecturas interesantes y documentos valiosos, para m&iacute; y quiz&aacute; futuros alumnos, desde la perspectiva acad&eacute;mica e instruccional. He ido abriendo una a una, examinando a ojo de buen cubero lo que seguir&aacute; sirviendo y lo que ya no tiene raz&oacute;n de ser. Incluso algunas carpetas por viejas han parado entre los trebejos que tienen boleto de ida y no de vuelta.<br /><br />Recortes de peri&oacute;dicos, cuadernos de cuando era estudiante y otros de cuando daba clase (no he vuelto a la academia, no por falta de ganas o por no tocar puertas). Plumas viejas y resecas, otras con esperanza de que puedan ser resucitadas mediante la operaci&oacute;n frankensteniana de conseguir un respuesto. L&aacute;pices, clips... Todo fue a dar a un par de cajotas, sin orden, para luego ir saliendo poco a poco para encontrar un nuevo sitio: o entre los &uacute;tiles o entre los desperdicios.<br /><br /><img hspace="3" height="287" width="201" vspace="3" border="2" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/Handbook_06-09-2009_08;46;34p.m.JPG" alt="" />Revisando arriba y abajo con mirada siniestra los estantes, recorro los t&iacute;tulos de los libros. Algunos est&aacute;n muy confiados de que seguiran en sus puestos o por ser necesarios para las consultas, o por guardar indicios de mis pensamientos, o por saberse cubiertos con el manto de mi afecto particular. Pero hay otros que tiemblan: los muy viejitos, los maltratados... Los tranquilizo y les explico que, aunque est&aacute;n ahora reacomodados al &quot;ah&iacute; se va&quot;, siendo que algunos ya contaban incluso con su distintivo de clasificaci&oacute;n bajo el sistema Dewey, no se preocupen, esa labor clasificatoria continuar&aacute; con todos y cada uno. &quot;Eso s&iacute; -aclaro- sobre la marcha iremos haciendo espacio para nuevos amigos, como los que nos ha proporcionado <strong>Editorial Alfaguara</strong> desde hace un a&ntilde;o y medio y los que puedan venir de esta u otras editoriales; y tambi&eacute;n para nuevos amigos resultantes de mi nueva habilidad&quot;.<br /><br />Nom&aacute;s los veo c&oacute;mo entre s&iacute; conversan tapa contra tapa como considerando &quot;este cuate ya se deschavet&oacute;&quot;. Y es que, en ese af&aacute;n de entretenerme y aprovechar el ocio y no clavarme demasiado en mi duelo -ese que t&uacute; bien conoces, amigo lector-, entre otras cosas me he dado a la tarea de desarrollar la habilidad de encuadernador.<br /><br />Mi madre trabaj&oacute; de chamaca en un archivo y ah&iacute; aprendi&oacute; a coser legajos, cosa que me ense&ntilde;&oacute;. Recientemente un bibliotecario me pas&oacute; algunos tips; m&aacute;s algunas pesquizas por la Internet, me avent&eacute; al toro.<br /><br /><img hspace="3" height="304" width="197" vspace="3" border="2" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/Antropologia2_06-09-2009_08;51;07p.m.JPG" alt="" />Aqu&iacute; les presumo algunos de los vol&uacute;menes que he creado, desde aquellos que parecen hechos por un p&aacute;rbulo jugando con papel mach&eacute;, hasta aquellos forrados en tela. Todos est&aacute;n formados a partir de fotocopias. A&uacute;n no me meto a restaurar mis queridos viejitos, ya les llegar&aacute; su momento.<br /><br />Falta mucho, pero como dec&iacute;a el abuelo &quot;con paciencia y un trapito...&quot;.<br /><br />Por supuesto que eso de andar aprendiendo con el sistema de ensayo-error y con limitados recursos provoca que algunos intentos terminen muy mal. Es el caso de un libro que de plano me met&iacute; a capturar, porque a la hora de los cortes &iexcl;la navaja tonta se fue bien chueca! Y ello me dio la pauta para generar el que ser&aacute; el primer libro con que estrenar&eacute; mi <a href="javascript:void(0);/*1252289164985*/"><strong>VETA Editorial</strong></a> en su colecci&oacute;n <a href="javascript:void(0);/*1252289260127*/"><em>Tiempo y Destiempo</em> (como uno de mis blogs</a>), eso si no termino y publico primero alguna de las novelas o el libro de cuentos que estoy ya redactando. S&oacute;lo una cosa me preocupa: la cuesti&oacute;n de los derechos, pues la editorial original ya no existe, el t&iacute;tulo y la traducci&oacute;n original son de 1958, el autor a&uacute;n vive pero no s&eacute; cu&aacute;n f&aacute;cil sea localizarlo para solicitar su autorizaci&oacute;n.<br /><br />Por ah&iacute;, si alguien me puede o quiere orientar, se lo voy a agradecer infinitamente, sea mediante los comentarios de este blog o escribiendome directamente a mi correo: veta.creativa@gmail.com; pues es un t&iacute;tulo que, a pesar de su antig&uuml;edad, por su contenido y tema sigue siendo vigente. Adem&aacute;s, es un libro que ya nadie a vuelto a publicar e incluso los bi&oacute;grafos del autor ni recuerdan o no mencionan en la bibliograf&iacute;a. Y tambi&eacute;n es dif&iacute;cil conseguirlo en bibliotecas.<br /><br />En fin, estas aventuras continuar&aacute;n y con algunas sorpresas, pues en la tarea no faltan papeles que brincan como saltamontes reclamando atenci&oacute;n. De esos &quot;olvidados&quot; y esas &quot;abandonadas&quot; tratar&eacute; en la siguiente, por supuesto sin olvidarme de comentar las lecturas que he venido jaloneando.]]></description>
<date>9/6/2009</date>
<time>8:42:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=191</link>
<id>191</id></item>
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<title><![CDATA[GAVETAS DE LA MENTE]]></title>
<description><![CDATA[Hay momentos, lugares, personas, objetos que resultan emblem&aacute;ticos. Todos guardamos en la memoria listas cortas o largas con las que enumeramos tales cosas. Algunos nos dedicamos a poner en blanco y negro algunas de ellas en el af&aacute;n de que la p&aacute;tina del tiempo no haga de las suyas y acabe difuminando los rastros en los resquicios, en los meandros de la memoria. Sucede que algunas veces la lista parece incluir duplicidades, pero cuando se las examina detenidamente las apariencias enga&ntilde;an y lo que hallamos en realidad son versiones. Lo que alguna vez fue alegre, en una ocasi&oacute;n posterior puede mostrarse triste, y viceversa. O puede suceder que un s&oacute;lo detalle sea lo que haga un hecho distinto de su imagen especular.<br /><br />Los libros como los que comentamos en espacios como este pueden ser tanto uno de dichos objetos, como simplemente pretextos referenciales de otros m&aacute;s anclados en la emoci&oacute;n de cada qui&eacute;n.<br /><br />En el af&aacute;n de ir avanzando en la descripci&oacute;n de las lecturas que vengo haciendo recientemente, y sobre todo respetando el estilo y el esp&iacute;ritu de este espacio y este servidor, rescato por ahora dos instantes extra&iacute;dos de la gaveta del pasado m&aacute;s presente, uno de ida y otro de venida.<br /><br />Julio de 2006. Mi madre y yo abordamos el avi&oacute;n profundamente conmovidos de vuelta de Tabasco. Hac&iacute;a pocos d&iacute;as hab&iacute;a muerto su hermana, que fue como su madre. Hab&iacute;amos viajado hacia el ed&eacute;n para efectuar la despedida menos entusiasta, pero ahora, en el regreso, ambos mir&aacute;bamos el verdor de Villahermosa alej&aacute;ndose conforme nos dirig&iacute;amos al cielo. En silencio, mir&eacute; a mi contrita coneja. Me mir&oacute; con un billo de profundo agradecimeinto. Frunci&oacute; levemente sus labios y ocult&oacute; sus ojos tras el pa&ntilde;uelo desechable. Entonces un fugaz recuerdo ilumin&oacute; mi mente: mi madre despidi&eacute;ndose de mi primo en un abrazo caluroso y diciendo en medio de la congoja &quot;ahora s&iacute;, m'ijo, ya no nos vamos a ver m&aacute;s&quot;.<br /><br />Julio de 2009. Solo, abordo el avi&oacute;n ahogado por la melancol&iacute;a. Hace seis meses que falleci&oacute; mi madre. He viajado a Villahermosa en parte para cambiar de aires pues la casa me oprime, la soledad me est&aacute; acabando, la ausencia me ensordece con su atronador silencio. En parte para explorar la posibilidad de cambiar de radicaci&oacute;n, buscar nuevos horizontes donde poder construir mi vida, una vida que he descubierto inexistente. Luego de un breve per&iacute;odo dedicado a una especie de retiro espiritual, con d&iacute;as harto fren&eacute;ticos de terapia expres, me veo en la &iquest;necesidad? de regresar a la rutina diaria, a mi guarida, para esperar y s&oacute;lo eso, esperar. En el avi&oacute;n de vuelta, acompa&ntilde;ado por mi primo y su esposa que por su parte se dirigen a Guadalajara pienso: tres a&ntilde;os de diferencia, el mismo viaje, &iquest;distintas? causas, &iquest;el mismo? sentimiento.<br /><br />Abriendo y leyendo <em><strong>Un grito de amor desde el centro del mundo</strong></em>, la novela de <strong>Kyoichi Katayama</strong>, encuentro las palabras del protagonista, Sakutar&ocirc;, mientras est&aacute; abordo del avi&oacute;n en que junto con los padres de su amada Aki transporta las cenizas de ella; palabras que bien podr&iacute;an ser las m&iacute;as cobijadas por el dolor y la nostalgia, aunque con nombres y sitios cambiados:<br /><br /><em>So&ntilde;&eacute; con Aki, cuando todav&iacute;a estaba bien. En el sue&ntilde;o, ella me sonre&iacute;a. Con su sonrisa de siempre (...) Su voz permanece claramente en mis o&iacute;dos.&nbsp; &quot;&iexcl;Ojal&aacute; el sue&ntilde;o fuera realidad y la realidad fuese un sue&ntilde;o!&quot;, pienso. Pero es imposible. Por eso, al despertarme, siempre estoy llorando. No es porque est&eacute; triste. Es que, cuando regreso a la realidad desde un sue&ntilde;o feliz, me topo con la fisura que me es imposible franquear sin verter l&aacute;grimas. Y eso, por m&aacute;s que me ocurra, siempre es as&iacute; (...) Todo cuanto ve&iacute;a me parec&iacute;a diferente, ex&oacute;tico, fresco. Pero ahora, vea lo que vea, no siento nada. &iquest;Qu&eacute; diablos deber&iacute;a mirar yo aqu&iacute;?<br /><br />Eso es porque Aki se ha ido. Porque la he perdido. Ya no hay nada que desee ver (...) En este mundo, vaya adonde vaya, siempre me suceder&aacute; lo mismo. Por m&aacute;s maravilloso que sea el paisaje que tenga ante los ojos, nunca me emocionar&eacute;; la m&aacute;s hermosa de las vistas no me gustar&aacute;. Ha desaparecido la persona que me hac&iacute;a desear ver, saber y sentir..., incluso vivir. Ella ya no volver&aacute; a estar jam&aacute;s a mi lado.<br /><br />S&oacute;lo (seis) meses. Sucedi&oacute; en el tiempo en que una estaci&oacute;n pas&oacute; a otra (...) Un hecho insignificante, sin duda, si a ella la consideras uno entre seis mil millones de seres humanos. Pero yo no estoy con esos seis mil millones. A m&iacute;, una sola muerte me ha despojado de todas mis emociones. Aqu&iacute; es donde estoy yo. Donde me encuentro sin ver nada, sin o&iacute;r nada, sin sentir nada. Pero, &iquest;estoy aqu&iacute; realmente? Y si no, &iquest;d&oacute;nde estoy, entonces?</em><br /><br />Un bot&oacute;n, una muestra de c&oacute;mo la realidad y la ficci&oacute;n pueden llegar a tocarse en ti o en m&iacute;. Por eso me gusta leer. Por eso me asusta leer.]]></description>
<date>8/18/2009</date>
<time>11:40:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=190</link>
<id>190</id></item>
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<title><![CDATA[PATAS PARA ARRIBA]]></title>
<description><![CDATA[Primero que nada, un saludo a todos los amigos y amables lectores que distinguen con su deferencia a este espacio. En segundo lugar, hago acuse de recibo de los tomos que he sumado a mi lista de revisi&oacute;n: <em><strong>Para&iacute;so es tu memoria</strong></em>, primera novela de <strong>Rafael Tovar y de Teresa</strong>, y <em><strong>Un grito de amor desde el centro del mundo</strong></em>, del escritor japon&eacute;s <em><strong>Kyoichi Katayama</strong></em>.<br /><br />Al primer t&iacute;tulo le tra&iacute;a ganas por el tema general, la forma como la estructura familiar se ve &iacute;ntimamente afectada por la escructura social a trav&eacute;s de la historia. Las cuestiones geneal&oacute;gicas siempre han atra&iacute;do mi atenci&oacute;n no tanto por aquello de la determinaci&oacute;n de los apellidos pomadosos o los linajes influyentes, sino por las implicaciones que conllevan las ligas hereditarias. El descubrimiento del genoma humano, y ahora particularmente el del <strong>genoma mexicano</strong> abonan a este inter&eacute;s en m&aacute;s de un sentido, tanto hist&oacute;rico como biol&oacute;gico. Pero sobre eso tratar&eacute; en otro momento.<br /><br />Por otra parte, el segundo t&iacute;tulo lo coment&eacute; brevemente en alguna entrega pasada aqu&iacute;, a partir de una publicidad de <strong>Alfaguara </strong>recibida en mi correo electr&oacute;nico. Acompa&ntilde;aba a dicha publicidad un extracto de la novela y de inmediato me conquist&oacute;, pero es ahora cuando podr&eacute; realmente hundirme entre sus l&iacute;neas.<br /><br />He tardado un poco (o un mucho) en efectuar este art&iacute;culo por que me fui de viaje. Ya s&eacute; que a la mayor&iacute;a le importar&aacute; poco lo que dir&eacute; enseguida, pero lo hago en la l&iacute;nea estil&iacute;stica que ha caracterizado este espacio.<br /><br />Luego de seis meses del fallecimiento de mi madre mi vida est&aacute; patas para arriba. Necesitaba efectuar un viaje con rumbo a <strong>Tabasco</strong>, al ed&eacute;n mexicano, para cambiar de aires, hacer una especie de retiro y adem&aacute;s explorar las posibilidades de abrirme paso por esos caminos del sureste que tanto me jalan desde hace a&ntilde;os.<br /><br />Me hall&eacute; as&iacute;, en medio del calor tropical, con las huellas que seguimos mi madre y yo m&aacute;s de una vez. Los recuerdos resultaban ser tan peligrosos como consoladores, tanto o m&aacute;s que los experimentados por m&iacute; diariamente en la soledad y el silencio de mi casona, donde he vivido desde los cinco a&ntilde;os de edad.<br /><br />All&aacute;, entre terapias psicol&oacute;gicas muy fuertes dirigidas por mis parientes que son psic&oacute;logos profesionales, y el cari&ntilde;o de toda mi parentela materna, pude retrotareme y dar sentido completo aunque personal a cosas como los t&iacute;tulos mencionados <em><strong>Para&iacute;so es tu memoria</strong></em> y <em><strong>Un grito de amor desde el centro del mundo</strong></em>. All&aacute;, tambi&eacute;n sum&eacute; otros t&iacute;tulos que ha comenzado a sentar las bases de lo que podr&aacute; ser mi vida luego del aciago d&iacute;a del deceso de mi madre.<br /><br />As&iacute;, los libros siguen formando parte de lo que soy, de lo que hago, de los lugares donde me hallo, y tienen la fuerza y la oportunidad necesarias para darme las pistas, las claves del prop&oacute;sito de mi existencia.<br /><br />Si ahora no ilustro esta entrega con las portadas de los t&iacute;tulos mentados, es porque en este estar patas para arriba, al regresar de este viaje que quiz&aacute; suponga un cambio radical en mi vida, entre otras cosas tom&eacute; la determinaci&oacute;n de poner nuevo orden a mi espacio actual, por lo tanto tengo aparatos desconectados, muebles por ning&uacute;n sitio, y literalmente un librero patas para arriba porque, entre otras moner&iacute;as de quien suscribe, est&aacute; la habilidad y el gusto de trabajar con la madera y, dada la decisi&oacute;n, era necesario reforzar dicho mueble.<br /><br />La casa ahora comienza a lucir ca&oacute;tica, pero como bien plantea la segunda ley de la termodin&aacute;mica, es forzoso que ocurra el caos para que suceda el orden y viceversa, el orden redundante deriva tarde o temprano en el caos.<br /><br />En las pr&oacute;ximas entregas,&nbsp; que ya estar&aacute;n m&aacute;s regularizadas abundar&eacute; en los libros mencionados.<br /><br /><u><strong>Post Data</strong></u>: Aprovecho para invitar a los amables amigos y lectores a darse una vuelta por la red&nbsp; <a href="javascript:void(0);/*1250044748512*/"><strong>Bit&aacute;cora del Orgasmo</strong></a>, donde he comenzado a escribir una novela por entregas que se suma a los otros proyectos literarios a los que he dedicado amorosa, seria y casi obsesivamente tiempo y esfuerzo. Digo esto como un mensaje dirigido a la Editorial, quien quita y se interesa en publicarme en un formato m&aacute;s manual y objetivo, aparte de la oportunidad dada mediante este espacio que elaboro siempre con gran ilusi&oacute;n y esperanza de estar cumpliendo con sus objetivos.]]></description>
<date>8/11/2009</date>
<time>8:35:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=189</link>
<id>189</id></item>
<item>
<title><![CDATA[A TRAVÉS DEL PUENTE DE CRISTAL]]></title>
<description><![CDATA[Esto del luto es una monserga, pero tambi&eacute;n una aventura. Hac&iacute;a mucho tiempo que no escrib&iacute;a tanto y en tantos lados, lo que me encanta pero tambi&eacute;n me asusta. Mas no me asusta la responsabilidad, el compromiso, sino el riesgo latente de estar en ascuas por causa del acecho de los fantasmas que fustigan as&iacute; el dolor como el amor. (Y me asusta que a&uacute;n no percibo un centavo por esas palabras; y la ausencia de comentarios a veces me hace dudar de su utilidad y penetraci&oacute;n, aunque claro, la safisfacci&oacute;n personal y la difusi&oacute;n aparejada por ahora bastan y sobran)<br /><br /><br /><br />Hay muchas formas de duelo, tantas como cabezas en el mundo y como experiencias afectivas. Pero todos en alg&uacute;n momento de la vida experimentamos&nbsp; El Duelo, as&iacute; con may&uacute;scula. Generalmente ese tiene que ver con la p&eacute;rdida del m&aacute;s grande y definitivo amor. Y puede repetirse, aunque graduado. El Duelo es un hito, el punto de partida de la iniciaci&oacute;n para ser humano.<br /><br /><br /><br />Recientemente, la indignaci&oacute;n por la tragedia sufrida por las familias de los peque&ntilde;itos fallecidos a consecuencia del incendio de la guarder&iacute;a en Hermosillo, Sonora, M&eacute;xico, inscribe y nos incluye a todos en esta forma de duelo, si bien los principales protagonistas de esta historia son los padres.<br /><br /><br /><br /><img hspace="4" height="424" width="276" vspace="4" align="right" alt="Forro de La Emperatriz de los Etéreos" src="/upload/Image/DelaVega/emperatriz_etereos01 15-06-2009 02-04-08 p.m. 276x424 15-06-2009 02-04-08 p.m. 276x424. 276x424.jpg" />De nuevo, mi madre sale al paso para ayudarme a asimilar la realidad. Pues aun cuando ella para m&iacute; representa hoy <strong>El Duelo de mi vida</strong> (t&iacute;tulo que se suma a la lista de mis novelas, cuentos, poemas y ensayos que tengo frente a m&iacute; en el escritorio, en plena producci&oacute;n) s&eacute; por ella y su experiencia personal que incluso semejante quebranto no se compara con la p&eacute;rdida (por cualquier medio o circunstancia) de un hijo, m&aacute;xime cuando la privaci&oacute;n sucede en las edades m&aacute;s tiernas. En mi familia lo sabemos y comprendemos con claridad y con dolor compartido.<br /><br /><br /><br />Pensado y dicho lo anterior me veo al espejo y descubro una copia de m&iacute; mismo. Una versi&oacute;n masculina y mexicana de <a href="javascript:void(0);/*1245100626736*/"><strong>Susan Boyle</strong></a>. De pronto me parece ver en derredor m&aacute;scaras de facciones neutras, sin embargo imitando los rostros de mis seres queridos. La superficie del espejo me revela el cambio que he venido padeciendo d&iacute;a con d&iacute;a. Soy como <strong>Bipa</strong>, la joven protagonista de <em><strong>La Emperatriz de los Et&eacute;reos</strong></em>, con hilos de plata entre los cabellos cada vez m&aacute;s escasos, una piel que se va adelgazando erosionada por la pena, desgastada por la edad. Tras mi mirada ahora m&aacute;s transparente adivino la piedra semipreciosa que palpita en mi pecho, el &oacute;palo que regula mi vida, el reservorio de la belleza y la raz&oacute;n de mi ser. Como agua cristalina, el fr&iacute;o bloque de hielo, el reflejo mercuriano ante m&iacute; me expone invertido, divertido, controvertido, en una compleja introversi&oacute;n que apuesta por extrovertirse aunque sea por medio de las promesas contenidas en las palabras, &eacute;sas como estas que ahora lees con paciencia y quiz&aacute;s alg&uacute;n afecto, como cruzando un puente de cristal tan firme y&nbsp; vulnerable como el&nbsp; sue&ntilde;o que he tenido.<br /><br /><br /><br /><em><strong>La Emperatriz de los Et&eacute;reos</strong></em> es una novela cuyo p&uacute;blico objetivo lo conforman los infantes y los adolescentes; pero no exclusivamente. Se trata de una historia fant&aacute;stica, que se antoja de ecolog&iacute;a un poco futurista. Es una historia que linda con las fronteras de los mitos de iniciaci&oacute;n. Sencilla, visual, su motivo central es el cambio, la &uacute;nica constante en la vida; la transformaci&oacute;n de la corporeidad a la espiritualidad, el abandono del prejuicio para abrazar el juicio de la madurez.<br /><br /><br /><br />No es necesario ser ni&ntilde;o o adolescente, f&iacute;sicamente, para identificarse con los personajes de la novela y la historia que narra. Personalmente, al principio me identifiqu&eacute; con <strong>Aer</strong>, el amigo de <strong>Bipa</strong>, por lo curioso, su alegre inter&eacute;s en la novedad, su idealismo y su car&aacute;cter disperso pero firme. Confieso que a <strong>Bipa </strong>la repel&iacute; por su exagerado pragmatismo que a veces raya en la groser&iacute;a. Me cay&oacute; mal. Pronto descubr&iacute; que es m&aacute;s cercana a m&iacute; de lo que imaginaba.<br /><br /><br /><br />Aqu&iacute; no tiene qu&eacute; ver el lado femenino o masculino del lector, sino los valores y c&oacute;mo se van lustrando en el transcurso de la narraci&oacute;n muy bien escrita por la autora espa&ntilde;ola <strong>Laura Gallego Garc&iacute;a</strong>.<br /><br /><br /><br />Parecer&aacute; que ahora, en el p&aacute;rrafo que comienza, cambio de tema. De ning&uacute;n modo, mi <a href="javascript:void(0);/*1245099226277*/"><strong>Elogio de la Lectura</strong></a> consiste en la concatenaci&oacute;n de sensaciones y experiencias enraizadas en las im&aacute;genes que suscitan las palabras, o las palabras que detonan las im&aacute;genes. En el cuento &quot;Carta a una se&ntilde;orita de Par&iacute;s&quot; de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> inclu&iacute;do en el primer volumen de los <em><strong>Cuentos Completos</strong></em> editado por <strong>Alfaguara </strong>y que originalmente form&oacute; parte del libro <strong>Bestiario</strong>, el protagonista y narrador detalla su peculiar estado. Es un individuo que vomita gazapos, conejitos vaya. Aqu&iacute; us&eacute; la palabra gazapo con todo prop&oacute;sito, tanto como sin&oacute;nimo de cr&iacute;a de conejo, como en su sentido de &quot;error o equivocaci&oacute;n que por inadvertencia se deja escapar al escribir o al hablar&quot;.<br /><br /><br /><br />El personaje del cuento se dedica a escribir, as&iacute; que <strong>Cort&aacute;zar </strong>tampoco utiliza gratuitamente la palabra &quot;gazapo&quot; sino como met&aacute;fora. Quienes escribimos o pretendemos hacerlo, como dicho personaje vivimos entre gazapos, a veces muy encari&ntilde;ados con ellos a pesar de lo molestos e inc&oacute;modos que pueden ser. Como el personaje, ahora yo veo mi entorno y, agobiado por la ausencia de mi madre, tambi&eacute;n concluyo &quot;qu&eacute; dif&iacute;cil oponerse, a&uacute;n acept&aacute;ndolo con entera sumisi&oacute;n del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cu&aacute;n culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla all&iacute; simplemente porque uno ha tra&iacute;do sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habr&aacute;n de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en la modulaci&oacute;n de <a href="javascript:void(0);/*1245099967634*/"><strong>Ozenfant</strong></a>, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante m&aacute;s callado de una sinfon&iacute;a de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ce&ntilde;ir apenas el cono de luz de una l&aacute;mpara, destapar la caja de m&uacute;sica, sin que un sentimiento de ultraje y desaf&iacute;o me pase por los ojos como un bando de gorriones&quot;.<br /><br /><br /><br /><a href="javascript:void(0);/*1245103813544*/"><img hspace="4" height="422" width="271" vspace="4" align="left" alt="Portada básica de La Emperatriz de los Etéreos" src="/upload/Image/DelaVega/emperatriz_etereos02 15-06-2009 02-07-45 p.m. 271x422.jpg" /><strong>Susan Boyle</strong></a>, como yo y de mi misma edad y tambi&eacute;n soltera, de alg&uacute;n modo adolescente, tambi&eacute;n recientemente hu&eacute;rfana; <strong>Bipa</strong>, como ambos, enamorada de la esencia del hu&eacute;rfano <strong>Aer</strong>, del que en un momento se ve privada, se lanza a la aventura del duelo y todos, igualmente, nos lanzamos a la b&uacute;squeda de nosotros mismos, sin rumbo definido, a trav&eacute;s de un puente de cristal acompa&ntilde;ados apenas por un fardo de recuerdos que, no obstante su peso y apariencia de golem monstruoso, fielmente nos sigue por el s&oacute;lo hecho de ser el resultado de la memoria, el conjunto m&aacute;s cuidado de gazapos, la reminiscencia de lo que acostumbramos ser como suma de aciertos y errores, la esperanza de resultar en el orgullo de nuestra madre por obra y gracia de nuestros talentos, tal y como promete el f&iacute;sico relativista <strong>Daniel Hawking</strong> a su mam&aacute; dentro de la serie televisiva <a href="javascript:void(0);/*1245103367229*/"><strong>Lost</strong></a>.&nbsp; &quot;Las costumbres&quot;, escribe Cort&aacute;zar, &quot;son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir&quot;. Pero estas tambi&eacute;n con el tiempo se diluyen convertidas en rutina. La rutina es &uacute;til mientras sirve a la construcci&oacute;n de lo que se tiene: la vida. &quot;Vivir la vida&quot;, pone Laura Gallego en voz de Bipa, &quot;eso no tiene precio. Quien no haya pasado nunca fr&iacute;o no apreciar&aacute; el valor de una huoguera. Quien nunca haya llorado no disfrutar&aacute; de los momentos de risas. Quien no haya pasado hambre no valorar&aacute; un plato de estofado caliente. Quien no conozca la muerte no sentir&aacute; amor por la vida&quot;. Esto es lo que mi Coneja me ense&ntilde;o.<br /><br /><br /><br />Una postdata para ser congruente con estos <strong>Apuntes alrededor del vac&iacute;o</strong>, secuela como bien sabes de mis <strong>Apuntes alrededor del Deseo</strong>: <em><strong>La Emperatriz de los Et&eacute;reos</strong></em> por su impresi&oacute;n es como dos libros en uno, como puede constatarse en las im&aacute;genes aqu&iacute; incluidas. El forro con solapas, impreso en t&eacute;cnicas offset y serigr&aacute;ficas, equivale a uno con cuerpo pero vac&iacute;o de sustancia; es preferible quitarlo para no da&ntilde;ar el arte, as&iacute; se descubre una portada de dise&ntilde;os menos corp&oacute;reos. Es el segundo libro, nada hueco.]]></description>
<date>6/15/2009</date>
<time>5:14:00 PM</time>
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<title><![CDATA[TÁCTICAS DE MUERTE, ESTRATEGIAS DE VIDA]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="4" height="283" width="270" vspace="4" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/Mario_Benedetti.jpg" alt="Mario Benedetti (1921-2009)" />&iexcl;Santo Dios! &iquest;Cu&aacute;ntas p&eacute;rdidas m&aacute;s deber&eacute; soportar una detr&aacute;s de otra? No bien he recibido el libro de <strong>Laura Gallego Garc&iacute;a</strong>, <em><strong>La Emperatriz de los Et&eacute;reos</strong></em>, recibo igualmente la noticia terrible para mi alma acerca del fallecimiento de otro de mis puntales: <strong>Mario Benedetti</strong>.<br /><br />Ya me odio por tu culpa, oh, Dios; me he convertido sin querer en una triste pla&ntilde;idera. Ten&iacute;a rato de haberme vuelto chill&oacute;n, es cierto, pero ahora con cada viento, con cada mirada, mi &aacute;nimo se embravece y azota a mi alma con una tormenta de llanto.<br /><br />Ayer apenas me arrebataste a mi m&aacute;s puro y m&aacute;s grande amor, mi madre. Quiz&aacute; con el af&aacute;n de allanarme el dolor y curtir mis nervios, previamente tomaste las vidas de otros seres queridos: el se&ntilde;or Sauto, Milka, T&iacute;a Pipi, Armando. &iquest;C&oacute;mo al santo Job decidiste ponerme a prueba? Sin trabajo, endeudado, ahora me ves deprimido, al borde de la locura en medio de una soledad que me ahoga como jam&aacute;s pude imaginar, y mira que te lo dice un solitario. Sin embargo, aqu&iacute; me tienes, estoico, incluso c&iacute;nico, dando mi mejor rostro con forma de palabras, aliment&aacute;ndome de verbos y adjetivos, personajes y urdimbres, enfrentando las <strong>t&aacute;cticas </strong>de la muerte, entendi&eacute;ndolas como dosis de <strong>estrategias </strong>de vida.<br /><br />D&iacute;a con d&iacute;a me esfuerzo sobremanera, agradecido s&iacute;, pero apesadumbrado. Me levanto t&aacute;cticamente, vislumbrando estrat&eacute;gicamente el nuevo derrotero que me espera delante. Hoy, no obstante, he tropezado una vez m&aacute;s con la misma piedra de la melancol&iacute;a. Hoy me das la noticia de que <strong>Benedetti</strong>, al fin, se rindi&oacute;.<br /><br />Como &eacute;l luego de quedar viudo, yo hice lo propio para sobrevivir pregunt&aacute;ndome igualmente &quot;para qui&eacute;n&quot;. Con &eacute;l y mediante su literatura comprend&iacute; que la meta de la vida no incluye un &quot;para qu&eacute;&quot;, sino un<strong> &quot;para qui&eacute;n&quot;</strong>. Esto no significa que la causa absoluta no exista o sea despreciable. Claro est&aacute;, el &quot;que&quot; orienta, materializa, modifica, hace eficiente, instrumenta la raz&oacute;n de ser. Pero la causa relativa es m&aacute;s poderosa pues el &quot;quien&quot; personaliza, dignifica, dirige, comunica, agenda, arraiga, promete, afirma y confirma la humanidad del agente, la santidad del destinatario de cada acto.<br /><br />&quot;<strong>Para qu&eacute;&quot; vivir</strong> posibilita, pone en potencia cualquier <strong>intenci&oacute;n</strong>.<strong> &quot;Para qui&eacute;n&quot; vivir</strong> desata el ejercicio de la entrega con toda su <strong>intensi&oacute;n</strong>. Qu&iacute;tale al hombre el &quot;quien&quot; reflexivo y rec&iacute;proco y qu&eacute; queda, s&oacute;lo zurr&oacute;n. Palpitante, s&iacute;. Hablante, s&iacute;. Caminante, sin duda. Cuerpo en movimiento, mecanismo cartesiano. Pensante, definitivamente. Pero no m&aacute;s. D&eacute;jaselo y entonces tienes un ser dialogante.<br /><br />Ahora, Mario tambi&eacute;n se adelant&oacute; y aunque deja en herencia una vasta obra de l&iacute;neas y l&iacute;neas de estilo, mucha publicada por <strong>Alfaguara</strong>, viene a ser, en mi zurr&oacute;n, un hueco m&aacute;s por el que se cuela mi alma.<br /><br />Los vanos seres humanos nos rasgamos las vestiduras cuando nuestros cong&eacute;neres vejan las leyes trazadas para el correcto accionar social. La ley de la vida es inmisericorde y ella sola basta para hacer girones nuestro ser sin que nadie proteste suficientemente.<br /><br />&iexcl;Protesto! Si de algo vale ahora, protesto por el dolor, protesto por semejantes ausencias y la soledad en que devienen.<br /><br />Hoy, nuevamente, veo a mi alrededor y miro una casa llena y sin embargo vac&iacute;a. Veo dentro de m&iacute; y observo un ego desvirtuado, recogido, enjuto mejor dicho, que apenas cabe en un pu&ntilde;o sangrante. Queda todo y empero queda nada.<br /><br />Eso es parte de <em><strong>Vivir Adrede</strong></em>. Bien apunta Mario:<br /><br /><em><br /><br />El pasado es una colecci&oacute;n de silencios, pero hay part&iacute;culas calladas, irrecuperables provincias de mutismo, albas y crep&uacute;sculos que quedaron ocultos, m&aacute;s all&aacute; de ese horizonte tan poco hospitalario; tallos que nunca m&aacute;s se expandir&aacute;n en rosas, oscuras golondrinas que se aclarar&aacute;n en uno que otro vuelo.<br /><br />Lo perdido tuvo color pero ahora es incoloro. Los latidos del gastado coraz&oacute;n invaden nuestra noche, pero el insomnio actual tiene otra partitura. Lo perdido es tambi&eacute;n un par o dos de labios que probaron el sabor de los m&iacute;os, y que ahora tan s&oacute;lo puedo besar en mi memoria.<br /><br />Lo perdido es la luna redonda que yo hac&iacute;a ovalada en mi retina y el firmamento con estrellas que ahora es apenas un cielo raso azul.<br /><br />Todo se va borrando, todo pasa a ser sombra y vac&iacute;o. Y el obligado acabose no nos ayuda a hallarlo.</em><br /><br /><br /><br />Hoy Mario se suma a mis p&eacute;rdidas y parad&oacute;jicamente, en sus cuentas, la vida va sumando utilidad con car&aacute;cter de aforismos, extractos de vida y de obra:<br /><br /><ul><br />    <li>&quot;Me aferro al tiempo como si pudiera sujetarlo. Pero &eacute;l transcurre, inexorable y sordo&quot;.</li><br />    <li>&quot;La realidad es un manojo de poemas sobre los cuales nadie reclama derechos de autor. Debajo de cada piedra, de cada baldosa, se esconde un poema&quot;.</li><br />    <li>&quot;Cuando llegue el momento de ser nadie, el mundo seguir&aacute; y no lo veremos. Si antes viv&iacute;amos cegados por el sol, ahora estaremos cegados por la sombra... Cuando llegue el momento de ser nadie, es mejor disiparse con la conciencia sepulcral tranquila&quot;.</li><br />    <li>&quot;Hay quienes confunden la palabra <em>siempre </em>con la eternidad. Antes que nada conviene aclarar que la eternidad es un cuento chino. En cambio, <em>siempre </em>s&iacute; existe: es una permanencia o m&aacute;s bien una rebanada de tiempo... Ahora bien, <em>siempre </em>es ant&oacute;nimo de <em>nunca</em>, y &eacute;sta s&iacute; es una palabra definitiva: cuando cierra el portal no pasa nadie... Lo m&aacute;s prudente es habilitar dos bolsillos del chaleco: uno para guardar a <em>siempre </em>y otro para esconder a <em>nunca</em>.<br /><br />    </li><br /></ul><br />El problema es que <em>jam&aacute;s</em>, que tambi&eacute;n juega en este partido, <em>siempre </em>quiere hacer de &aacute;rbitro y <em>nunca </em>expulsa a la trampa ni a la injusticia. Qued&aacute;ndose fuera del tiempo, <em>jam&aacute;s </em>apela al olvido, marca el paso del devenir y a la larga se sale con la suya.<br /><br />As&iacute;, entre ganancias y p&eacute;rdidas, poemas y cuentos, ensayos y ocurrencias, &quot;[U]no lee y relee. Cuando lee mucho, suele olvidarse de los t&iacute;tulos pero no de los personajes. &Eacute;stos perduran m&aacute;s que la trama novelesca o el ritmo de los poemas. En ocasiones, el nombre del personaje no siempre queda en la memoria, pero en cambio su soplo vital s&iacute; penetra en el alma del lector&quot;. Hoy <strong>Mario Benedetti</strong>, el personaje, se suma al &iacute;ndice onom&aacute;stico. Ma&ntilde;ana, como ayer y siempre y nunca jam&aacute;s, su h&aacute;lito alentar&aacute; otros ojos. Hoy descansa en paz. Ma&ntilde;ana insuflar&aacute; nuevas rebeld&iacute;as, amor&iacute;os y exilios]]></description>
<date>5/19/2009</date>
<time>2:02:00 AM</time>
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<title><![CDATA[RECOGIENDO RASTROS]]></title>
<description><![CDATA[Ten&iacute;a rato de no darme la vuelta por aqu&iacute;. Perd&oacute;nenme. Estoy que ya subo que ya bajo en el &aacute;nimo. Ya saben por qu&eacute; y no insistir&eacute; en el tema. A causa de esto hoy en particular no tengo muchas palabras, aunque tenga mucho por decir. Baste con apuntar que al fin termin&eacute; de leer <em><strong>Fricci&oacute;n</strong></em>, novela escrita por Eloy Urroz.<br /><br />&iquest;He dicho &quot;al fin&quot;? S&iacute;, pero no quiero que se me tome por un denostador de obras. El libro, como lo dije en un art&iacute;culo hace ya numerosas entregas atr&aacute;s tiene sus bondades, pero ahora quiero mencionar s&oacute;lo dos puntos, uno que me desagrad&oacute; y otro que me desesper&oacute;.<br /><br /><u><strong>UN BANQUETE CORROMPIDO</strong></u><br /><br />El punto que me desesper&oacute; tiene que ver con la larga cuenta de p&aacute;ginas dedicadas a una especie o remedo de &quot;Banquete&quot; plat&oacute;nico en donde el autor re&uacute;ne a varios nombres famosos para discutir, no precisamente de modo may&eacute;utico, acerca del fondo y trasfondo de la fricci&oacute;n, que no ficci&oacute;n, que venimos protagonizando en tanto lectores junto con ellos, mezclada con la filosof&iacute;a de Her&aacute;clito y otras linduras.<br /><br />La extensi&oacute;n de la escena, plantearla m&aacute;s que cual tertulia acad&eacute;mica mejor como una org&iacute;a de citas relativamente inconexas alrededor de temas existenciales y metaf&iacute;sicos, si bien por un lado conlleva el acercamiento del lector a determinadas ideas de la historia de la filosof&iacute;a, a modo de mini conferencia y provocando hasta cierto punto reflexi&oacute;n, por otra parte, en cambio, cobra tal densidad y sustancia que el resto de la &quot;fricci&oacute;n&quot; pierde inter&eacute;s y memoria en uno. De pronto uno llega a pensar, &quot;&iquest;he repasado tantas p&aacute;ginas para llegar aqu&iacute;!&quot;; o, &quot;&iquest;vaya, un episodio que atrae suficientemente mi atenci&oacute;n!&quot;; o, simplemente, &quot;&iexcl;uff, hacia d&oacute;nde con tanta y tan sesuda cita!&quot;<br /><br />Respecto a mis gustos e intereses podr&iacute;a pasar muy bien este tramo del libro, y de hecho lo asimil&eacute; bastante entretenido; pero, el colmo, fue el segundo punto. Ese dio al traste, desde mi punto de vista, con lo que llevaba ganado.<br /><br /><u><strong>NO SOY ASQUEROSO</strong></u><br /><br />Esta &quot;historia&quot;, que no acaba de serlo y s&iacute;, como el propio autor define, alcanza la categor&iacute;a (no sabr&iacute;a decir cu&aacute;n reprobable) de &quot;juguete&quot; literario, es un juguete obsesivo o, preferentemente, una loter&iacute;a de obsesiones donde la carta ganadora y principal es la <strong>caca</strong>.<br /><br />&iexcl;No! No vayan a creer que estoy calificando al libro. El libro no es una caca, pero nunca me hab&iacute;a topado con uno que desbordara tanta. &iexcl;Y no, no se crea que me refiero a la redacci&oacute;n o la capacidad del escritor o a las palabras o al estilo! Literaria y literalmente desborda caca. A querer o no, acaba uno ba&ntilde;ado en mierda, comiendo mierda, oliendo heces.<br /><br />Como lo lees, amigo lector. Teniendo tantos temas derivados, enredados, propuestos por el mismo autor dentro de la &quot;novela&quot; para hacer de la obra un sendero gozoso, con su carga de sexo bastante expl&iacute;cito, ligero suspenso, una m&iacute;nima d&oacute;sis de acci&oacute;n, lo que termina convirti&eacute;ndose en el centro neur&aacute;lgico del libro es la depravaci&oacute;n y la burla alrededor. Personajes copr&oacute;fagos, adoradores de las deposiciones, aparecen s&oacute;lo en dos momentos, pero la fuerza con que son descritos, el peso espec&iacute;fico que cobran en el &aacute;nimo de uno como lector los coloca en un sitio preponderante al grado de eclipsar a los protagonistas. Quiz&aacute; habr&iacute;a preferido que todo el libro tratara el tema y anclar en &eacute;l a los personajes y no, como sucede, exponerlo como ambiente y <em>leit motif </em>de una subtrama que termina por superponerse a la l&iacute;nea central.<br /><br />Es sabido que lo oscuro, lo prohibido, lo deleznable, lo m&oacute;rbido es un im&aacute;n con la fuerza suficiente para jalar a cualquiera. En este libro queda claro que el autor no quiso abusar, pero justo por ese prurito, al ofrecer simples muestras jalonea el conjunto hacia una esquina riesgosa donde, en mi muy particular modo de leer, perdi&oacute; el equilibrio.<br /><br />&iexcl;Qu&eacute; bueno que mi madre finalmente no hizo estofado de libros! No soy asqueroso, pero el platillo que habr&iacute;a resultado de esta novela, quiz&aacute; un salpic&oacute;n,&nbsp; seguro habr&iacute;a funcionado en m&iacute; como p&oacute;cima trasformadora y hoy estar&iacute;a convertido, como Gregorio Samsa, en <strong>escarabajo</strong>; pero uno pelotero.<br /><br />Pens&aacute;ndolo bien, quiz&aacute; ya sucedi&oacute; la metamorfosis y, con ese car&aacute;cter hoy recojo ansioso, rutinario, feliz, los restos que va dejando <strong>Salom&oacute;n</strong> o Solim&aacute;n, el <strong>elefante </strong>que viaja por Europa en el libro de <strong>Jos&eacute; Saramago</strong>. Mismo que, m&aacute;s pronto todav&iacute;a que el anterior, estoy apurando como pocos, por su ligereza y facilidad que no obstante encierran la hondura del pensamiento agudo y humanista del autor.<br /><br />&iquest;C&oacute;mo voy con mis otras lecturas? En la pr&oacute;xima les contar&eacute;. Por lo pronto, y a prop&oacute;sito de salpicaduras de desechos corporales, cuiden y amen y procuren mucho a sus <strong>madres </strong>que el dicho que reza &quot;s&oacute;lo hay una&quot; es m&aacute;s que palabras, si lo s&eacute;, es pura verdad. Y para las que son madres, como Ang&eacute;lica, estimada amiga y colega bloguera en este espacio, mis mejores deseos de dicha y felicidad junto a su prole, con quien hacen siempre la mancuerna perfecta.]]></description>
<date>5/9/2009</date>
<time>3:19:00 AM</time>
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<title><![CDATA[¿ADÓNDE VAN A MORIR LOS ELEFANTES?]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="4" height="240" width="161" vspace="4" border="2" align="right" alt="" src="/upload/Image/DelaVega/Portada_LibroElefante 30-03-2009 04-41-13 p.m. 162x244.jpg" />&iquest;Ya lleg&oacute;? S&iacute; y no; m&aacute;s bien apenas comienza <em><strong>El viaje del elefante</strong></em> sobre cuya grupa va mi madre con su memoria puntual, abarcadora. Aqu&iacute; viene, paquidermo vestido de luto santo; y all&iacute; va, sin rumbro claro, envuelta en la amarilla luz solar, la misma que ba&ntilde;a mi piel desde cada amanecer.<br /><br />Como si la editorial <strong>Alfaguara </strong>y su agencia publicitaria <strong>Pauta Creativa</strong> y <strong>Jos&eacute; Saramago</strong> y el destino y el azar se hubieran coludido para enfatizar mi dolor y mi dicha, a solicitud m&iacute;a ahora tengo entre mis manos este libro intitulado <em><strong>El viaje del elefante</strong></em>, el primero de una nueva tanda de tres. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el elefante en la portada es <strong>morado</strong>. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el morado era el color favorito de mi madre. &iquest;Por qu&eacute;? Porque la tra&iacute;a reminiscencias de su infantil pasado, cuando mi abuela cos&iacute;a los faldones de luto para estos d&iacute;as de semana santa por venir, esos faldones con que se cubre a los santos en se&ntilde;al cat&oacute;lica de <strong>luto</strong>.<br /><br />A mi madre le fascinaban, y a m&iacute; igual, los elefantes. Provocaban en ella ternura, tristeza, alegr&iacute;a, respeto, admiraci&oacute;n. Su <strong>colecci&oacute;n de elefantes</strong> conformada por bisuter&iacute;a y adornos lleg&oacute; a ser numerosa, pero el tiempo y las necesidades econ&oacute;micas y las desilusiones amorosas la fueron obligando a trasladar de manos sus elefantes. Hoy quedan algunos cuantos, los m&aacute;s valiosos en su significado, los que con la colecci&oacute;n de conejos de mi Coneja, conforma parte importante del <strong>tesoro </strong>que, junto con algo de su memoria de elefante y sus genes, me dejara en herencia.<br /><br />Comenzar&eacute; a degustar esta novela que, conforme dicta la solapa posterior, se le ocurre a <strong>Saramago </strong>a partir del hecho de que a mediados del siglo XVI el rey Juan III ofreci&oacute; a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asi&aacute;tico. As&iacute;, el meollo de la novela es el viaje &eacute;pico que tuvo que recorrer por Europa <strong>Sal&oacute;m&oacute;n</strong>, como se nombr&oacute; al paquidermo, a causa de caprichos reales y absurdas estrategias.<br /><br />Est&aacute; indicado que no se trata de un libro hist&oacute;rico, sino que combina hechos ver&iacute;dicos con an&eacute;cdotas inventadas, pero lo m&aacute;s importante es que aborda sutilmente y como es costumbre en la obra de este autor una <strong>reflexi&oacute;n sobre la humanidad</strong> en la que el humor y la iron&iacute;a se unen a la compasi&oacute;n con que <strong>Saramago </strong>observa las flaquezas humanas.<br /><br />Leeremos este texto llegado justo en la fecha cuando se cumplen dos meses de tu ausencia, madre; y lo haremos con fruici&oacute;n, t&uacute; por encima de mi hombro, vigilante. Este volumen ya se libr&oacute; de tus ojos de cocinera sin par y no sufrir&aacute; los improperios que pod&iacute;an haberlo llevado a la sart&eacute;n. No obstante, ahora yo mismo con mis manitas habr&eacute; de sobarlo y sancocharlo, como hac&iacute;amos juntos en aquellas tardes cuando revis&aacute;bamos nuestro bot&iacute;n de manjares literarios adquiridos en la <strong>Feria del Libro de Miner&iacute;a</strong>, &iquest;te acuerdas? &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os, cu&aacute;ntas veces, cu&aacute;ntos libros y discos?<br /><br />Hoy te pregunto como cuando era ni&ntilde;o, a ver si ahora s&iacute; puedes responderme, madre, &iquest;ad&oacute;nde van los elefantes cuando mueren? &iquest;Acaso la <strong>memoria </strong>tiene un cementerio como <strong>destino</strong>? Un epitafio a&uacute;n no escrito tal vez pueda resumir una <strong>vida</strong>, pero &iquest;d&oacute;nde reposa la memoria? Unos dicen que en el cerebro, otros que en el coraz&oacute;n. Habr&aacute; que preguntarles a los elefantes como Sal&oacute;m&oacute;n, quiz&aacute; ellos conozcan otros <em><strong>Cantares </strong></em>donde el amar se anegue dichoso en el ombligo del alma; de nuestra alma, madre.<br /><br />Y para que no haya duda en aquellos lectores primerizos, aunque enseguida anote un punto y aparte, estos nuevos <em><strong>Apuntes alrededor del vac&iacute;o</strong></em> continuar&aacute;n, tal como es mi costumbre]]></description>
<date>3/30/2009</date>
<time>5:01:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=185</link>
<id>185</id></item>
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<title><![CDATA[¡ALERTA, PRIMEROS LECTORES! (2 y ¿último?)]]></title>
<description><![CDATA[(SIGUE)<br /><br /><img hspace="5" height="235" width="240" vspace="5" border="2" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/pescando_ideas.jpg" alt="" />Si no hay autor a quien preguntar; si el conocimiento del lector en torno a la obra y su autor es insuficiente o de plano nula, entonces <strong>s&oacute;lo queda la obra</strong> misma en el contexto sustancial que la soporta (el libro, el cuadro, la escultura). Desde el texto en su contexto formal, las expectativas del lector se ven supeditadas a un grado m&aacute;s profundo y complejo de comprensi&oacute;n. La obra no apela a la intenci&oacute;n autoral, es decir al prop&oacute;sito voluntarioso del creador; ni recurre, para sobrevivir y proyectarse en el tiempo, al escrutinio del espectador. La obra es, en s&iacute; y por s&iacute; misma, a pesar de la existencia de un lector y un autor (el editor es un ente que re&uacute;ne facultades de uno y otro a la vez). Sus formas y significados indican su tendencia, su objetivo, su din&aacute;mica &iacute;ntima. <strong>En la obra poco importan la raz&oacute;n por la que aparece una palabra junto a otra o el efecto provocado en el alma sensible del atento</strong>.<br /><br />&iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s debo escribir al respecto? &iquest;Cu&aacute;ntas l&iacute;neas m&aacute;s puedes tolerar, lector? &iquest;Sigues aqu&iacute; o ya yo, en calidad de autor te perd&iacute;? Responder&eacute; graciosamente como en el cuento del tonto (omito regionalidad para no ofender a nadie en particular). Si lees &quot;esto&quot;, entonces no te has ido; pero si esto ya cae en el silencio y es un mon&oacute;logo, pues ya no est&aacute;s. &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices? Si respondes esta pregunta, sigues; si no, pues ya no. &iquest;Me sigues el hilo? &iquest;Ya te aburriste? &iquest;Y por qu&eacute; sigues leyendo? Si cambias de blog o de art&iacute;culo o de computadora; o si te duermes o est&aacute;s al tel&eacute;fono mientras las letras titilan pasmadas en tu monitor, como autor no me doy ni me dar&eacute; ni pude darme cuenta, <strong>s&oacute;lo t&uacute; cual int&eacute;rprete sabes qu&eacute; sucede en ese lado tuyo de la cancha</strong>. Y este texto &iquest;zozudo o sesudo?, por s&iacute; mismo ni espera ni desespera, simplemente est&aacute; y de ahora en adelante estar&aacute;, aunque t&uacute; ni yo queramos atenderlo en un rato o ma&ntilde;ana. Mientras no lleguemos quien suscribe o el editor o un tercero virulento en discordia a dar al traste con la memoria digital que lo sostiene, aqu&iacute; estar&aacute; dispuesto a quedar expuesto.<br /><br />Si aqu&iacute; corto la reflexi&oacute;n para continuarla en otra entrega, tal como hice ya al dejar entre el art&iacute;culo anterior y este un gozne para el respiro, &iquest;perder&iacute;as la secuencia? Ayuda haber numerado las entregas, pero &iquest;qu&eacute; hubiera pasado si cambio uno de los t&iacute;tulos? &iquest;Creer&iacute;as que son p&aacute;rrafos aislados? Probablemente y m&aacute;s si no nos hemos saludado con asiduidad. Aun <strong>si en la pr&oacute;xima entrega incluyere una glosa</strong> a modo de liga, &iquest;un lector primerizo comprender&iacute;a el contenido, se remitir&iacute;a a los antecedentes o ser&iacute;a visitante de paso? &iquest;El texto futuro ser&iacute;a suficientemente capaz de explicarse por s&iacute; mismo, a&uacute;n perteneciendo a una aparente serie?<br /><br />Surge de nuevo la duda. &iquest;M&aacute;s all&aacute; de para qu&eacute; se escribe, para quien escribo? Si la esposa de un amigo no capt&oacute; en primera instancia el significado contextual de lo escrito por m&iacute;, sino hasta que me tuvo en calidad de autor a la mano, &iquest;qu&eacute; puedo esperar de quienes no me conocen? &iquest;Qu&eacute; pueden esperar ellos de m&iacute; al primer contacto? Algo similar se habr&aacute;n preguntado los autores que publican bajo la firma editorial de <strong>Alfaguara</strong>, y tambi&eacute;n los de otras.<br /><br />&iquest;D&oacute;nde radica el &eacute;xito de una obra? &iquest;En el autor; en el gusto del lector; en la obra misma? El cr&iacute;tico dir&aacute; que en el primero; el mercad&oacute;logo, que en el segundo; pero la historia dir&aacute; que en la tercera por ser la m&aacute;s capaz de permanecer y maravillar.<br /><br />El lector trasciende m&aacute;s all&aacute; de la conversaci&oacute;n, la recomendaci&oacute;n y el mercado. El autor puede trascender por intermedio de su obra, aunque no siempre lo consigue, siempre y cuando haya un lector o grupo de lectores en una o m&aacute;s generaciones que guarden memoria de su paso y su quehacer por esta vida y este mundo. La obra, a su vez, trasciende tanto por la referencialidad que deja en el gusto del primero, como por las se&ntilde;as de su existencia sola; trasciende total o parcialmente de una era a otra, sin que por ello importe m&aacute;s a los hombres de una &eacute;poca que a los de otra.<br /><br />Mi muy personal intenci&oacute;n con mis previos <u><strong>Apuntes alrededor del Deseo</strong></u> y ahora estos <u><strong>Apuntes alrededor del Vac&iacute;o</strong></u>, y los que vengan, es y ha sido y ser&aacute; <strong>desprender de la lectura la efem&eacute;ride ego&iacute;sta</strong>, en un sentido positivo y constructivo; <strong>hallar en la obra le&iacute;da la coincidencia con la an&eacute;cdota cotidiana</strong> y, desde tal ejercicio de comprensi&oacute;n, explicarme, por lo menos y por lo pronto, mi vida; ya que soy nadie para explicar la de ninguno otro si no es s&oacute;lo de reojo.<br /><br />Esa intencionalidad no trata de hacer historia, sino de experimentarla humilde y honestamente con lo que se tiene: pluma y papel, sentidos y sentimientos, cuerpo y esp&iacute;ritu, gente amada y hu&eacute;spedes ignotos. No encierra una bit&aacute;cora &iacute;ntima y simple.<br /><br />La esposa de mi amigo, como parte de la conversaci&oacute;n que dio pie a estos devaneos intelectuales (frase dominguera), expuso su gusto por las obras de <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong> (siempre es bueno hallar gustos en com&uacute;n) en su af&aacute;n de acomodar coincidencias conmigo (algo que siempre agradezco y, a mi vez, procuro hacer). Presumo que ella supon&iacute;a en m&iacute; un conocimiento amplio de la obra de este admirable escritor. Quiz&aacute; la decepcion&eacute; un poco. No obstante su esfuerzo por construir un di&aacute;logo, adem&aacute;s de mostrar su inteligencia y su femenina intuici&oacute;n, hizo evidente su sensibilidad.<br /><br />Que ayer yo haya escrito sobre mi madre o ahora lo haga sobre la esposa de mi amigo, ni me empata con Germ&aacute;n Dehesa cuando se refiere a su &quot;tamal&quot; (su benjam&iacute;n v&aacute;stago), como tampoco revela liviandad de mi parte. <strong>Son pretextos. Pre-textos.</strong><br /><br />Para un novelista, por ejemplo, la vida y las experiencias son suficientes pretextos para escribir y trazar aventuras y dilucidar confines. En mi caso, perd&oacute;n por la egolatr&iacute;a, una novela, un cuento o un ensayo, vaya hasta una receta son <strong>suficientes pre-textos para hundirme en mi vivir y, desde el fango de mi existencia, edificarme palmo a palmo</strong>.]]></description>
<date>3/20/2009</date>
<time>3:17:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=184</link>
<id>184</id></item>
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<title><![CDATA[¡ALERTA, PRIMEROS LECTORES! (1)]]></title>
<description><![CDATA[M&aacute;s all&aacute; de coincidencias, lo que puedes leer en las siguientes l&iacute;neas, amigo lector, as&iacute; como en anteriores entregas, son cruzamientos entre la vida de un servidor y las lecturas que voy haciendo de las cosas y situaciones que la vida me ofrece. En esto justo es en lo que menos podemos distinguirnos t&uacute; y yo.<br /><br />&iquest;Por qu&eacute; dije lo anterior? Es bueno hacer un alto breve en el camino de las colaboraciones, para presentarme ante algunos lectores que pudieren llegar por primera vez a este espacio y los cuales, por primerizos, quiz&aacute; puedan parecerles mis estilos tem&aacute;tico y formal poco o muy peregrinos, m&aacute;xime tanto si han como si no han pasado por mis variados sitios los cuales pueden revisar desde mi <a href="javascript:void(0);/*1237430507824*/"><strong>Blog Central</strong></a>.<br /><br />Tal sensaci&oacute;n experiment&oacute; recientemente la esposa de un amigo que jam&aacute;s hab&iacute;a le&iacute;do nada de lo que he o hube escrito en mi vida y en distintos medios. En cierta reuni&oacute;n me halag&oacute; sacando a la pl&aacute;tica que acababa de leer el texto que antecede a este. Sin &aacute;nimo de entrar en pol&eacute;mica hizo un par de observaciones cr&iacute;ticas, constructivas, tras las cuales me qued&oacute; claro que, en los blogs como en el periodismo impreso, hasta cierto punto la secuencia vale para puro sorbete y confirma que &quot;en gustos, se rompen g&eacute;neros&quot;.<br /><br />Expliqu&eacute; a mi amiga que lo escrito por m&iacute; en esta <strong>Cadena de Lectores</strong> obedece a una relativa secuencia, y que mi estilo elegido no ten&iacute;a ni tiene como pretensi&oacute;n redactar rese&ntilde;as comunes y corrientes, tampoco ensayos aislados e independientes o relatos de ficci&oacute;n, aun cuando puede darse el caso.<br /><br />En entregas anteriores, como bien recordar&aacute;n los asiduos seguidores de quien suscribe (si los hay; ya mi mam&aacute; s&oacute;lo me leer&aacute; desde otra dimensi&oacute;n), ya hab&iacute;a expuesto el punto, enfatizando <strong>mi inter&eacute;s</strong> no tanto en provocar la venta de tal o cual libro (mi especialidad no son las ventas; yo no he podido <em>vender-me</em>, &iexcl;sigo en la &quot;estanter&iacute;a&quot; de mi casa!; y miren que mi madre ya estaba remat&aacute;ndome), sino, en la medida y alcance de mis posibilidades, <strong>propiciar el &aacute;nimo para la lectura</strong>.<br /><br />Me di cuenta tambi&eacute;n que algunos lectores toman el r&aacute;bano por las hojas y adjudican al autor las palabras de determinada cita incluida en tal o cual texto, sin reparar en su calidad de pr&eacute;stamo literario; es decir, no discriminan f&aacute;cilmente o, por no discriminar, terminan discriminando parad&oacute;jicamente y no en el sentido m&aacute;s edificante y cabal para su comprensi&oacute;n.<br /><br />Qued&eacute; sorprendido con la afirmaci&oacute;n, un poco indignada, de la esposa de mi amigo en torno a <strong>ciertas aseveraciones sobre los lectores</strong> anotadas en la entrega que ella ley&oacute; (la anterior a esta, insisto). &iexcl;Pas&oacute; desapercibido, a pesar de lo evidente, que cit&eacute; las palabras del personaje de la novela <em><strong>Entre Fantasmas</strong></em> escrita por el colombiano Fernando Vallejo. &iexcl;Interesante fen&oacute;meno! Me llev&oacute; a la reflexi&oacute;n. &iquest;Acaso mi forma de escribir fue y es tan oscura y enredada como se&ntilde;al&oacute; esta amiga en su experiencia de lectora primeriza de mis letras? &iquest;Puede achacarse una torpeza interpretativa y de comprensi&oacute;n en ella? &iquest;O hay otra explicaci&oacute;n?<br /><br />Aunque ser&iacute;a razonable, me inclino a no responder a la primera pregunta por vanidoso temor. Prefiero dejarla abierta para tus comentarios, cr&iacute;ticas y sugerencias, amable lector a quien me debo, tanto si has llegado a este texto por primera vez, como si, primerizo o no, has le&iacute;do otras entregas de mi autor&iacute;a.<br /><br />Me niego tambi&eacute;n a contestar la segunda pregunta, porque <strong>mi respeto hacia el lector me impide calificar su labor individualmente, sin un previo y concienzudo an&aacute;lisis de la comprensi&oacute;n lectora y sus alcances como proceso mental</strong>. Hay mucho escrito al respecto por psicopedagogos y educadores y, aun cuando he estudiado el tema y he impartido cursos y talleres sobre el pormenor, soy el primero en cuidarme y reconocer lo dif&iacute;cil de decir a uno &quot;t&uacute; no comprendes&quot; sin arriesgarse, con raz&oacute;n o sin ella, a ofender y lastimar la autoestima del otro, con la consiguiente ganancia de enemistad.<br /><br />As&iacute;, para no volver refractarios a mis l&iacute;neas a los pocos o muchos (qui s&aacute;) lectores presentes y futuros interesados, opto por lucubrar desde el tercer cuestionamiento.<br /><br />Hay otras explicaciones; y parto para esta aseveraci&oacute;n de lo que<strong> Umberto Eco</strong> expone en su ensayo <em><strong>Los L&iacute;mites de la Interpretaci&oacute;n</strong></em>. Ah&iacute;, en resumen, dice que hay tres niveles para la interpretaci&oacute;n de una obra cualquiera que sea su &iacute;ndole.<br /><br /><br /><br /><ol><br />    <li><strong>La interpretaci&oacute;n que hace el autor de su obra desde su creaci&oacute;n y en vista de su proceso creativo.</strong></li><br />    <li><strong>La interpretaci&oacute;n que hace el lector desde su &oacute;ptica peculiar aislada del autor y la obra.</strong></li><br />    <li><strong>La interpretaci&oacute;n que provee la obra desde s&iacute; misma, por su estructura y sus funciones sem&aacute;nticas, o sea sus significados impl&iacute;citos, independientemente de la existencia del autor y el lector.</strong></li><br /></ol><br />Para el primer nivel basta con entrevistar al autor y este podr&aacute; explicarnos de manera medianamente inteligible qu&eacute; quiso decir en un p&aacute;rrafo, eligiendo tal o cual palabra o imagen, cu&aacute;l era su prop&oacute;sito al abordar determinado tema. Es m&aacute;s o menos lo que hizo conmigo la esposa de mi amigo en el af&aacute;n de fincar la conversaci&oacute;n. Pero no siempre se tiene al autor a la mano o este es an&oacute;nimo, as&iacute; que luego aqu&iacute; queda un misterio.<br /><br />En el segundo nivel, ese misterio puede ser regularmente resuelto por la intervenci&oacute;n del lector, quien con su opini&oacute;n enterada puede estar en capacidad de explicar el trasfondo y hasta la superficie de una obra, y as&iacute; aventurarse en el ejercicio de la explicaci&oacute;n adivinatoria o incluso en el enjuiciamiento cr&iacute;tico. Pero, ojo, se necesita que sea una<strong> &quot;opini&oacute;n enterada&quot;</strong>. Esto es, el lector requiere no nada m&aacute;s hacerse una idea de lo que lee, sino que esta idea habr&aacute; de estar fundada en un conocimiento suficiente y previo sobre las caracter&iacute;sticas particulares de la obra, el autor y el contexto que los rodea. Un conocimiento &quot;enciclop&eacute;dico&quot;, al menos, sobre el estilo, la biograf&iacute;a y otras minucias relacionadas. Claro, no siempre el lector, primerizo o no, tiene a la mano o en su bagage cultural la informaci&oacute;n b&aacute;sica o el inter&eacute;s por investigar, o esta puede variar en vastedad o exactitud entre un lector y otro, y entonces la opini&oacute;n raya (hecho m&aacute;s que com&uacute;n) en el acto de fe: &quot;creo que esto es bueno porque me gusta&quot;. El gusto jam&aacute;s construye ni ha construido juicios de valor por m&aacute;s apetecible y respetable que sea semejante presunci&oacute;n. El gusto (y me remito a los ensayos y estudios de Gillo Dorfles) es impulso no razonamiento, aun cuando pueda ser razonable; la opini&oacute;n tira hacia el dogma por basarse en el parecer y no en la demostraci&oacute;n, y el juicio envuelve al dictado de la raz&oacute;n.<br /><br />&iexcl;Me vi muy kantiano? Disculpen la involuntaria petulancia, so pena de ser tergiversado.<br /><br />(CONTINUAR&Aacute;)]]></description>
<date>3/18/2009</date>
<time>8:36:00 PM</time>
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<id>183</id></item>
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<title><![CDATA[HACIA AGUAS SERENAS]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="5" height="229" width="207" vspace="5" border="4" align="left" alt="" src="/upload/Image/DelaVega/Mama_dic2008.jpg" />Recibo con benepl&aacute;cito la noticia de que el proyecto de escribir en este espacio continuar&aacute; de manera indefinida. Por lo que a m&iacute; respecta digo &iexcl;viva, viva! Ya he efectuado mi solicitud de t&iacute;tulos en espera de que mi Coneja de Pascua endulce mis d&iacute;as por venir, sobre todo ahora que las mareas parecen hacerse m&aacute;s consistentes y serenas en mi &aacute;nimo.<br /><br />Estos d&iacute;as, no sin dificultad a causa del duelo, he seguido repasando las l&iacute;neas de Julieta Campos, me he introducido en los cuentos de Julio Cort&aacute;zar, y as&iacute; sucesivamente con el af&aacute;n de no entorpecer las promesas hechas a ti, amigo y amable lector. (Me pregunto, un poco llevado por el ocio, porqu&eacute; ninguno de los blogueros pedimos un libro de poes&iacute;a, por ejemplo la Poes&iacute;a completa de Jos&eacute; Saramago; &iquest;por qu&eacute; ya casi nadie lee poes&iacute;a?)<br /><br />Pero, coincidencias de la vida, as&iacute; como la embarazada para donde voltea mira mujeres en estado de gravidez; o como el chamaco que, andando con muletas, doquiera tropieza con compa&ntilde;eros aparentes del mismo dolor, as&iacute; me ha sucedido desde la hondura de las letras. Cada viaje descrito en el <em><strong>Cuaderno de Viajes</strong></em> de <strong>Julieta Campos</strong> desata en ella recuerdos y reflexiones que mueven mis fibras sensibles. Remite a su terru&ntilde;o adoptivo, Tabasco, M&eacute;xico, y no puedo dejar de recordar a la hermana de mi madre, a ella misma y los viajes que hicimos juntos a tantas partes, o los que hizo con mi padre. <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> narra en primera persona, en el cuento &quot;Retorno de la noche&quot; incluido en el libro <em><strong>Historias de Gabriel Medrano</strong></em> que recopila <strong>Alfaguara </strong>en <em><strong>Cuentos Completos 1</strong></em>, la vivencia de morir y experimentar la separaci&oacute;n del cuerpo y no puedo dejar de pensar en las sensaciones que experiment&eacute; en las horas de agon&iacute;a de mi Coneja, mi madre, y que a mi vez estoy narrando en un par de cuentos intitulados &quot;Arenga&quot; y &quot;Mirada&quot;, que ya dar&eacute; a conocer en breve dentro de un libro que preparo bajo el t&iacute;tulo <em><strong>Silencio y Estaci&oacute;n. Cuando el tiempo cuenta</strong></em>.<br /><br />En casa ocurren sucesos sobrenaturales. No me extra&ntilde;a, no es la primera vez; para m&iacute; son naturales. En los libros me cuentan de ellos mientras yo los vivo. Repaso correspondencia que rememora momentos familiares her&oacute;icos y sentimentales, y en los libros se narran similarmente: por Arturo P&eacute;rez-Reverte la muerte her&oacute;ica del capit&aacute;n Luis Daoiz a manos de un oficial de artiller&iacute;a franc&eacute;s en ese <em><strong>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</strong></em> del 12 de mayo de 1808 durante la revuelta en Madrid; <strong>Clara S&aacute;nchez</strong>, a despecho de mi dolor, describe el regreso de la inconsciencia de Julia, a escasos dos d&iacute;as del fallecimiento de mi Preciosa y me retrotrae a su mirada fija, cuasicomatosa. Cierro este libro y lo doy por terminado el 7 de febrero de 2008, dos d&iacute;as antes del cumplea&ntilde;os de mi madre, tres dias luego del m&iacute;o, una semana despu&eacute;s de su deceso. A prop&oacute;sito, al d&iacute;a siguiente, el 8 de febrero, cierro otro volumen: <em><strong>Entre fantasmas</strong></em> escrito por <strong>Fernando Vallejo</strong>, en donde da por muertos a muchos personajes a&uacute;n hoy con vida, como, por ejemplo, la actriz <strong>Martha Roth</strong> o la directora y productora teatral <strong>Tina Galindo</strong>, conformando una lista extensa de &quot;espectros&quot; como el del &quot;zanuco&quot; (a&uacute;n no encuentro qu&eacute; significa el adjetivo) <strong>Jacobo Zabludovsky</strong> a quien el narrador, un personaje sin faz ni forma concreta y aparentemente de profesi&oacute;n psiquiatra, detesta y menciona a la menor provocaci&oacute;n en su mon&oacute;logo de 256 p&aacute;ginas. De esta obra varias partes saltan a mi vista por irreverentes e incluso ver&iacute;dicas, como cuando el personaje despepita de la novela, desde su punto de vista &quot;un g&eacute;nero manido, un chorro seco&quot;. O como cuando concluye que se acabaron &quot;los tiempos de andarle dando coba al lector como si fuera una eminencia y el autor un pendejo. &iquest;No ser&aacute; al rev&eacute;s? [...] el lector es voluble, caprichoso, olvidadizo, y hay que estarle recordando constantemente las cosas. No registra, y lo poco que registra lo olvida al instante. M&aacute;s de tres o cuatro personajes se le enredan y apuesto a que no sabe lat&iacute;n. El lector es simplista, incompetente, morboso; quiere que le cuenten c&oacute;mo entra detalladamente el pene en la vagina. Y traicionero adem&aacute;s, cambia de autor. No me merece el menor respeto&quot;. Y as&iacute; como opina de la novela, lo hace del cine y el teatro, por artificiosos. Si estos no tienen raz&oacute;n de ser, &quot;&iquest;qu&eacute; queda entonces? Hombre, queda la muerte, y en su defecto los recuerdos: el libro de Memorias, que es el g&eacute;nero m&aacute;ximo&quot;. Tal vez por estas ideas vengo escribiendo &uacute;ltimamente como atestiguas, amigo lector, para quien yo s&iacute; guardo respeto simplemente por tu paciencia, disposici&oacute;n y diligencia.<br /><br />En d&iacute;as funestos como los recientes, no obstante creo en la felicidad y creo, como <strong>Fernando Vallejo</strong> en la obra citada que &quot;la felicidad es una pompa de jab&oacute;n que da visos, pero que no bien uno la mira se revienta. Uno tiene que ser feliz sin saberlo. &iexcl;Qu&eacute; iba a saber yo de ni&ntilde;o que era feliz! M&aacute;s a&uacute;n: qu&eacute; iba a saber que lo era de viejo [...] contigo a mi lado, [Coneja], que ya no est&aacute;s... Lo que siempre s&iacute; est&aacute; claro es la desdicha. Ahora que tu muerte, ni&ntilde;a, me ha vuelto a los recuerdos, recuerdo la tarde feliz en que empec&eacute; el libro. Lo empec&eacute; a la aventura, como he vivido, sin saber c&oacute;mo ni hacia d&oacute;nde ni por qu&eacute; carajos. O mejor dicho s&iacute;, sabiendo que deb&iacute;a terminar aqu&iacute; como empez&oacute;, por mi m&aacute;s lejano recuerdo, con un ni&ntilde;o tocado de irrealidad d&aacute;ndose de cabezasos rabiosos contra el piso porque el mundo no hac&iacute;a su voluntad, la m&iacute;a, con esta necedada obstinada que fue la &uacute;nica herencia que me dej&oacute; mi abuel[a] [...] Lo que perdura en cambio, v&iacute;vido, en mi recuerdo, es que el ni&ntilde;o era yo, mi vago yo, fugaz fantasma...&quot;.<br /><br /><img hspace="5" height="282" width="173" vspace="5" border="4" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/Benedetti.jpg" alt="" />&iquest;Y <strong>Mario Benedetti</strong>? <em><strong>Vivir adrede</strong></em> tambi&eacute;n lo termin&eacute; hacia esas fechas. En medio de mi luto vibraron sus palabras como reflejos en el estanque. De entre todas hoy rescato las del texto intitulado &quot;Aleluya&quot; que inyectaron calma y consuelo a mi ser: &quot;El tiempo pasa y yo sigo viviendo, con los dolores y las ausencias de siempre pero sigo viviendo. Con la suerte y la muerte a la vista, con las golondrinas y los buitres, con el alma en pena y la cordura casi loca, con las cenizas del olvido y el pan duro de las promesas. Pero sigo viviendo. [...] Cuando encuentre la verdad a&uacute;n estar&eacute; a tiempo para llevar a mi infancia conmigo y clavarla luego como un afiche en la pared de la cocina [...] El tiempo es un viaje de escalas infinitas donde aprendemos y ense&ntilde;amos algo&quot;. Hoy, solo con mi soledad, a&ntilde;oro y aunque con dudas y temores que calan, sigo viviendo; y ni para qu&eacute; preguntar por qu&eacute;.<br /><br /><em><br /><br />P.D.: Gracias, Eudiza. Y a todos quienes de un modo u otro han mostrado su solidaridad con este absurdo plum&iacute;fero.</em>]]></description>
<date>2/27/2009</date>
<time>5:41:00 PM</time>
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<id>182</id></item>
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<title><![CDATA[APUNTES ALREDEDOR DEL VACÍO]]></title>
<description><![CDATA[Hoy vuelvo a abrir la libreta, a tomar la pluma. Pero con mucho esfuerzo y no s&eacute; para qu&eacute;. Desde el <strong>30 de enero de este 2009</strong> mis motivos, mi raz&oacute;n de ser y de vivir fenecieron con ella.<br /><br />En verdad, no s&eacute; por qu&eacute; escribo eso aqu&iacute; y ahora, precisamente. Quiz&aacute; porque trato de llenar el vac&iacute;o que me ahoga. Tal vez para encontrar la palabra con la suficiente fuerza proyectiva y creativa como para traerla de nuevo a mi lado,&nbsp; a mi Coneja, a mi Preciosa, a mi Madre adorada.<br /><br />Desde ese d&iacute;a, el apetito de letras y nutrientes disminuy&oacute;, y si no ces&oacute; del todo fue porque a ella no le gustar&iacute;a verme dejado, ab&uacute;lico. Debido a su ausencia nada y todo me consuela; pues est&aacute; en todo y nada deja de mostrar sus se&ntilde;as: la casa, su rec&aacute;mara, su cama, su ropa, los utensilios de cocina, el televisor con sus telenovelas, mis sue&ntilde;os, mis libros, estos benditos fetiches que ya no podr&aacute; convertir en estofado a causa de la falta de liquidez monetaria.<br /><br />Este es mi primer coqueteo con las l&iacute;neas luego de ese infausto d&iacute;a y no s&eacute; ni qu&eacute; digo. La cabeza no me responde, voy dando tumbos en la calle lo mismo que en el papel. Leo esto, lo otro y no finalizo, no extraigo un tema diferente de la uni&oacute;n de esas dos hermanas egoistas, <strong>Vida y Muerte</strong>. Me pregunto si ser&iacute;a mejor escribir esto en otro sitio, m&aacute;s personal, menos p&uacute;blico. S&oacute;lo s&eacute; que estoy haci&eacute;ndolo.<br /><br />Si en el pasado llegu&eacute; a escribir que ten&iacute;a un llanto anegado que no lograba fluir, hoy confieso tener a ratos los ojos secos luego de espasm&oacute;dicos torrentes que salen a borbotones de su cauce, sin control, inundando el &aacute;nimo, arrasando la voluntad.<br /><br /><strong><img hspace="4" height="289" width="196" vspace="4" border="2" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/portada_gritoamor.jpg" alt="" />La vida es el gran libro</strong> que alguien escribe para cada uno. Cada uno es tanto un personaje en ella, como el autor de la misma. Pero no cabe duda que hay episodios que nadie quisiera escribir, siquiera leer o por lo menos preferir&iacute;a eludir, a pesar de ser inevitables. Luego de semejantes cap&iacute;tulos, no faltan quienes elaboran y ejecutan cadenas de oraciones o cosas parecidas. En lo personal llegu&eacute; hoy aqu&iacute; con esta cadena de enunciados para eslabonar una cadena de lectores; no porque busque su conmiseraci&oacute;n, sino, simplemente, sin un prop&oacute;sito concreto.<br /><br />Como perro sin due&ntilde;o, ando; sin rumbo fijo, expectante. &iquest;Hallar&eacute; trabajo? &iquest;Topar&eacute; con mi complemento afectivo? &iquest;Podr&eacute; dedicarme a lo que deseo? &iquest;Sobrevivir&eacute; ya no digamos solamente a la lucha diaria, en medio de un mundo en crisis, sino al pesar que me provoca su ausencia?<br /><br />Me preguntan, &quot;&iquest;Qu&eacute; har&aacute;s ma&ntilde;ana?&quot;; respondo, &quot;No s&eacute;&quot;. Entiendo que debo pasar por el proceso de duelo y que este var&iacute;a en duraci&oacute;n, intensidad y modos para cada quien. Pero este, para m&iacute;, no es un duelo com&uacute;n, como otros que he experimentado. Esta vez me fue cortado de tajo, y porque ten&iacute;a que suceder, mi prop&oacute;sito de vida, mi refugio, mi lanzadera, el cord&oacute;n umbilical que daba sustento a mi existencia. Ahora debo renacer, darme a luz solo, lanzarme a lidiar con un mundo al que he aprendido a temer con el alma hasta el punto de casi volverme un eremita.<br /><br />Hace muchos a&ntilde;os, cierta gente bien intencionada (profesores), que me quer&iacute;a bien, me aleccion&oacute; halag&aacute;ndome: &quot;Nunca cambies. S&eacute; siempre como eres&quot;. &iexcl;Qui&eacute;n me iba a decir entonces que lo &uacute;nico constante es el cambio!; que uno nunca es el mismo de ayer o hace un momento aun cuando lo pretenda; y, a&uacute;n m&aacute;s, que la raz&oacute;n del cambio es proveernos un nuevo prop&oacute;sito (parafraseando a <strong>Her&aacute;clito</strong>).<br /><br />Hoy no faltan quienes subrayan: &quot;T&uacute; eres tu nuevo motivo. Has de reconstruir tu vida&quot;. &iquest;Reconstruir? &iexcl;Cu&aacute;l vida! &iexcl;Si no la he tenido, como otros la pudieran imaginar! &iexcl;Si mi vida la dediqu&eacute; a mi madre, por decisi&oacute;n personal, como ella hizo lo propio conmigo en su momento! &iexcl;Si desde el primer minuto de mi existencia hasta el &uacute;ltimo del de la suya nunca nos separamos! &iexcl;Si pasamos juntos las duras y las maduras, incluso lo inconfesable a terceros!<br /><br />Comprendo que <strong>la vida sigue</strong>, que <strong>el mundo rueda</strong>, que el tiempo es inexorable y que es mi &quot;obligaci&oacute;n&quot; honrar la memoria de mi madre defini&eacute;ndome un objetivo nuevo desde m&iacute;, para m&iacute; y por m&iacute;. Pero la verdad es que estoy ciego, dejado al capricho de la cotidianidad, extraviado, sin claridad sobre el camino que puede abrirse al frente. Emocionalmente exahusto. Si tan siquiera fuese como uno de los personajes de <strong>Jos&eacute; Saramago </strong>en su <em><strong>Ensayo sobre la ceguera</strong></em>, y eso que ese libro no me agrad&oacute; m&aacute;s all&aacute; de la primera mitad.<br /><br />Estoy plet&oacute;rico de deseos, muchos m&aacute;s que los apuntados en l&iacute;neas previas. Atestado de miedos arrastrados desde la infancia. Desierto de caricias y de miradas tiernas. En una palabra, <strong>vac&iacute;o</strong>, como seguro se siente el protagonista masculino de la novela japonesa con que se me ocurri&oacute; ilustrar esta entrada tan personal, <em><strong>Un grito de amor desde el centro del mundo</strong></em>, escrita por Kyoichi Katayama, y la cual, aun cuando no he le&iacute;do m&aacute;s que un extracto viene muy a cuento.]]></description>
<date>2/18/2009</date>
<time>3:35:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=181</link>
<id>181</id></item>
<item>
<title><![CDATA[CAJA DE REYES PARA MIS MANOTAS]]></title>
<description><![CDATA[Me da gusto corroborar que a&uacute;n puedo emplear este espacio para compartir con todos los amables amigos lectores las ocurrencias a este su servidor.<br /><br />Quiero comenzar el a&ntilde;o saludando a todos y abrazando ilusiones y esperanzas. Especialmente quiero agradecer a <strong>Alfaguara</strong>, <strong>Cadena de Lectores</strong>, <strong>Santillana </strong>y <strong>Pauta Creativa</strong>, particulamente a <strong>Ar&aacute;nzazu N&uacute;&ntilde;ez</strong> y el resto de personas encargadas de este loable proyecto; quiero agradecer, repito, el presente que lleg&oacute; en fecha reciente como atenta retribuci&oacute;n a estas l&iacute;neas y minutos y palabras dedicadas a trazar Apuntes Alrededor del Deseo y otros menesteres. &iexcl;Ahora tengo dos libros de Julia Campos!; el mismo t&iacute;tulo <em><strong>Cuadernos de Viaje</strong></em> que he comentado en pasadas entregas y sigo leyendo, &iexcl;pero dos libros! Eso ocurre pocas veces en la vida. Los gemelos se sumar&aacute;n a otras parejas que se regodean en mis estantes: <em><strong>La Rebeli&oacute;n de las Ca&ntilde;adas</strong></em>, por <strong>Carlos Tello D&iacute;az</strong>, editorial <strong>Cal y Arena</strong> (perd&oacute;n por mencionar a la competencia); <em><strong>Aura</strong></em>, por <strong>Carlos Fuente</strong>s, y otros m&aacute;s de variopinto linaje que ahora no recuerdo. Unos acomodados en antolog&iacute;as, otros en edici&oacute;n individual; aquellos bajo tal firma y luego bajo tal otra; a&ntilde;ejos u hoga&ntilde;os. No faltan los que tienen achaques de encuadernaci&oacute;n y urgen una visita al m&eacute;dico restaurador. En fin...<br /><br />Aunque no lleg&oacute; en d&iacute;a de Reyes, ni conten&iacute;a rosca o Ni&ntilde;o Dios, el paquete me puso alegre. La bolsa de caf&eacute; <em><strong>Punta del Cielo</strong></em> incluida en el muy bien dise&ntilde;ado y &uacute;til empaque del regalo, una caja (cajota) justa para los recuerdos m&aacute;s atesorados, ya comienza a hacerme agua la boca y eso que a&uacute;n no pongo al fuego la cafetera. Nom&aacute;s porque la econom&iacute;a est&aacute; gacha, pero ya hubiera ido y venido de la tabaquer&iacute;a petrechado con un deliciioso tabaco para retacar mi pipa que hace mucho tiempo no degusto y apoltronarme a combinar todos estos edificantes est&iacute;mulos.<br /><br />Y, &iexcl;para colmo!, lleg&oacute; el paquete descrito cuando estaba leyendo uno de los cuentos de Julio Cort&aacute;zar, aquel en el que a un fulano le crecen las manos luego de golpear a otro en respuesta a la diatriba de que le hizo objeto al llamarle &quot;mal poeta&quot;. Ya fuera un castigo a la violencia o simple hinchaz&oacute;n del pelmazo, el desenlace del cuento fue tan sorpresivo como la llegada de esta delicado aguinaldo con que a varios de nosotros nos premi&oacute; la editorial.<br /><br />Gracias de nuevo, y mientras este espacio siga abierto, aqu&iacute; seguir&eacute; dando lata, entre dimes, diretes, penas y alegr&iacute;as. Siempre interesado en observar cuanto llegue a mis manotas y alerte mis sentidos, para hacer desde ello el <a href="http://elogiodelalectura.blogspot.com" target="_blank"><em><strong>Elogio de la Lectura</strong></em></a> correspondiente.]]></description>
<date>1/14/2009</date>
<time>3:15:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=180</link>
<id>180</id></item>
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<title><![CDATA[FELIZ 2009]]></title>
<description><![CDATA[&iquest;ALGO M&Aacute;S?<br /><br />Espero que el a&ntilde;o por entrar no nos haga crecer las manos como en el cuento de Cort&aacute;zar.<br /><br /><br /><br />UN ABRAZO Y... QUIZ&Aacute; LA DESPEDIDA DE ESTE SITIO. ????????]]></description>
<date>12/31/2008</date>
<time>9:20:00 PM</time>
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<id>179</id></item>
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<title><![CDATA[PILA DE LETRAS: SILENCIO Y TÓTEM]]></title>
<description><![CDATA[Abro mi cuaderno. Tomo la pluma. Pienso. Recuerdo. Organizo. Contemplo la pila de libros que, gracias a <strong>Editorial Alfaguara</strong>, he venido leyendo en el a&ntilde;o que est&aacute; por terminar. Tomo el que contiene<em><strong> El Hablador</strong></em> de <strong>Mario Vargas Llosa</strong> (<em><strong>Obra Narrativa Breve</strong></em>), corroborando que faltan pocas p&aacute;ginas para terminar esa novela en particula. Leo. Termino. Cierro el tomo, ubicando el separador donde comienza <em><strong>Elogio de la Madrastra</strong></em>, otra novela del mismo autor y que ya ans&iacute;o revisar. Veo el cuaderno. Leo mis apuntes. Observo que hay acciones omitidas, supuestas y, sin embargo, est&aacute;n, se adivinan entre los huecos de este p&aacute;rrafo que ahora t&uacute;, amable lector, escrutas curioso. Gracias por la deferencia.<br /><br />&quot;... Yo, antes, no fui lo que soy ahora. Me volv&iacute; hablador despu&eacute;s de ser eso que son ustedes en este momento. Escuchadores. Eso era yo: escuchador. Ocurri&oacute; sin quererlo. Poco a poco sucedi&oacute;. Sin siquiera darme cuenta fui descubriendo mi destino. Lento, tranquilo. a pedacitos apareci&oacute;. No con el jugo del tabaco ni el conocimiento de ayahuasca. Ni con la ayuda del seripigari. Solo yo lo descubr&iacute;&quot;, escribe Vargas Llosa con una voz que se antoja la propia, al menos para m&iacute;. La m&iacute;a. Me remite a cierto d&iacute;a s&aacute;bado en la oficina de mi padre. Me veo sentado con escasos nueve a&ntilde;os, ante la m&aacute;quina de escribir el&eacute;ctrica. Una Smith-Corona que ahora est&aacute; en casa. Color gris con blanco hueso. Escucho el zumbido del motor. Presiono las teclas con los dedos &iacute;ndices. Escribo. Extraigo la hoja. Dibujo. &iexcl;Es mi primer retazo de cuento! Uno sobre un fantasmal barco pirata. Fin del recuerdo. Se esfuma entre el nimbo. En su lugar asoman Milka y Candy, mascotas, hija y madre, olfateando. &quot;Todo hombre que anda tiene su animal que lo sigue, &iquest;no es as&iacute;? Aunque &eacute;l no lo vea ni lo llegue a adivinar. Seg&uacute;n lo que es, seg&uacute;n lo que hace, la madre del animal lo escoge, dici&eacute;ndole a su cr&iacute;a: <em>Este hombre es para ti, cu&iacute;dalo</em>. El animal se vuelve su sombra, parece&quot;, considera Vargas Llosa y concluyo, aspirante a guerrero tenochca, conozco de antemano el rostro de mi t&oacute;tem, no ser&aacute; <em>xoloitzcuintle </em>sino<em> brittany spaniel</em>. Venr&aacute; por m&iacute; en mis &uacute;ltimos instantes, como lo hizo en sus primeros d&iacute;as. Se sentar&aacute; en mi zapato y andaremos a una nueva vida. Viajaremos como<strong> Julia (Campos)</strong> y como Julia, la esposa de F&eacute;lix en <em><strong>Presentimientos</strong></em>, la novela de <strong>Clara S&aacute;nchez</strong>. Cual peregrinos de ensue&ntilde;o, parafraseando a <strong>Flores Barr&oacute;n</strong>, compa&ntilde;ero y amigo bloguero aqu&iacute;, volaremos, navegaremos, correremos, caminaremos, en barco, en auto, en avi&oacute;n, por Europa, Am&eacute;rica, la selva, las ciudades, los r&iacute;os, castillos; desde un paseo interior desde el que la felicidad y la tristeza son naufragios, hu&iacute;da, vuelta, fundaci&oacute;n o desv&iacute;o de un futuro siempre latente en el ahora.<br /><br /><strong>UN RESPIRO</strong><br /><br />&iexcl;Uff! Ha sido el anterior un par&aacute;grafo de largo aire. Cierto. Concentrado. Como ocurre con los cuentos del maestro Cort&aacute;zar.<br /><br />Es poco frecuente que se hagan rese&ntilde;as de cuentos aislados; por lo general encontramos m&aacute;s bien comentarios, apuntes o referencias alusivas a tal o cual narraci&oacute;n, como si se tratase de pellizcos literarios a la obra total de <strong>Jorge Luis Borges</strong>, <strong>Juan Jos&eacute; Arreola</strong>, <strong>Edmundo Valadez</strong> u otros muchos muchos cuenteros y cuentistas entre los que est&aacute; <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>, de quien me ocupar&eacute; (tambi&eacute;n) desde esta entrega, aqu&iacute; mientras me lo permitan <strong>Pauta Creativa</strong> y <strong>Alfaguara</strong>, en mi <a href="javascript:void(0);/*1230777988438*/"><em><strong>Elogio de la Lectura</strong></em></a> cuando quiera porque ah&iacute; me lo permito yo.<br /><br />Tal parece que dada la brevedad del cuento, en &eacute;l est&aacute; contenida y prevista su s&iacute;ntesis, y bastara con mencionar su t&iacute;tulo o determinado pasaje o figura para traerlo a la memoria o usarlo a modo de ejemplo; al fin, para muestra basta un bot&oacute;n, se cree. Pero quienes aplican semejante modo prefieren dejar el bot&oacute;n expuesto sobre la mesa a los ojos de todos, como algo acabado o simplemente como un elemento prescindible del traje de escritor.<br /><br />Si no es para efectos de an&aacute;lisis acad&eacute;mico, semi&oacute;tico, comparativo, biogr&aacute;fico o sociol&oacute;gico, los mitos, leyendas, cuentos, poemas sueltos de un autor, sea un individuo o un pueblo, no se abordan cr&iacute;ticamente como podr&iacute;a hacerse. Se prefiere tocarlos como componentes m&aacute;s que como obras en s&iacute; mismas, con una vida y un ritmo propios donde bondad y maldad, hambre y satisfacci&oacute;n, amor y odio, entrega y abandono, &aacute;nodo y c&aacute;todo, est&aacute;n concentrados, apretados, consentidos, a punto del estallido, conformando monstruos o &aacute;ngeles, gestos, movimientos densos, consistentes.<br /><br />Cada cuento funciona como caldo burbujeante, magma en ebullici&oacute;n, &aacute;rida duna caprichosa y saltarina, h&uacute;medo y fangoso pantano donde la pila de letras, con su presi&oacute;n sutil moldea, aplasta, conserva significados, formas, ideas, cuyos vapores se cuelan en la conciencia del lector para transformarlo en lo mismo que subyace entre el humus de la creaci&oacute;n; haci&eacute;ndolo uno con la obra, absorbi&eacute;ndolo.<br /><br /><img hspace="4" height="229" width="305" vspace="4" border="2" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/vampiro-1024x768.jpg" alt="" />Algo similar ocurre bajo la superficie de &quot;El Hijo del Vampiro&quot;, cuento incluido en el libro <em><strong>Plagios y Traducciones</strong></em> de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> y recogido en <em><strong>Cuentos Completos 1</strong></em> editado por <strong>Alfaguara</strong>. Un libro que el autor justific&oacute; en su momento, casi como asentamos l&iacute;neas arriba, al decir: &quot;Forzando su espaciada ejecuci&oacute;n --1937/1945-- re&uacute;no hoy estas historias un poco por ver si ilustran, con sus fr&aacute;giles estructuras, el ap&oacute;logo de haz de mimbres. Toda vez que las hall&eacute; en cuadernos sueltos tuve certeza de que se necesitaban entre s&iacute;, que su soledad las perd&iacute;a. Acaso merezcan estar juntas porque el desencanto de cada una creci&oacute; la voluntad de la siguiente [...] Las doy en libro a fin de cerrar un ciclo y quedarme solo frente a otro menos impuro. Un libro m&aacute;s es un libro menor; un acercarse al &uacute;ltimo que espera en el &aacute;pice, ya perfecto&quot;.<br /><br />Pero este &uacute;ltimo libro que llega y no llega y sin embargo no es el &uacute;ltimo cobra calidad de sombra, una de la cual la mente del escritor-lecetor no puede m&aacute;s que enamorarse, ceder a la transfusi&oacute;n de sentido. Como hace Lady Vanda, de quien se saci&oacute; Duggu Van, el &uacute;nico vampiro que conozco para el que el amor febril gasta tanto como sufrir la sa&ntilde;a del paludismo.<br /><br />&quot;Que los vampiros se enamoren es cosa que en la leyenda permanece oculta&quot;, nos narra Cort&aacute;zar. Sin embargo la tradici&oacute;n de la literatura vamp&iacute;rica da cuenta de generaciones de estos seres, unos surgidos por la v&iacute;a del contagio y otros por una misteriosa gestaci&oacute;n &iquest;espont&aacute;nea? que, como imagen especular, tal como ocurre con los humanos encuentra su s&iacute;ntesis en una afirmaci&oacute;n que es un deseo que es una certeza que es una esperanza de continuidad: &quot;Es como su padre, como su padre&quot;. Una, rayante en la plena identificaci&oacute;n por la cual &quot;nadie puede <em>interpolarse </em>entre su esencia y la m&iacute;a&quot;.<br /><br /><strong>CUANDO EL UNO S&Oacute;LO ES UNO EN UNO</strong><br /><br /><a href="javascript:void(0);/*1230779946680*/"><img hspace="4" height="307" width="282" vspace="4" border="2" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/foto_con_su_hijo.jpg" alt="" /></a>Resulta curioso que el propio <strong>Cort&aacute;zar </strong>pretenda dar unidad o, mejor dicho, sumar hasta la unidad obras enteras cual si fuesen fracciones en una abstrusa ecuaci&oacute;n (y eso ocurre con todos los libros de cuentos, independientemente de las razones pragm&aacute;ticas). Leyendo los libros de Cort&aacute;zar uno cree comprender que uno m&aacute;s uno hacen dos, o que el todo en efecto lo componen part&iacute;culas unificadas, integradas. Pero al examinar cada &aacute;tomo-cuento o cada cuanto del &aacute;tomo-libro se descubre el verdadero valor cu&aacute;ntico de la literatura.<br /><br />Desde esta &oacute;ptica novedosa y renovada, una antolog&iacute;a de cuentos (o de poemas, canciones, etc&eacute;tera) puede vislumbrarse m&aacute;s como un panorama repleto de parajes diversos, maravillosos, tan complejos o simples como castillos ruinosos o fant&aacute;sticos desde cuyas lumbreras, miles de pasadizos, corredores, salas y habitaciones, un beso en un instante, una mirada, un silencio, lo dicen todo aunque parezca que ha sucedido nada.<br /><br />Si el vampiro sobrevive, no es por la ignota magia de lo sobrenatural; sino, como imagina Cort&aacute;zar, por causa del enorme deseo de reengendrarse mediante su amor sangu&iacute;neo. &iquest;Egolatr&iacute;a? Es posible. Tal vez una forma peculiar de adaptaci&oacute;n consecuencia de la soledad radical. Quiz&aacute; la manera m&aacute;s natural y simple de trascendencia. Pero, aunque inhumano, el vampiro experimenta lo que cualquier humano: mediante el amor se hace uno con el objeto de su deseo y de la c&oacute;pula nace... uno. Aun cuando los azorados no alcancen m&aacute;s que a dudar.]]></description>
<date>12/31/2008</date>
<time>8:24:00 PM</time>
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<id>178</id></item>
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<title><![CDATA[¡QUE EL MUNDO ES UN PAÑUELO!]]></title>
<description><![CDATA[Definitivamente la certeza del t&iacute;tulo de esta entrega es una verdad de a kilo.<br /><br />Los libros que solicit&eacute; y recib&iacute; recientemente, como habr&aacute;s visto antes son los <em><strong>Cuentos Completos</strong></em> (vol&uacute;menes 1 y 2) de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> y los <em><strong>Cuadernos de Viaje</strong></em> de <strong>Julieta Campos</strong>.<br /><br />Ambos, para no variar y seguir con las coincidencias entre mi vida y las lecturas, independientemente de cualquier gusto o preferencia personales caen en la categor&iacute;a de lo familiar.<br /><br />Un Julio, una Julieta. Elprimero dotado de una imaginaci&oacute;n y una perspicacia extraordinarias. La segunda dotada de una sensibilidad m&aacute;s all&aacute; de lo puramente femenino. La obra del primero me sirvi&oacute; en un momento de puente acad&eacute;mico para trazar uno de los fundamentos de mi est&eacute;tica pedag&oacute;gica y compenetrarme con mis estudiantes, en particular los de la Universidad Iberoamericana. La segunda, con su apellido Campos, su matrimonio y oficio me conecta directamente con una l&iacute;nea verde y frondosa de mi herencia materna.<br /><br />En ambos libros el pr&oacute;logo es b&aacute;sico e ineludible para adentrarse en sus p&aacute;ginas. A los <em><strong>Cuentos Completos</strong></em> de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> lo prologa <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, gran amigo suyo a pesar de la diferencia de edades, y nos pone sobre el tapete lo necesario para fincar justas expectativas. Lo dem&aacute;s es lo de menos, los cuentos est&aacute;n organizados conforme al orden de los libros por los que vieron la luz; y la edici&oacute;n, aunque choncha, es muy manejable, muy legible. Vargas Llosa explica y describe, glosa el conjunto de la obra y destaca algunos rasgos de la personalidad del autor ya fallecido. Por mi parte y con gran humildad preferir&eacute; en adelante irme piano pianito, cuento tras cuento, pues como apunta la segunda solapa: &quot;Hay que leer a Cort&aacute;zar. Siempre. Sus cuentos son la pintura genial del sue&ntilde;o de seres improbables, llenos de ternura, ausentes, m&aacute;gicos&quot;. Siendo entonces esta obra en dos vol&uacute;menes el equivalente a un museo o galer&iacute;a con varias salas de exhibici&oacute;n, me apresto a apreciar una a una las obras expuestas. Para hablar del todo hay que degustar cada parte que lo conforma.<br /><br /><img hspace="4" height="263" width="168" vspace="4" border="4" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/Campos_cuardernos.jpg" alt="" />A los <em><strong>Cuadernos de Viaje</strong></em> de <strong>Julieta Campos</strong> los prologa <strong>Enrique Gonz&aacute;lez Pedrero</strong>, su marido y hoy viudo, destacado pol&iacute;tico priy&iacute;sta y de esos pocos pol&iacute;ticos intelectuales de rancio abolengo que no nada m&aacute;s saben lo que dicen y hacen, sino adem&aacute;s por qu&eacute; y para qu&eacute;. &Eacute;l fue gobernador, y uno de los mejores, del estado mexicano de <strong>Tabasco</strong> entre 1983 y 1987. En ese estado vivi&oacute; buena parte de su vida <strong>Guadalupe Glafira Torres (Pallares) de Castellanos</strong>, hermana de mi madre y quien falleci&oacute; hace dos a&ntilde;os, y recuerdo s&oacute;lo cosas buenas que me platic&oacute; mi t&iacute;a sobre esta pareja a la que conoci&oacute; de cerca por las relaciones existentes entre mi difunto t&iacute;o, el <strong>Dr. Lamberto Castellanos</strong> (cuyo nombre ostenta orgullosamente una calle de Villahermosa, la capital del estado) y el gobernador.<br /><br />As&iacute; pues, como por obra de un designio misterioso, corroboro con estos t&iacute;tulos que ahora comienzo a examinar y disfrutar junto con los anteriores, que en efecto el mundo es un pa&ntilde;uelo a modo de taleguilla donde tarde o temprano, m&aacute;s temprano que tarde, nuestras canicas, nuestras cuentas, nuestras personas finalmente se rozan, convergen, coinciden, comparten, conviven.<br /><br />Por &uacute;ltimo, el libro de <strong>Julieta Campos</strong> lo rese&ntilde;&oacute; muy bien y cuidadosamente nuestro buen amigo y vecino bloguero <strong>Alfredo Flores Barr&oacute;n</strong> en su art&iacute;culo fechado el 23 de octubre de 2008 bajo el t&iacute;tulo &quot;&iquest;Qu&eacute; hacemos con los viajes?&quot;. No te extra&ntilde;e entonces, apreciable lector, que en lo futuro haga alguna referencia a su texto. Pero, en la medida de lo posible, por supuesto y como he prometido sin romper mi estilo, espero aportar si no algo nuevo, por lo menos algo un poco distinto. Ya t&uacute; me dir&aacute;s si el camino a tomar es el correcto.]]></description>
<date>12/11/2008</date>
<time>8:33:00 PM</time>
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<id>177</id></item>
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<title><![CDATA[¡NOMBRES, MÁS NOMBRES!]]></title>
<description><![CDATA[Debo reconocer que a pesar de lo bien escrito que est&aacute; <em><strong>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</strong></em>, novela hist&oacute;rica escrita por <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong>, es una lectura que traigo algo atorada y en gran parte porque me resulta cansada a causa de la plaga de nombres que asienta el autor.<br /><br /><img hspace="4" height="302" width="186" vspace="4" border="4" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/DiadeColera_Perez-Reverte 05-12-2008 03-36-52 p.m..jpg" alt="" />Tengo muy claro y bien comprendido que el &uacute;nico protagonista de esta novela es el pueblo madrile&ntilde;o, y el &uacute;nico antagonista es el imperio napole&oacute;nico. La vaguedad de los conceptos pueblo e imperio s&oacute;lo puede concretarse en los rostros y los nombres de los actores que los representan. Pero como si fuese una pel&iacute;cula hollywodense, <em><strong>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</strong></em> invierte muchas l&iacute;neas y p&aacute;ginas enlistando nombres de amigos y enemigos, de h&eacute;roes (que de otro modo lo ser&iacute;an an&oacute;nimos), m&aacute;rtires (algunos ocasionales), viandantes y vecinos, calles y lugares que ni a&uacute;n con el mapa anexo (poco legible) se facilita abarcar con la imaginaci&oacute;n.<br /><br />Las bondades que tiene como un trabajo de cr&oacute;nica &quot;period&iacute;stica&quot; (as&iacute; dije m&aacute;s o menos en alguna entrega previa del 22 de mayo intitulada &quot;Entre Amor y Discordia, las Ansias guardadas&quot;) raya con la idea de un ligeramente torpe homenaje a modo de placa conmemorativa. <strong>Ventaja</strong>: uno vive en la mente la confusi&oacute;n, como los personajes a su vez experimentaron en las esquinas y los callejores madrile&ntilde;os en aquel 2 de mayo de 1808. <strong>Desventaja</strong>: llega un momento en que tantas pistas de actividades en el circo de la revuelta impiden que uno, como lector, pueda seguir el hilo.<br /><br /><strong>El libro vale</strong> por la edici&oacute;n, las figuras, las escenas, la redacci&oacute;n, el esfuerzo, la &eacute;poca y los sucesos retratados. Pero definitivamente no es de lectura r&aacute;pida aun cuando envuelve con el v&eacute;rtigo de la rebeli&oacute;n y entusiasma al plasmar momentos como extractos de pinturas de Goya.<br /><br />Seguir&eacute; leyendo, lento pero seguro, hasta el final. Sobre todo seguro de que aun con los tropiezos el goce est&aacute; garantizado.]]></description>
<date>12/5/2008</date>
<time>3:32:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=176</link>
<id>176</id></item>
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<title><![CDATA[DESEO APUNTES ALREDEDOR DEL...]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="4" height="209" width="139" vspace="4" border="4" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/Cortazar_cuentos_1.jpg" alt="Cuentos Completos Julio Cortázar" /><img hspace="4" height="214" width="147" vspace="4" border="4" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/Cortazar_cuentos_2.jpg" alt="Cuentos Completos 2 Julio Cortázar" /><br /><br />No cabe duda que la fortuna me sonr&iacute;e, muy a pesar de los sucesos tristes o dolorosos que pueden ocurrir en el diario.<br /><br />Apenas he recibido la nueva tanda y con ella ha llegado otra mala noticia, esta vez relacionada con a salud de mi padre, aparentemente (a reserva de confirmaci&oacute;n), padece c&aacute;ncer en la vejiga. Dentro de lo malo, lo bueno: se descubri&oacute; a tiempo.<br /><br />Por eso los t&iacute;tulos que vengo leyendo y sumando cobran m&aacute;s importancia y valor, y me dan pie mientras tengo la oportunidad de seguir escribiendo en este grato espacio ahora de dar la vuelta al experimento anterior para decir que &quot;deseo apuntes alrededor del...&quot;<br /><br /><u><strong>CON EL BOT&Iacute;N EN LA MANO</strong></u><br /><br />Creo que existe una seria posibilidad de que, en los d&iacute;as siguientes a la Navidad pr&oacute;xima (muchas felicidades a todos), mi voluntad muera empachada, mejor que de hartazgo. Mi actual dieta de letras, l&iacute;neas y p&aacute;ginas ha resultado tan nutritiva que temo estar comenzando a padecer de bulimia literaria.<br /><br />Calientitos est&aacute;n los libros recientemente entregados a mi persona por editorial Alfaguara y, a&uacute;n cuando contienen palabras de escritores muertos, hablan y dicen y narran tales cosas que ya quisi&eacute;ramos muchos &quot;vivos&quot; pronunciar con semejante palpitaci&oacute;n.<br /><br />Me encuentro relami&eacute;ndome a&uacute;n mis lecturas previas, endeudado con los amables amigos lectores por no pagar justa y oportunamente mis promesas y, todo, por ceder a las preocupaciones de la brega diaria y perseguir al bolillo y a la chuleta (no me refiero a mi amiga, Julieta, a quien saludo desde aqu&iacute;; no me refiero a la Campos, de quien tratar&eacute; en las pr&oacute;ximas entregas).]]></description>
<date>12/5/2008</date>
<time>2:56:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=175</link>
<id>175</id></item>
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<title><![CDATA[EXPUESTOS, DENUDADOS APUNTES ALREDEDOR DEL DESEO]]></title>
<description><![CDATA[<link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if !mso]><br /><style><br />st1:*{behavior:url(#ieooui) }<br /></style><br /><![endif]--><style type="text/css"><br /><</style><span>Ya con esta entrega culmina una serie que comenz&oacute; en febrero y que denomin&eacute; <em><strong>Apuntes alrededor del deseo</strong></em>. Planeada como una sucesi&oacute;n de ensayos cuyos t&iacute;tulos dan pretexto para la construcci&oacute;n de un poema; o viceversa como un poema cuyos versos encierran notas personales cuales pretendidas rese&ntilde;as de las sensaciones provocadas por la lectura de ciertos textos, esta serie que quiz&aacute; t&uacute; has le&iacute;do curioso(a) dando saltos, bien pudiste darte cuenta de la secuencia llevada y faltante hace cinco art&iacute;culos atr&aacute;s. As&iacute;, este t&iacute;tulo es el &uacute;ltimo verso de ese poema, aunque he de confesar que m&aacute;s que una clausura anuncia una bifurcaci&oacute;n. Porque los apuntes continuar&aacute;n y a&uacute;n alrededor del deseo, pero en adelante en la forma de elogio de la lectura (tanto en mi blog intitulado de ese modo como aqu&iacute;, si <strong>Alfaguara </strong>me lo sigue permitiendo). Supongo que la huella dejada atr&aacute;s cumplir&aacute; su misi&oacute;n guiadora.</span><span><br /><br /><br /><br />Luego, lo que leer&aacute;s, amigo y amable lector, desde la pr&oacute;xima entrega y subsiguientes ser&aacute;n tambi&eacute;n apuntes &quot;rese&ntilde;osos&quot;; algunos, francas rese&ntilde;as con toda propiedad. No s&eacute; si encontrar&aacute;s mayor o menor libertad de forma y tem&aacute;tica, pero prometo o procurar&eacute; prometer una continuidad estil&iacute;stica; o sea, seguir siendo y escribiendo... como soy y hago.</span><span></span><span><br /><br /><br /><br />Lo anterior no quiere decir, tampoco, que las lecturas previas que he venido haciendo y las cuales algunas a&uacute;n no termino las botar&eacute; como si nada o las dejar&eacute; en suspenso. De ninguna manera. Seguir&eacute; cerrando uno a uno los ciclos y momentos, como es mi sana costumbre. Si la cuenta al momento rebasa los 15 libros (&iexcl;en un a&ntilde;o!; &iexcl;s&iacute; se puede!), lo menos que debo a sus autores, a la editorial y a ti es el respeto de cumplir con la tarea encomendada y adquirida con benepl&aacute;cito (aunque en casa me sigan colocando los libros en el plato y rodeados de caldo; a falta de pan... &iexcl;pastas!).</span><span><br /><br /><br /><br /><img hspace="4" height="204" width="127" vspace="4" border="4" align="left" src="/upload/Image/DelaVega/Benedetti.jpg" alt="" />Por ello estos &quot;&uacute;ltimos&quot; apuntes desde ahora y en adelante apuntan a <em><strong>Vivir adrede</strong></em> y <em><strong>Entre fantasma</strong><strong>s</strong></em>.</span><span><br /><br /><br /><br />Soy de los irreverentes que subrayan y escriben en los libros; hasta dibujo y marco p&aacute;ginas. Es otra forma de dejar rastro de lo que uno piensa y siente; de la existencia de uno. Hacerlo en los libros de texto, los escolares, permite a otros o a uno mismo descubrir con el tiempo qu&eacute; de tal o cual curso o lecci&oacute;n motiv&oacute; la neurona en uno, m&aacute;s all&aacute; de lo que pudiera haber dictado el profesor o el programa acad&eacute;mico. El aprendizaje es lo que queda y desarrolla en la mente. Hacerlo por otra parte en los libros de ficci&oacute;n devela lo que a uno alguna vez lo conmovi&oacute; y tambi&eacute;n suscit&oacute; formaci&oacute;n o deformaci&oacute;n del pensamiento y el sentir En ambos casos es una indiscreci&oacute;n propia que expone aquello con lo que uno comulga o comulg&oacute; alguna vez.</span><span><br /><br /><br /><br />Cuento esto de mi intimidad y para despecho de los coleccionistas puritanos adoradores del libro objeto, porque esos otros apuntes a modo de compa&ntilde;&iacute;a de mis huellas dactilares y mi sello ex libris son otra manera de indicar la apropiaci&oacute;n, m&aacute;s que del mamotreto de las ideas contenidas y vivas en &eacute;l, que significa simplemente el acto que en esta cadena nos ocupa y preocupa: leer. Claro, si fuese Leonardo da Vinci quiz&aacute; mis garabatos obtendr&iacute;an m&aacute;s valor que s&oacute;lo siendo de Perico de los Palotes.</span><span><br /><br /><br /><br /><img hspace="4" height="184" width="110" vspace="4" border="4" align="right" src="/upload/Image/DelaVega/image0-6.jpg" alt="" />Apenas apreci&eacute;<em><strong> Vivir adrede</strong></em> hice una pausa y un espacio en mi lista personal e insensata de pinchazos y rayones <em><strong>Entre fantasmas</strong></em>. Un espectro mayor me llam&oacute; a rendir cuentas.</span><span><br /><br /><br /><br />&quot;Ten&iacute;a mucho tiempo, tanto como 20 a&ntilde;os, de no leer a Benedetti&quot;, comenc&eacute; a escribir en la p&aacute;gina blanca de forros interiores. &quot;El mismo tiempo casi que dura una de las penas m&aacute;s &iacute;ntimas que aloja mi coraz&oacute;n y la misma que, cosas del destino y de la voluntad humana, me estall&oacute; como petardo en la cara en los &uacute;ltimos d&iacute;as de agosto de este 2008.</span><span><br /><br /><br /><br />&quot;En un a&ntilde;o particularmente marcado por los recuerdos, el cumplimiento de ciclos y el recuento de dos da&ntilde;os de fatalidades, ahora, como enviado y dictado por mi gran amigo y padre putativo Bartolom&eacute; Sauto, este librito, el m&aacute;s reciente de Mario Benedetti (2007) llega para sumarse a la remoci&oacute;n de escombros que vengo experimentando en el alma como para <em><strong>Vivir adrede</strong></em>.</span><span><br /><br /><br /><br />&quot;Reconozco la parte de deuda que tengo con Benedetti. Su influencia en mi prosa y mi poes&iacute;a no es para nada desde&ntilde;able aunque no la &uacute;nica, claro est&aacute;. S&oacute;lo un a&ntilde;o menor que el Se&ntilde;or Sauto. Mario es pues tambi&eacute;n una especie de sabia, entra&ntilde;able y acogedora referencia, una a la que se vuelve cuando la noche se alarga, cuando el coraz&oacute;n se ensancha. Un amigo de cabecera, eso es, que halla sitio entre San Juan de la Cruz y Eclesiast&eacute;s, entre B&eacute;quer y Neruda, entre Unamuno y Mistral, por seleccionar algunos probables vecinos de estanter&iacute;a, sin olvidar a Gibr&aacute;n, Sabines, Paz...</span><span><br /><br /><br /><br />&quot;Benedetti es espejo donde se reflejan mis afanes y mis desilusiones, amores y desamores, esperanzas y desesperanzas; donde abrevan im&aacute;genes sugerentes e ideas acabadas. Introducirme entre sus p&aacute;ginas me produce la sensaci&oacute;n de estarme deslizando, exili&aacute;ndome bajo mi propia piel y me duele y lo gozo y me alegra y lo sufro. Lo vivo adrede como un gran abrazo de la existencia.<br /><br /><br /><br /></span><span>&quot;Por Benedetti conclu&iacute;, hace muchos a&ntilde;os y ahora lo confirmo que, casi, como he dicho en otra parte, la vida es la primera obra, la divina y milagrosa cuyo texto ha de leerse adrede, detenidamente, a prop&oacute;sito, pausa tras pausa, paso tras paso, con la conciencia plena de que cada momento es una p&aacute;gina en estos apuntes alrededor del deseo que hacen de la existencia, al menos la m&iacute;a y para m&iacute;, un libro inolvidable&quot;.</span><span><br /><br /><br /><br />Dicho esto, me aboco a la labor de comenzar la edici&oacute;n del volumen de estos <em><strong>Apuntes alrededor del deseo</strong></em>. &iquest;Alg&uacute;n famoso se atrever&iacute;a a escribir su pr&oacute;logo? &iquest;Sus honorarios? Un ejemplar autografiado, para prepararlo con tapioca, canela y clavo.</span>]]></description>
<date>10/19/2008</date>
<time>9:49:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=174</link>
<id>174</id></item>
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<title><![CDATA[QUE NO HAY HOY, SOLO AYER Y MAÑANA]]></title>
<description><![CDATA[<link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:6.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--></style><em><span>2 de octubre de 2008</span></em><span>, 12:30 a.m. Llega el primero de los dos tomos con que alimentar&eacute; mis siguientes cap&iacute;tulos. Ardo en deseos de sumergirme <em><strong>Entre fantasmas</strong></em>, al amparo de la narrativa punzante del colombiano Fernando Vallejo.</span><span><br /><br />14:17 p.m. Estoy en el supermercado en compa&ntilde;&iacute;a de mi madre. Estirando el dinero lo m&aacute;s posible para cubrir los gastos m&aacute;s b&aacute;sicos. Por la noche, los sue&ntilde;os; por la ma&ntilde;ana, la preocupaci&oacute;n; me han provocado desasosiego. Qui&eacute;n dir&iacute;a que hab&iacute;a una raz&oacute;n suficiente para la inquietud.</span><span><br /><br />Pasadas las cuatro horas de la tarde volvimos a casa. Comimos. El identificador de llamadas indicaba que entr&oacute; un telefonema a las 14:17 p.m. proveniente de un &ldquo;n&uacute;mero privado&rdquo;. En la grabadora est&aacute; registrado un mensaje, pero s&oacute;lo es silencio.</span><span><br /><br />Hacia las siete de la tarde ocurri&oacute; la llamada dolorosa. El hombre del que te cont&eacute; hace poco, Bartolom&eacute;, muri&oacute;. Falleci&oacute; a las</span><span><img hspace="3" height="151" width="100" vspace="3" border="2" align="left" alt="" src="/upload/Image/DelaVega/Sr Sauto.jpg" /></span><span> 14:15 hrs. Aunque mis amados padres viven, bendito Dios, me embarga una honda sensaci&oacute;n de orfandad. Ha terminado la vida de un personaje cuya subtrama fue fundamental en la trama de la novela de mi vida. No lo leer&eacute; m&aacute;s si no es a trav&eacute;s de los recuerdos, alimentando el deseo &mdash;uno m&aacute;s para estos apuntes&mdash; de albergar en el coraz&oacute;n hasta mi &uacute;ltimo momento la vivacidad de su mirada traviesa, sus sabias ocurrencias, su leal sonrisa.</span><span><br /><br />Ya lo ver&eacute; de nuevo, en el m&aacute;s ac&aacute; de alguna narraci&oacute;n que har&eacute;, un d&iacute;a de estos, cuando resurja del llanto anegado tras estas letras que nada callan, que todo dicen.</span><em><span><br /><br />3 de octubre</span></em><span> del mismo a&ntilde;o. La editorial me indica otros t&iacute;tulos para escoger el segundo de mi consabida tanda. Sin pensarlo demasiado, movido por el sentimiento elijo y espero refugiarme en las palabras de Mario Benedetti y as&iacute;, con &ldquo;&iexcl;&aacute;nimo, valor y miedo!&rdquo;, <strong><em>Vivir adrede</em></strong> como me han ense&ntilde;ado todos mis padres [1 Co <strong>4</strong> 14:17], para ejemplo de nadie en particular, con entrega incondicional. Solo espero y solo deseo, s&oacute;lo, estar a la altura y no defraudar ni a m&iacute; mismo (principalmente); que no hay hoy, solo ayer y ma&ntilde;ana, s&oacute;lo. Y en mi cabeza resuena la canci&oacute;n de Alberto Cort&eacute;s &ldquo;Cuando un amigo se va&rdquo;.</span><em><span><br /><br />9 de octubre</span></em><span>. Una semana despu&eacute;s he comenzado la narraci&oacute;n anunciada, compondr&aacute; parte de un libro de cuentos dedicado amorosamente. A veces no s&eacute; qui&eacute;n es m&aacute;s espectro, si el vivo instalado en la melancol&iacute;a o el muerto que vela por sus afectos en la tierra.</span>]]></description>
<date>10/9/2008</date>
<time>2:43:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=173</link>
<id>173</id></item>
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<title><![CDATA[Y HABRÁS DE PERCATARTE CON AZORO]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:6.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><span>Al cerrar el forro del libro o retirar la mirada de la obra pict&oacute;rica, al desatender cualquier forma de texto, de pronto uno se siente como una especie de actuario que deja en el interior de su carpeta los detalles de la diligencia cumplida o por ejecutar.</span><span><br /><br />No obstante, terminar la lectura de una obra no acaba con el proceso cual raz&oacute;n de cartapacio, de un golpe. Pueden y de hecho han de quedar las se&ntilde;as de la existencia de una obra en la forma de folios impresos o manuscritos al interior de las pastas, unidos bajo un lomo tan ancho o estrecho como las aspiraciones del autor al efecto de sus signos ilustrativos de las cosas que le han conmovido, pero la inercia interpretativa contin&uacute;a impeliendo al lector, asiduo o no, hacia nuevos encuentros y desencuentros derivados de la experiencia previa sea o no reciente.</span><span><br /><br />Al momento y personalmente, una vez que he clausurado <strong><em>La mano de fuego</em></strong> de Alberto Ruy S&aacute;nchez me he percatado de que uve entre mis manos apenas un paquete de azulejos con los que puede conformarse un caprichoso mosaico. Y no s&oacute;lo hago referencia a las piezas que hacen de cap&iacute;tulos, sino al conjunto mismo en su car&aacute;cter de m&iacute;nima muestra de una colecci&oacute;n pental&oacute;gica de t&iacute;tulos que necesariamente ha de construirse adem&aacute;s con Nueve veces el asombro, Los nombres del aire, En los labios del agua, Los jardines secretos de Mogador, aun cuando el mismo autor haga referencia a una tetralog&iacute;a y a pesar de parecerte a ti ahora, amigo lector, que me repito en la tem&aacute;tica cuando en realidad simplemente hago seguimiento.</span><span><br /><br />Y es que, s&iacute;, ya llegu&eacute; al final o quiz&aacute; el comienzo de la obra. Y voy confirmando sospecha tras sospecha, como habr&aacute;s le&iacute;do en art&iacute;culos anteriores, estimado lector. Ahora confirmo por voz del autor de <strong><em>La mano de fuego</em></strong> que &ldquo;este libro no es una novela. Es lo que en el mundo &aacute;rabe se llama una <em>Jamsa</em>, un relato amuleto que se dispara en cinco direcciones simb&oacute;licas como cinco dedos. Y despu&eacute;s se cierra como si una tela o una historia envolviera el pu&ntilde;o&rdquo;. Tal anota Ruy S&aacute;nchez en la &ldquo;nota de agradecimiento&rdquo; incluida al final del tomo <em>mogadoriano</em> en cuesti&oacute;n.</span><span><br /><br />Ahora entiendo m&aacute;s por qu&eacute; su escritura es m&aacute;s propia del gusto femenino que del masculino. Tiene m&aacute;s que ver con la l&oacute;gica del pensamiento que con la est&eacute;tica descriptiva, la t&eacute;cnica narrativa, las habilidades para la redacci&oacute;n o la apostura del autor.</span><span><br /><br />Si la nota de agradecimiento hubiera estado incluida al comienzo, en las primeras p&aacute;ginas de Los nombres del aire, y se repitiera de igual modo o quiz&aacute; con m&iacute;nimas variantes en los restantes vol&uacute;menes de la tetratolog&iacute;a que es pentalog&iacute;a, habr&iacute;a sabido mejor a qu&eacute; atenerme en el consumo de las l&iacute;neas finamente pespunteadas por Ruy S&aacute;nchez. Es m&aacute;s, ser&iacute;a de ran servicio para futuros lectores que la editorial Alfaguara tuviera a bien efectuar semejante reordenamiento, mismo que no ir&iacute;a en contra del esp&iacute;ritu de la obra y las intenciones del escritor, en cuanto a crear una colecci&oacute;n de historias, an&eacute;cdotas, apuntes po&eacute;ticos y remembranzas que en conjunto no hacen ni har&aacute;n una trama narrativa, pero s&iacute; un hilo de cuentas interactivas, muy similar al que ocurre en la conversaci&oacute;n entre mujeres, sin orden preciso, pero ajustado a una secuencia de l&oacute;gica caprichosa, divergente, complementaria de la acostumbrada convergencia mental masculina (por cierto, ni una ni otra exclusiva ni de hombres ni de mujeres).</span><span><br /><br />Esta sugerencia va de la mano de una preocupaci&oacute;n. Cuando de promover la lectura se trata en pa&iacute;ses como mi querido M&eacute;xico es muy riesgoso querer asombrar al consumidor. Si en mis manos cae un libro que dice contar historias, espero un libro de cuentos, f&aacute;bulas o una novela; si, en cambio, me ofrece el an&aacute;lisis reflexivo, espero un ensayo. Es verdad que el lector avezado no ser&aacute; sorprendido en demas&iacute;a y quiz&aacute; hasta su gusto sea satisfecho, pero el lector lego, aventurero, se espanta y recula f&aacute;cilmente ante lo oscuro, lo retorcido, lo prolongado, lo tramposo, lo solemne, en fin lo que pueda para su olfato despedir cierto tufo rancio.</span><span><br /><br />Un ejemplo, dicho lo anterior. Un servidor no puede aseverar que el modo de escribir, el m&iacute;o, sea del agrado de todos los lectores; seguramente m&aacute;s de uno sacar&aacute; la vuelta a mis frases, mis per&iacute;odos, mis construcciones; no faltar&aacute; quien por la diferencia de vocabulario, por poseer una gama l&eacute;xica distinta, me tache y etiquete de petulante, barroco mamarracho engre&iacute;do, o inepto comunicador presa del rebuscamiento. Tendr&aacute; raz&oacute;n o no. Empero, hago lo que me place, con honestidad y ajustado a mi forma de ser, de pensar y sentir, siempre en evoluci&oacute;n.</span><span><br /><br />Nunca he cre&iacute;do mucho las m&aacute;ximas mercadol&oacute;gicas que apelan a la vulgarizaci&oacute;n como &uacute;nico o al menos el m&aacute;s &oacute;ptimo recurso ofertante, aunque las entiendo y las respeto y en ocasiones las procuro; las que recomiendan simplificar el lenguaje al extremo so pena de, en caso contrario, quedarse en el limitado apetito de los llamados &ldquo;conocedores&rdquo; y al margen del &ldquo;gran p&uacute;blico&rdquo;; so pena de una notable disminuci&oacute;n de los emolumentos aparejados a la difusi&oacute;n y el consumo culturales. En cambio, siempre he cre&iacute;do que el p&uacute;blico, independientemente de su gusto (y su gasto), aspiraciones o capacidades, en el centro de sus expectativas coloca la honestidad, y consume por consecuencia lo que le parece franco, aut&eacute;ntico en su esfuerzo y pretensiones, y, claro, regularmente ajustado empero n directamente proporcional a sus posibilidades interpretativas. Es decir, as&iacute; como hay quien decide consumir lo que requiera menor esfuerzo interpretativo, tambi&eacute;n hay el extremo contrario y en medio una interesante gama de matices en la definici&oacute;n de lo que busca y quiere alg&uacute;n lector. Ah&iacute; radica la fidelidad del &ldquo;cliente&rdquo;.</span><span><br /><br />En la medida que los deseos son satisfechos el inter&eacute;s merma. Esto es natural. Diluido el efecto de la sorpresa, de la novedad, viene el aburrimiento. Y como s&eacute; que tal vez a esta altura estos apuntes te han cansado (pues supongo que has llegado hasta aqu&iacute;, en cuyo caso lo agradezco), hago una pausa esperando que sigamos ley&eacute;ndonos en la pr&oacute;xima ocasi&oacute;n.</span>]]></description>
<date>10/9/2008</date>
<time>2:40:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=172</link>
<id>172</id></item>
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<title><![CDATA[EN LA PROXIMIDAD, A LONTANANZA]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if !mso]><br /><style><br />st1\:*{behavior:url(#ieooui) }<br /></style><br /><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]-->Buenos ni malos lectores, de eso s&iacute; no hay en la vi&ntilde;a del se&ntilde;or, como tampoco buenas o malas obras, buenos o malos artistas, buenas o malas palabras. Hay solo lectores, artistas, textos, palabras. Estos, todos podr&aacute;n tener en alg&uacute;n momento de su existencia buenos o malos ratos, encuentros, quiz&aacute; desencuentros, feas fachas, bonitas maneras, errata, precisiones, usos, abusos, desusos; vaya, incluso para unas cosas suponerse &uacute;tiles y para otras totales estorbos, pero hasta ah&iacute;, nada m&aacute;s.<br /><br />As&iacute; como en l&iacute;neas pasadas traje al punto la menci&oacute;n de determinada obra literaria o musical a modo de complemento compositivo, ahora tambi&eacute;n como otrora encuentro motivos vitales para ligar la experiencia en tanto lector con el devenir de los d&iacute;as.<br /><br />Tal se dir&iacute;a que el destina lleva jug&aacute;ndome malas pasadas desde hace dos a&ntilde;os, tocando especialmente aquellas fibras sensibles que m&aacute;s me duelen entre recuerdos, personas, afectos, &aacute;nimos, vivencias y anhelos. Desde abril de 2006 voy de emoci&oacute;n en emoci&oacute;n, de tropiezo en tropiezo, y mi vida, cada vez m&aacute;s llena de presentimientos, se encamina por un t&uacute;nel cuyo final luminoso a&uacute;n no vislumbro.<br /><br />Han sido dos a&ntilde;os plagados de sustos, de p&eacute;rdidas, de confusi&oacute;n. Ausencias y presencias se tocan como extremos en una adivinanza. En este instante me embarga y colma la m&uacute;sica de Mahler, el adagio de su quinta sinfon&iacute;a, y necesariamente me remito a la muerte, no s&oacute;lo a la <strong><em>Muerte</em></strong><strong><em> en Venecia</em></strong> (pel&iacute;cula dirigida por Luchino Visconti y adaptaci&oacute;n de la novela intitulada del mismo modo escrita por Thomas Mann y que, como estos apuntes, se introduce en la intimidad de un solitario escritor llamado Gustavo Aschenbach), sino al suceso mismo y su necia posibilidad, su ominosa realidad.<br /><br />A mis pesares previos ahora se suma otro en la cercan&iacute;a y sin embargo lejos, tras la frontera norte de mi adorado M&eacute;xico. Un hombre que quiero mucho, que ha sido aut&eacute;nticamente un segundo padre para m&iacute;, hoy se debate entre la vida y la muerte. Un accidente tr&aacute;gico fue la causa, uno m&aacute;s de los que han acontecido en mi historia de los a&ntilde;os corrientes. Un golpe en la vetusta cabeza de 89 a&ntilde;os es hoy para &eacute;l un nuevo desaf&iacute;o, una nueva oportunidad para demostrar su apego a la vida que tan bien se acomoda en estos <strong><em>Apuntes alrededor del deseo</em></strong>.<br /><br />En su novela <strong><em>Presentimientos</em></strong>, Clara S&aacute;nchez coloca a Julia en una situaci&oacute;n semejante. Similar adem&aacute;s a la que experimentara mi hermana mayor hace m&aacute;s o menos veinte a&ntilde;os luego que una torpe conductora chocara su autom&oacute;vil contra un poste y este cayera sobre el toldo del de mi hermana afect&aacute;ndole la testa. En un bosquejo, el individuo postrado, sufriendo las consecuencias de un derrame cerebral por golpe contuso vive no en coma pero en el limbo. S&iacute;, en ese espacio abstracto y evanescente que ahora la Iglesia Cat&oacute;lica borr&oacute; de un plumazo como quien arranca de las p&aacute;ginas de la <strong><em>Divina</em></strong><strong><em> Comedia</em></strong> de Dante Alighieri las relativas a la sala de espera entre el cielo y el infierno donde aguardan los inocentes para venir al mundo.<br /><br />En dicha novela que vengo leyendo desde hace tiempo, como bien sabes estimado lector, cuando Clara S&aacute;nchez describe el estado de espera e incertidumbre de F&eacute;lix, esposo de Julia, anota que &ldquo;se dice que uno elige a las personas que le rodean, pero no es verdad, las eligen las circunstancias&rdquo;. Suscribo la idea con tintes de la filosof&iacute;a de Ortega y Gasset. Como F&eacute;lix, el hijo &uacute;nico de este hombre tan amable, mi amigo y hermano desde la infancia m&aacute;s tierna, junto con su esposa, sus hijos y su madre, no pueden hacer m&aacute;s que aguardar el desenlace, cualquiera que este sea, de una historia rica en escenas de aventuras y desventuras. Como ellos, a&uacute;n en la distancia &mdash;como versa el bolero&mdash; aguardo y oro igualmente por que se haga la voluntad de Dios, pidiendo como es comprensible que la balanza se incline hacia la vida, sobre todo pues siendo un abuelo tard&iacute;o no ha gozado suficientemente de la dicha de consentir a unos nietos peque&ntilde;os y ahora testigos de la calamidad.<br /><br />Como Julio en <strong><em>Presentimientos</em></strong> o mi hermana hace a&ntilde;os, hoy Bartolom&eacute; ha de estar deambulando por un mundo virtual, en busca de los rostros, los objetos, lugares y momentos referenciales que lo ligan a la Tierra. Una guerra civil en Espa&ntilde;a tras la que acu&ntilde;&oacute; la arenga que le ha definido y la cual personalmente he adoptado a manera de la m&aacute;s rica de las herencias: &ldquo;&iexcl;&Aacute;nimo, Valor y Miedo!, entre otros cap&iacute;tulos.<br /><br />Como F&eacute;lix, apenas suspiro me percato de que mientras yo halo el aire que insufla mis pulmones, el hombre que me ha acompa&ntilde;ado en las buenas y las malas, con dificultad respira en una cama. Y mientras a mi memoria concurren los recuerdos, quiz&aacute; en su mente los efluvios del olvido pretenden hacer estragos.<br /><br />La did&aacute;ctica de la vida a veces se muestra cruel, pero invariablemente, como bien plantea Giacommo Puccini en el aria &ldquo;<em>Nessum Dorma</em>&rdquo; (Nadie duerma) de su &oacute;pera <strong><em>Turandot</em></strong>, el amor y la fuerza que lo sostiene, como la estrella matutina que es, aun a la luz del d&iacute;a vencer&aacute;.<br /><br />La ilusi&oacute;n de vivir es como el deseo de leer. Las p&aacute;ginas cotidianas de la vida encierran, cada una, una lecci&oacute;n inolvidable, amable u odiosa, capaz de transformarnos de espectadores en protagonistas. Y lo que esta lecci&oacute;n ense&ntilde;a es que antes de las obras extensiones de nosotros, lo m&aacute;s digno de leer son nuestros actos y nuestras omisiones, los mismos que dan pie y se resumen en los libros, los edificios o melod&iacute;as. No en balde enfatizan Calder&oacute;n de la Barca y Shakespeare que <strong><em>La Vida</em></strong><strong><em> es Sue&ntilde;o</em></strong>, aunque a veces algo nos parezca el sue&ntilde;o de la vida.<br /><br />La ilusi&oacute;n de vivir escribe en nuestra alma como la tinta en estos Apuntes alrededor del deseo, confront&aacute;ndonos con nuestra soledad radical, con lo que somos o pretendemos ser.<br /><br />&ldquo;<em>Papa, can you hear me?</em>&rdquo;, &ldquo;<em>There are moments you remember all your life</em>&rdquo; ser&iacute;an dos canciones del filme <strong><em>Yentl</em></strong>, protagonizada y dirigida por mi amada Barbra Streisand, que por ahora quiero a&ntilde;adir a modo de remate para esta rese&ntilde;a,&nbsp;en el entendido de que estos apuntes no nada m&aacute;s pretenden inducir a la lectura de ciertos t&iacute;tulos, sino con mayor ambici&oacute;n propiciar, en quien posa sus ojos aqu&iacute;, la inquietud por hacer de lo que la vida nos da el meollo del deseo de leer lo que de la vida queda en las obras de los hombres.]]></description>
<date>9/28/2008</date>
<time>8:24:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=171</link>
<id>171</id></item>
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<title><![CDATA[TÍTULOS VEREDES, SANCHO]]></title>
<description><![CDATA[<!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if !mso]><br /><style><br />st1:*{behavior:url(#ieooui) }<br /></style><br /><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--{PS..3}-</style>Y como esto no se acaba hasta que se acaba, comienzo esta entrega como si se tratara de un nuevo principio, cual preludio de Chopin; como de costumbre, usando palabras prestadas que ahora me pertenecen por estar alojadas en uno de mis ventr&iacute;culos y no nada m&aacute;s en uno de mis hemisferios o entre los pliegos de un mamotreto.<br /><br />L&iacute;neas m&aacute;s o menos, dichas o supuestas, voy descubriendo como <strong><em>El Hablador</em></strong> que &ldquo;pasan cosas buenas y pasan malas cosas. Antes abundaban los seripigaris y, si ten&iacute;a duda sobre qu&eacute; comer, la manera de curar el da&ntilde;o, las piedras que protegen contra Kientibakori y sus diablillos, el hombre que andaba iba a preguntar. Siempre hab&iacute;a alg&uacute;n seripigari cerca. Fumando, tomando conocimiento, reflexionando y conversando con el saankarite en los mundos de m&aacute;s arriba, &eacute;l averiguaba la respuesta. Ahora, hay pocos, y algunos no deber&iacute;an llamarse seripigaris, pues &iquest;saben acaso dar consejos? Su sabidur&iacute;a se les sec&oacute; como ra&iacute;z agusanada, quiz&aacute;s. Eso est&aacute; trayendo mucha confusi&oacute;n. As&iacute; dicen, por donde voy, los hombres que andan. &iquest;Ser&aacute; que no nos movemos bastante? [&hellip;] &iquest;Nos habremos vuelto, tal vez, perezosos? Estaremos faltando a nuestra obligaci&oacute;n, quiz&aacute;s&rdquo;.<br /><br /><img hspace="3" height="315" border="2" align="right" width="195" vspace="3" src="/upload/Image/DelaVega/El Hablador.jpg" alt="" />Esto, escrito por Mario Vargas Llosa en una novela que ahora grata y venturosamente Alfaguara reedita en un tomo aparte, m&aacute;s manuable que el que me ha venido ocupando desde hace d&iacute;as, lo voy leyendo alrededor de los acontecimientos recientes que han incidido en la conciencia de los mexicanos; sucesos internos y externos, macabros unos, inesperados otros, todos causantes de desasosiego. &iquest;Ser&aacute; que el movimiento hoy es tal que ocasiona v&eacute;rtigo? Confusi&oacute;n parece la consigna diaria recogida por los colegas periodistas y comunicadores, voceros del bien y el mal. &iquest;Nos habremos vuelto, tal vez, conformistas? El miedo nos tiene ateridos, como si vivi&eacute;ramos en un invierno pertinaz que comenz&oacute; en 1994 y ha sido abonando a nuestra sabidur&iacute;a como pueblo.<br /><br />A veces quisiera encontrarme con Tasurinchi, &ldquo;el del Kompiroshiato, [quien] mejoraba la vida de la gente. Ten&iacute;a recetas de todo y para todo [&hellip;] Me ense&ntilde;&oacute; muchas cosas. Ahora me acuerdo de esta. <em>Al que muere picado de v&iacute;bora hay que quemarlo r&aacute;pido, si no, su cad&aacute;ver criar&aacute; reptiles y el bosque en torno hervir&aacute; de animales ponzo&ntilde;osos</em>. Y de esta otra. <em>No basta quemar la casa del que se va, hay que hacerlo de espaldas. Mirar a las llamas trae desgracia.</em> Hablar con ese seripigari daba miedo. Uno averiguaba lo mucho que no sab&iacute;a. De la ignorancia sus peligros, tal vez&rdquo;.<br /><br />Por supuesto tendr&iacute;a muchas preguntas, especialmente coincidir&iacute;a con la inquietud sobre c&oacute;mo habr&iacute;a aprendido tantas cosas, y seguramente obtendr&iacute;a la misma respuesta: &ldquo;Lo importante es no impacientarse y dejar que lo que tiene qu&eacute; ocurrir, ocurra [&hellip;] Si el hombre vive tranquilo, sin impacientarse, tiene tiempo de reflexionar y de recordar [&hellip;] As&iacute; encontrar&aacute; su destino, tal vez. Vivir&aacute; contento, quiz&aacute;s. Lo aprendido no se le olvidar&aacute;. Si se impacienta, adelant&aacute;ndose al tiempo, el mundo se enturbia, parece. Y el alma cae en una telara&ntilde;a de barro. Eso es la confusi&oacute;n. Lo peor, dicen. En este mundo y en el alma del hombre que anda. Entonces, no sabe qu&eacute; hacer, d&oacute;nde ir. No sabe defenderse [&hellip;] Entonces, los diablos y sus diablillos se entrometen en su vida y juegan con ella [&hellip;] Los errores se cometen siempre por la confusi&oacute;n [&hellip;] &iquest;Qu&eacute; hay que hacer para no perder la serenidad [&hellip;]? Comer lo debido y respetar las prohibiciones&rdquo;.<br /><br />Pero esta visto que, en los tiempos que vivimos, las prohibiciones evidentes, convenidas y asentadas en los instrumentos de la ley son, todo lo contrario, puntos de partida, permisos para explorar lo oculto, lo negativo. Se trata de la herencia ad&aacute;nica, quiz&aacute;s; la debilidad humana frente al pecado va m&aacute;s all&aacute; de siete teologales mancuernas, o de claros delitos contra la sociedad y sus costumbres.<br /><br />Lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando. Mario Vargas Llosa juega en <strong><em>El Hablador</em></strong> con la influencia kafkiana y dota su texto con una versi&oacute;n indiana de <strong><em>La Metamorfosis</em></strong>.  En ella, Tasurinchi-Gregorio [Samsa], mutado en chicharra-machacuy, allana una explicaci&oacute;n para el cambio asoci&aacute;ndolo con una &ldquo;mala mareada&rdquo;. Simple. Un mal rato.<br /><br />Lo que M&eacute;xico est&aacute; experimentando desde hace poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, sin embargo, pesa y molesta m&aacute;s que una resaca. Ya lo observaba el autor de estos apuntes en su ensayo <a href="javascript:void(0);/*1221626430553*/"><em><strong>Una cris&aacute;lida llamada M&eacute;xico (http://tiempoydestiempo.wordpress.com/2005/11/18/crisalida-mexicana/)</strong></em></a>. La ebriedad que ha hecho presa de unos cuantos con cierto poder, enfermos de soberbia y codicia, cimienta el diagn&oacute;stico de lo que hoy nos aqueja. Como bien dice el Tasurinchi, &ldquo;[N]ada de lo que pasa, pasa por que s&iacute; [&hellip;] Todo tiene su explicaci&oacute;n, todo es causa o consecuencia de algo. Tal vez. Hay m&aacute;s diosecillos y diablillos que gotas de agua en la cocha y el r&iacute;o m&aacute;s grandes [&hellip;] Andan mezclados con las cosas. Los hijos de Kientibakori para desordenar el mundo y los de Tasurinchi para conservarle su orden. El que sabe las causas y las consecuencias tiene la sabidur&iacute;a, tal vez. Yo a&uacute;n no la alcanc&eacute;, diciendo, aunque se algo sabio y pueda hacer cosas que el resto no [&hellip;] Volar, hablar con el alma del muerto, visitar los mundos de abajo y de arriba, meterme en el cuerpo de los vivos, adivinar el porvenir y entender el idioma de ciertos animales [&hellip;]&rdquo;.<br /><br />Antes de levantar la pluma y haciendo honor a la palabra empe&ntilde;ada quiz&aacute; en el mismo origen de mis apegos, quepa decir, sumar a estos apuntes alrededor del deseo un viejo pera renovado af&aacute;n, ahora enhiesto con el &eacute;nfasis del llamado a solidaridad a que ha orillado el insidioso mascar&oacute;n del dolor impuesto en Morelia y mismo que lleva hoy a todos a echar venablos. Sirva pues esta rese&ntilde;a del sentir para hacer del lamento un homenaje; de la indignaci&oacute;n, fortaleza; de la rabia, valent&iacute;a; de la oposici&oacute;n, franca honestidad.<br /><br />Toda proporci&oacute;n guardada, hoy y desde hoy, el festejo de nuestra independencia ser&aacute;, parafraseando la obra de Arturo P&eacute;rez-Reverte, <strong><em>un d&iacute;a de c&oacute;lera</em></strong> contra la ignominia de la impunidad, contra el abuso del desatino y el desconcierto; un d&iacute;a para recordarnos a&uacute;n m&aacute;s por qu&eacute; somos mexicanos y que aun siendo varios somos uno. Esta es mi palabra entregada.]]></description>
<date>9/16/2008</date>
<time>9:14:00 PM</time>
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<title><![CDATA[AL MENOS EN SU PRETENSIÓN MÁS ÍNTIMA]]></title>
<description><![CDATA[<link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if !mso]><br /><style><br />st1:*{behavior:url(#ieooui) }<br /></style><br /><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />p.Poema, li.Poema, div.Poema<br />	{<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:177.2pt;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-indent:-5.0cm;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />p.PoemaCxSpFirst, li.PoemaCxSpFirst, div.PoemaCxSpFirst<br />	{<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:177.2pt;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-indent:-5.0cm;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />p.PoemaCxSpMiddle, li.PoemaCxSpMiddle, div.PoemaCxSpMiddle<br />	{<br />	margin-top:0cm;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:177.2pt;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-indent:-5.0cm;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />p.PoemaCxSpLast, li.PoemaCxSpLast, div.PoemaCxSpLast<br />	{<br />	margin-top:0cm;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:177.2pt;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-indent:-5.0cm;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:15.0cm 24.0cm;<br />	margin:3.0cm 2.0cm 2.0cm 2.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br</style><span>Fluyen las notas c&aacute;lidas, profundas del <strong><em>Concierto No. 2 en Do menor opus 18</em></strong> para piano y orquesta de Sergei Rachmaninov e inundan el estudio con memorias de momentos dichosos que ya no ser&aacute;n m&aacute;s, sino en el espacio de los recuerdos. Traen im&aacute;genes de lapsos lacrimosos que marcaron mi pasado, ensue&ntilde;os, imaginaciones de c&oacute;mo ve&iacute;a lo que hoy no soy, suposiciones sobre el ma&ntilde;ana que ahora comienza a ser s&oacute;lo un bosquejo de lo deseado.</span><span><br /><br />La m&uacute;sica es un libro abierto, el m&aacute;s sencillo y por lo mismo el m&aacute;s complejo de todos. No existe Quijote o rey shakesperiano alguno que no sucumba ante sus encantos. Cada m&uacute;sico es un autor nuevo que con su habilidad reescribe la noci&oacute;n de vida de aquel que se atrevi&oacute; a gemir mediante determinado instrumento. Pero m&aacute;s all&aacute; de burdas definiciones est&aacute; la expresi&oacute;n penetrante, la sujeci&oacute;n y la liberaci&oacute;n de las emociones m&aacute;s encontradas.</span><span><br /><br />&iquest;Cu&aacute;ntas veces he escrito inspirado por esta pieza? No lo s&eacute;. No me he puesto a contar las palabras, poemas, cuentos o ensayos impregnados de Rachmaninov. Versiones van y vienen, y una en particular est&aacute; alojada en mi discoteca y en mi mente: la ejecuci&oacute;n magistral del pianista Alexis Weissenberg conducido genialmente por Herbert von Karajan al mando de la Orquesta Filarm&oacute;nica de Berl&iacute;n, por cierto muy similar a la que escucho al momento de escribir estas l&iacute;neas interpretada por el mismo director y orquesta pero con Lilia Silverstein al piano.</span><span><br /><br />Como la humedad, la melod&iacute;a se ha colado hasta estos <strong><em>Apuntes alrededor del deseo</em></strong> para acentuar en mi pensamiento el hecho de que, como concluye Manola en <strong><em>Un calor m&aacute;s cercano</em></strong>, novela escrita por Maruja Torres y la cual termin&eacute; de leer recientemente con un grat&iacute;simo sabor de ojos; concluyo como Manola, dec&iacute;a, que &ldquo;dentro del Barrio, como de las personas, [hay] otros muchos barrios, pero que en este caso s&oacute;lo necesitaba entrar en una calle, doblar una esquina o cambiar de acera, para conocerlos como quien avanza, p&aacute;gina a p&aacute;gina, en la lectura de los libros gordos que [alguien muy querido] empez&oacute; a regalarme a partir de <strong><em>Oliver Twist</em></strong>&rdquo;.</span><span><br /><br />As&iacute;, hoy, Rachmaninov me ha alcanzado un volumen denso, sustancioso que me habla al o&iacute;do como Maruja Torres a mis pupilas cuando escribe: &ldquo;Hay un principio para cada episodio de la vida, como hay un final, pero nadie es capaz de reconocerlo cuando se presenta, quiz&aacute; porque vivir consiste en perder a menudo, ganar de vez en cuando, pero casi nunca en saber. Amamos sin razones, y sin razones, tambi&eacute;n, caemos en la indiferencia. Partimos, creyendo que la despedida ha sido consumada, para descubrir que el adi&oacute;s a&uacute;n sigue ah&iacute;, lento y desgarrador, inexplicable. Con igual falta de pericia confundimos la nostalgia por un sentimiento con el sentimiento mismo, y arrastramos, durante m&aacute;s tiempo del necesario, difuntos que piden a gritos que se les eche tierra encima. No creo que el conocimiento acerca de o que uno siente mitigue el dolor o intensifique el goce. M&aacute;s bien al contrario, porque aleja del que sufre la esperanza e introduce en la felicidad el germen de la duda. Pero algo te da: la posibilidad de renacer entre las ruinas&rdquo;.</span><span><br /><br />Entre lo que queda de lo que una vez fue deseo surgen, se erigen como restos de una aspiraci&oacute;n los primeros t&iacute;tulos de estos apuntes y, como ocurre con un templo griego o maya o una fortaleza medieval derribados por la inclemencia del tiempo y los elementos, forman un conjunto que describe el trabajo de la pluma:</span><br /><br /><br /><br />Bautizando el aire,<br /><br />la tinta del deseo,<br /><br />legajos con literatura en el cuerpo,<br /><br />el gran transformista<br /><br />recorta fragmentos de deseo<br /><br />acusaciones de afanes confesos<br /><br />entre dunas y regiones;<br /><br />fronteras desdibujadas<br /><br />sobre la piel del texto;<br /><br />perfiles de ma&ntilde;anas,<br /><br />amores suspirantes y d&iacute;as dictados;<br /><br />machaca libros y guarnece,<span><br /><br />entre amor y discordia, las ansias guardadas.</span><br /><br /><br /><br />Va tallando en sus batallas<br /><br />&mdash;camino a la redenci&oacute;n<span><br /><br />en alas de la culpa y la iron&iacute;a, monologando</span><span><br /><br />apetitosamente, cual gourmet concentrado</span><br /><br />entre el hablador y el idiota&mdash;<br /><br />bruma selv&aacute;tica, meandros de ideas.<span><br /><br /><br /><br />El gran transformista, en su estupidez,</span><br /><br />conviviendo con trece a la mesa,<br /><br />eslabona una cadena de lectores<span><br /><br />y, entre tiempos, el banquete de palabras<br /><br /></span><span>traza coincidencias, disyunciones, conjunciones,</span><br /><br />apuntes alrededor del deseo,<br /><br />entregas sin fin,<br /><br />ma&ntilde;ana germinando<br /><br />este t&iacute;tulo que no cuenta<br /><br />la correspondencia con el lector.<br /><br /><br /><br />Entre tantos afanes, el hambre,<br /><br />la sed de conocimiento, de Ser,<br /><br />construyen un poema &iacute;nclito<br /><br />al menos en su pretensi&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima.<br /><br /><br /><br />T&iacute;tulos veredes, Sancho,<br /><br />en la proximidad, a lontananza,<br /><br />y habr&aacute;s de percatarte con azoro<br /><br />que no hay hoy, s&oacute;lo ayer y ma&ntilde;ana,<span><br /><br />expuestos, denudados apuntes alrededor del deseo.</span><br /><br /><br /><br />O, como dice Tasurinchi en <strong><em>El Hablador</em></strong>: &ldquo;Cada hombre tiene su obligaci&oacute;n [&hellip;] &iquest;Para qu&eacute; andamos? Para que haya luz y calor, para que todo est&eacute; tranquilo. &Eacute;se es el orden del mundo. El que convers&oacute; con las luci&eacute;rnagas hace lo que debe hacer. Yo cambio de lugar cuando aparecen los viracochas. Ser&aacute; mi destino, tal vez. &iquest;Y el tuyo? Visitar a la gente, habl&aacute;ndole. Es peligroso desobedecer al destino. [&hellip;] Ahora les hablo a ustedes. Ma&ntilde;ana c&oacute;mo ser&aacute;&rdquo;.]]></description>
<date>9/14/2008</date>
<time>8:08:00 PM</time>
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<title><![CDATA[CONSTRUYEN UN POEMA ÍNCLITO]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><span>He llegado al punto en el que el deseo se convierte en maravilla y la evocaci&oacute;n transforma el clamor en ruego.<br /><br /></span><span>&iexcl;Qu&eacute; importante es el retorno!; para una cultura como la nuestra donde la memoria es cosa del pasado, no m&aacute;s, y para la que es preferible el progreso a la historia. Aqu&iacute; cabr&iacute;a apuntar algunas de las consideraciones que hace Eloy Urroz en su novela <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong>, que a&uacute;n estoy leyendo, y las cuales pone en boca de su personaje Eusebio Cardoso. Me interesa retomar esas palabras por razones personales, pero tambi&eacute;n para prenderme del gancho de esta cadena a modo de cebo, quien quita y pesco m&aacute;s que un resfriado.</span><span><br /><br />Y es que &ldquo;esto del realismo [&hellip;] es una pinche man&iacute;a que en el fondo tiene que ver m&aacute;s con un problema de verosimilitud que con un problema de mimetismo o reflejo acucioso del mundo, el cual, en principio, no me interesa. A m&iacute; como lector y/o espectador de pel&iacute;culas siempre me ha importado una cosa por encima de todas las dem&aacute;s: la verosimilitud, la puta verosimilitud, aun cuando se trate de marcianos, sirenas ninf&oacute;manas o gigantes meones en la cima de Notre Dame [&hellip;] Lo dem&aacute;s se desprende de ella, de la verosimilitud; lo dem&aacute;s se supedita a mi convicci&oacute;n o fe, a la capacidad del autor por hacerme creer lo que estoy viendo o leyendo, y si no lo consigue, si yo no adquiero o me avengo con la supuesta <em>verdad</em> insinuada por &eacute;l, entonces decaen mis ganas de continuar mi tarea de inmersi&oacute;n friccional: mi atenci&oacute;n se desvanece, el acto de ver la pel&iacute;cula o leer el libro deja de tener sentido, deja de importar, y me quedo dormido [&hellip;] &iquest;Para qu&eacute; sigo[&hellip;]? [&hellip;] Mejor cerrar el libro, mejor salirse del cine, mejor enfrentar la realidad, la cual, es cierto, a veces resulta mucho menos veros&iacute;mil que cualquier fricci&oacute;n. &iquest;A qu&eacute; se deber&aacute; esa debilidad, esa flaqueza m&iacute;a o lo que sea? Acaso de all&iacute; surja esa urgencia por cerrar lo que hace rato dej&eacute; inconcluso, a medias [&hellip;]&rdquo;.</span><span><br /><br />Todos en alg&uacute;n momento dejamos algo inconcluso, queriendo o no. Eusebio Cardoso en ese punto retoma dentro de la novela la truculenta historia de la parentela de su mujer. &iquest;En mi caso? Sumo y resto ideas, a&ntilde;ado t&iacute;tulos que no cuentan y sin embargo abonan significado a estos <strong><em>Apuntes alrededor del deseo</em></strong>, que cuentan sin grandes detalles, que asoman t&iacute;midamente la historia de una familia, de un individuo com&uacute;n que de pronto se cree extraordinario; una historia con tintes de ficci&oacute;n y, sin embargo, en su vaguedad, veros&iacute;miles. Estos apuntes se antojan cual mi historia, tu historia, la historia de no s&eacute; qui&eacute;n. Lo que se cuenta puede ser tan cierto como falso, seg&uacute;n se cuente y sobre todo seg&uacute;n el prop&oacute;sito de quien narre.</span><span><br /><br />Aqu&iacute; seguro alguno me reconvendr&aacute; acentuando la finalidad de estos espacios, reclamando que s&uacute;bito en mis regodeos ling&uuml;&iacute;sticos no tome en cuenta al lector. En ese caso s&oacute;lo me queda citar divertido a Eloy Urroz nuevamente: &ldquo;Querido lector, no me he olvidado de ti, de ninguna manera. Imposible. Sin ti, &iquest;recuerdas?, no habr&iacute;a historia y tampoco tendr&iacute;a compa&ntilde;&iacute;a, estar&iacute;a solo como ostra. Jam&aacute;s te he abandonado [&hellip;] y tampoco, lo s&eacute;, t&uacute; me has olvidado a m&iacute;, de lo contrario ya no estar&iacute;as leyendo, &iquest;o no es cierto?, de lo contrario no habr&iacute;as llegado hasta este infame y escabroso recodo del camino, hasta estalargahileradetenebrosatipograf&iacute;a&rdquo;.</span><span><br /><br />Y no faltar&aacute; tambi&eacute;n quien se exalte y exclame: &ldquo;&iexcl;Basta de citas! Espero rese&ntilde;a&rdquo;. A tal responder&eacute;: qu&eacute; mejor resumen que el contenido en las palabras mismas del autor.</span><span><br /><br />El acto po&eacute;tico de la literatura descansa sobre los cimientos de la intenci&oacute;n y se levanta con la energ&iacute;a de la intensi&oacute;n. La plancha de palabras s&oacute;lo sirve de base para las paredes, castillo y umbrales que componen la construcci&oacute;n de esa casa llamaba texto o libro, y en la que habitan caras, voces, nombres, est&iacute;mulos; donde circulan y acaecen sentimientos, pensamientos, ambientes veros&iacute;miles.</span><span><br /><br />La realidad grosera del poema deslizado entre estos apuntes alrededor del deseo hace viable cualquier ficci&oacute;n &mdash;o, como nombra Urroz, <em>fricci&oacute;n</em>&mdash;. Escuchar una voz a trav&eacute;s de la l&iacute;nea telef&oacute;nica puede volverse una promesa, aunque lo dicho por tal voz no asegure o comprometa nada en particular. Del mismo modo que los animales escuchan &ldquo;a trav&eacute;s de nuestro silencio, a trav&eacute;s de nuestra piel, a trav&eacute;s de nuestros ojos, lo que somos y queremos&rdquo;, all&aacute; en la distancia, del otro lado de la l&iacute;nea telef&oacute;nica, del otro lado de la invisible conexi&oacute;n que une al autor con su lector, alguien, un personaje como Zayd&uacute;n (<strong><em>La mano de fuego</em></strong>) &ldquo;evocar&iacute;a esa lecci&oacute;n de la infancia muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, escribiendo [as&iacute; fuera sobre el papiro del inter&eacute;s] sobre la urgente necesidad de los hombres de convertirnos en animales del desierto y aprender a escuchar [en los seres amados], a trav&eacute;s del silencio incluso, a trav&eacute;s de su piel y su presencia [o ausencia, acoto], la naturaleza m&aacute;s profunda de sus deseos&rdquo;.</span><span><br /><br />Imagino en este preciso momento a uno de los personajes de mi historia personal, su voz inesperada, o&iacute;da luego de veinte a&ntilde;os de ausencia. Imag&iacute;nole bebiendo un poco de agua, quiz&aacute; enjugando con el dorso de la mano una l&aacute;grima, y descubriendo, como plantea Ruy S&aacute;nchez [<em>op.cit.</em>], que &ldquo;lentamente y por caminos imprevisibles sobre la piel, el agua se convierte en fuego. Y de la mano puede surgir un incendio que se propaga por todo el cuerpo. Que llega a la cabeza y hace arder incluso las ideas, las palabras, lo que se mira y lo que se anhela&rdquo; cual decreto.</span><br /><br /><span>Maravilla extra&ntilde;a, el deseo. Extra&ntilde;a y maravilla, el af&aacute;n. Por esto y m&aacute;s deseo afanosamente.</span>]]></description>
<date>9/10/2008</date>
<time>8:17:00 PM</time>
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<title><![CDATA[LA SED DE CONOCIMIENTO, DE SER]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:15.0cm 24.0cm;<br />	margin:3.0cm 2.0cm 2.0cm 2.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><strong><em>Presentimientos</em></strong><span>&hellip; M&aacute;s que un t&iacute;tulo de novela; un reflejo, una posibilidad. De nuevo mis sospechas se confirman&hellip; <strong><em>Ante los ojos de Desir&eacute;e</em></strong>.</span><span><br /><br />&ldquo;&iquest;D&oacute;nde estoy que me he perdido?&rdquo;, nos preguntamos Luciano Talbek, Luc&iacute;a y el autor de estas l&iacute;neas; el primero en la obra de Federico Reyes Heroles, la segunda en la de Clara S&aacute;nchez y el tercero en la vida cotidiana. El primero, periodista y acad&eacute;mico, en su extrav&iacute;o existencial concluye: &ldquo;Todo fue un invento que deseo revivir. Qu&eacute; solo estoy. Me lamento de mis facultades histri&oacute;nicas, me admito derrotado&rdquo;. La segunda, mujer, madre y esposa, en su inconsciencia producto de un fat&iacute;dico accidente se reconstruye, imagen tras imagen, como elemento de un mundo imaginario que tiene toda la realidad contenida. Y el tercero, aspirante a escritor, comunic&oacute;logo, poeta, acad&eacute;mico, ermita&ntilde;o profesional se exhibe medroso, reptante entre renglones y frases silentes como estas que generan ruido en tu cabeza, amable lector.</span><span><br /><br />Dos novelas que, aun cuando distintas, empatan. Un hallazgo m&aacute;s que se suma a los palomazos y se&ntilde;alamientos previos en estos Apuntes alrededor del deseo. Gajes de la vida y de la literatura. Luciano y Luc&iacute;a son como dos caras de una misma moneda, una que puesta en mi mano y lanzada en suerte me hala a modo de extensi&oacute;n de su valor.</span><span><br /><br />Como Luciano <strong><em>Ante los ojos de Desir&eacute;e</em></strong>, hoy digo: &ldquo;No tengo empleo y la palabra liquidar me resuena. Conciencia repleta, a pesar de las horas de sue&ntilde;o. Admito querer fugarme. Ni alcohol, ni pastillas; soy yo conmigo mismo. [&hellip;] Ni Tagore, ni Rilke. Vac&iacute;o, plenamente vac&iacute;o; sin pasi&oacute;n, ni mito; sin mentira, ni verdad. Sin actuaci&oacute;n, tal como lo imagin&eacute;. Estereotipos que, como agua creciente, me ahogan. Me busco en la falsedad de mi propio enga&ntilde;o. Me busco en la realidad de tu propio ser&rdquo;.</span><span><br /><br />Como Luc&iacute;a anhelo el reencuentro con los seres queridos que s&eacute; donde est&aacute;n y sin embargo s&eacute; lejanos; y como su esposo, F&eacute;lix, me preocupo, me angustia la salud de mi amor.</span><span><br /><br />Pero, tambi&eacute;n, atento a los comentarios que pueden o podr&iacute;an suscitar estos apuntes no descarto escuchar como Talbek: &ldquo;Mira, Luciano, d&eacute;jate de marometas intelectuales y sigue viviendo; ya lo dijo alguien, no s&eacute; qui&eacute;n, <em>estamos a bordo de la vida, vivir es nuestra profesi&oacute;n</em>&rdquo;.</span><span><br /><br />Y, escribiendo esto, como fondo, la voz de Eugenia Le&oacute;n murmulla en mi o&iacute;do &ldquo;Como yo te am&eacute;&rdquo;.</span>]]></description>
<date>8/28/2008</date>
<time>6:37:00 PM</time>
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<id>167</id></item>
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<title><![CDATA[ENTRE TANTOS AFANES, EL HAMBRE]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><!--[if !mso]><br /><style><br />st1\:*{behavior:url(#ieooui) }<br /></style><br /><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:15.0cm 24.0cm;<br />	margin:3.0cm 2.0cm 2.0cm 2.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><span>El deseo se antoja como una suerte de noche inquieta; una en la que el sue&ntilde;o es el &uacute;nico que cuenta, cuando las palabras, todas, hasta los neologismos, carecen, si no pierden, el significado usual que les damos en el d&iacute;a, siquiera en la conversaci&oacute;n matinal o en la despedida bajo la sombra violeta del ocaso. Una, sin embargo, en la que se conoce de una vez para siempre la raz&oacute;n por la cual el Sol no necesariamente sale para todos.</span><span><br /><br />Todas la personas, en todas las culturas, requerimos la definici&oacute;n; hasta los chinos, y si no se cree, m&iacute;rese por lo menos de soslayo su aspiraci&oacute;n ol&iacute;mpica a modo de advertencia: &ldquo;aqu&iacute; estoy&rdquo;. El verbo, siendo lo primero en la creaci&oacute;n, devino y contin&uacute;a en el plano b&aacute;sico de la determinaci&oacute;n. Se es lo que Es. Ser, como verbo fundamental, en cuanto acto originario, desde el cual dimana todo es (valga la redundancia) tambi&eacute;n destino de nada, de la Nada. En el Ser, en ser, radica <strong><em>La Historia</em></strong><strong><em>  Interminable</em></strong> que nos ha expuesto Michael Ende. Y esto queda apuntado sin &aacute;nimo de construir una densa filosof&iacute;a al amparo de Martin Heidegger.</span><span><br /><br />Empleado un poco de humor involuntario y como siguiendo el hilo de entregas previas, Luciano Talbek, el personaje central que explora Federico Reyes Heroles en su novela corta <strong><em>Ante los ojos de Desir&eacute;e</em></strong> es victima de la y de su estupidez.</span><span><br /><br />En una suerte de mon&oacute;logo eventualmente interrumpido por encuentros utilitarios, el pensamiento y el sentir de Luciano se confunden. Mis sospechas expresadas antes acerca de su probable paralelo con mi biograf&iacute;a se confirmaron parcialmente, como ocurre con toda experiencia vicaria surgida de la ficci&oacute;n. Todo en su intimidad es deseo: hacia la mujer amada, figura et&eacute;rea cuya existencia material es dudosa; hacia la mujer amante, bruja y madre, expuesta y exigente, como trazan las mitolog&iacute;as y seg&uacute;n explica Joseph Campbell en <strong><em>El H&eacute;roe de las Mil M&aacute;scaras</em></strong>.</span><span><br /><br />Impelido por el af&aacute;n de verdad, pero tambi&eacute;n con el prurito de la mentira, Luciano Talbek, periodista, observador incluso cr&iacute;tico del r&eacute;gimen pol&iacute;tico bajo el cual vive, como apunta Glucksman en su examen de la estupidez, &ldquo;cuando piensa en el totalitarismo [&hellip;] se convierte en v&iacute;ctima de los mitos que circulan en la sociedad observada. [&hellip;] El pesimismo del an&aacute;lisis induce al optimismo de los pron&oacute;sticos: una voluntad que quiere ser ella misma acaba por devorarse a s&iacute; misma, del mismo modo que las m&aacute;s devastadoras tempestades de arena acaban por dispersarse. [&hellip;] En la medida en que la voluntad se dispone como v&iacute;nculo constitutivo de un sistema donde nadie es digno de fe y donde no es posible contar con nada, es preciso concluir que este antimundo est&aacute; socavando por una enfermedad mortal y que promete hacerlo estallar; el terror debe volverse contra el terrorista. [&hellip;] El ejecutor es ejecutado. [&hellip;] Pero, &iexcl;oh, sorpresa!, el sistema subsiste&rdquo;.</span><span><br /><br />Talbek busca dejar expuesta la corrupci&oacute;n. Sus fuentes informadoras, sin embargo, no son muy confiables. Desea ser responsable con respecto al hijo que espera su exalumna Gabia. Anhela el reconocimiento de su nombre en los medios cual si fuese el del mismo dios Hermes, pero no puede hacer m&aacute;s que confirmarse con la median&iacute;a a que lo ha orillado su condici&oacute;n de hijo predilecto de la clase media. En este punto una tenue, obsesiva &ldquo;preocupaci&oacute;n por sobrevivir&rdquo; propia del individuo ciudadano de una era postotalitaria &ldquo;centra la atenci&oacute;n &mdash;dice Glucksman, citando a Fidelius&mdash; en que &ldquo;el deseo de estar tranquilo, el ritmo biol&oacute;gico, acaban por refrenar y controlar al individuo; y la vida por s&iacute; misma se impone como valor supremo mientras no ve otra cosa que el d&iacute;a presente&rdquo;.</span><span><br /><br />En medio de su circunstancia, s&oacute;lo le queda reconocer ante la visi&oacute;n de una cerveza que <em>s&oacute;lo se siente que no se siente solo</em> y, m&aacute;s tarde, ante los ojos del deseo mismo, muriendo literalmente de sue&ntilde;o y ensue&ntilde;o, que, existencialismo de por medio, <em>se nace para morir, se muere para nacer</em>.</span><span><br /><br />Al amparo de esta disquisici&oacute;n expongo mi fundamental coincidencia con lo que el buen amigo bloguero de esta <strong>Cadena de Lectores</strong> Alfaguara Alfredo Flores Barr&oacute;n apunt&oacute; en su espacio al rese&ntilde;ar este texto de r&aacute;pida lectura, aunque por experiencia personal me siento inclinado a resistirme a la distancia que obliga la glosa com&uacute;n. En estos Apuntes alrededor del deseo, casi confesionales, me he hallado como Talbek haciendo un mon&oacute;logo muy al estilo de Miguel de Unamuno y c&oacute;mo &eacute;l, s&oacute;lo me resta disculparme y afirmar que la densidad de mis palabras e intervenciones obedece a una est&uacute;pida obsesi&oacute;n por una existencia ego&iacute;sta mas no eg&oacute;latra. S&oacute;lo me tengo a m&iacute; para explicarme la existencia, y s&oacute;lo desde m&iacute; puedo observar la existencia tal como lo hace Talbek <em><strong>Ante los ojos de Desir&eacute;e</strong></em>: &ldquo;He pensado que la mediocridad es el gran mito a vencer, el gran monstruo a contener. Salir de ella, &eacute;sa es la meta que parece alejarse con la intensidad del trabajo [&hellip;] la mediocridad, eso s&iacute; que a todos nos preocupa. [&hellip;] Creo al fin en mi propio ser mediocre y, relajado, contin&uacute;o. Admito que mis fracasos nocturnos me han llevado una y otra vez a situaciones rid&iacute;culas que prefiero olvidar, aunque en ocasiones me brinda noches aparentemente apacibles. [&hellip;] S&oacute;lo hay una frase que me estorba, de alguien que dijo: <em>tu mente desbocada</em>, pero ella tambi&eacute;n puede estar en el error. Puede incluso ser la causa por la que no desea verme; claro, eso debe ser. Crey&oacute; en mi mente desbocada y ahora descubre mi gran mediocridad. Crey&oacute; en mis inventos que ahora resultan inexistentes. Soy lo que veo, un mediano periodista de paisito subdesarrollado, que en ocasiones promete y en otras agota. De paisito que adoro porque se me ha dicho que debo encontrar los beneficios del subdesarrollo y hacer la cr&iacute;tica de los avanzados. [&hellip;] No soy m&aacute;s que un desgastado Quijote que se reconoce en su dimensi&oacute;n&rdquo;.</span>]]></description>
<date>8/28/2008</date>
<time>3:37:00 PM</time>
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<title><![CDATA[LA CORRESPONDENCIA CON EL LECTOR]]></title>
<description><![CDATA[<meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type" /><br /><meta content="Word.Document" name="ProgId" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Generator" /><br /><meta content="Microsoft Word 11" name="Originator" /><br /><link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CJavito%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List" /><!--[if gte mso 9]><xml><br /> <br />  Normal<br />  0<br />  21<br />  <br />  <br />  false<br />  false<br />  false<br />  <br />   <br />   <br />   <br />   <br />   <br />  <br />  MicrosoftInternetExplorer4<br /> <br /></xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><![endif]--><style type="text/css"><br /><!--<br /> /* Font Definitions */<br /> @font-face<br />	{"Trebuchet MS";<br />	panose-1:2 11 6 3 2 2 2 2 2 4;}<br /> /* Style Definitions */<br /> p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal<br />	{mso-style-parent:"";<br />	margin-top:3.0pt;<br />	margin-right:0cm;<br />	margin-bottom:0cm;<br />	margin-left:0cm;<br />	margin-bottom:.0001pt;<br />	text-align:justify;<br />	text-indent:14.2pt;<br />	font-size:11.0pt;"Trebuchet MS";<br />	mso-fareast-"Times New Roman";<br />	mso-bidi-"Times New Roman";}<br />@page Section1<br />	{size:612.0pt 792.0pt;<br />	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;}<br />div.Section1<br />	{page:Section1;}<br />--><br /></style><!--[if gte mso 10]><br /><style><br /> /* Style Definitions */<br /> table.MsoNormalTable<br />	{mso-style-name:"Tabla normal";<br />	mso-style-parent:"";<br />	font-size:10.0pt;"Times New Roman";}<br /></style><br /><![endif]--><span>Agradezco mucho tu comentario, Edgard, y tu tiempo. En efecto, <em><strong>El Hablador</strong></em> es quiz&aacute; de los libros menos conocidos de Vargas Llosa. Confieso que no lo conoc&iacute;a, como tampoco algunos de los t&iacute;tulos incluidos en el volumen que he venido disfrutando. De estos tom&eacute; el mencionado primero por lo atractivo del t&iacute;tulo, en segundo lugar con el prop&oacute;sito de poner a prueba la resistencia f&iacute;sica de la edici&oacute;n (muy gruesa), ya que queda justo en medio del tomo; en tercer lugar con la creencia de que era un <strong>relato breve</strong> y para descubrir que se trata de una novela en toda forma, que aun cuando corta, abarca casi la quinta parte del libro. Descubr&iacute; que esta edici&oacute;n es terriblemente inc&oacute;moda y no abona al goce de leer textos tan frescos y fluidos como los que acostumbra Vargas Llosa en la ficci&oacute;n.</span><span><br /><br />Tema aparte pero no del todo desligado, descubr&iacute; un Vargas Llosa estudioso, cuyo oficio period&iacute;stico le sirvi&oacute; de s&oacute;lido basamento para construir un texto did&aacute;ctico en lo antropol&oacute;gico, en lo etnol&oacute;gico, preocupado por la conservaci&oacute;n de las ra&iacute;ces &quot;primitivas&quot; del <strong>Per&uacute; amaz&oacute;nico</strong>, muchas de ellas ancladas en la tradici&oacute;n oral como son los mitos de la creaci&oacute;n, las leyendas relacionadas con los ritos de iniciaci&oacute;n, etc. Y por supuesto, con un inter&eacute;s acucioso por registrar el vocabulario m&aacute;s asequible de las lenguas ind&iacute;genas retratadas.</span><span><br /><br />Su dificultad quiz&aacute; se encuentra en este &uacute;ltimo punto, porque es com&uacute;n que el lector no debidamente entrenado en la lectura comprensiva (como nos ocurre a muchos mexicanos) se atore en las palabras y en el af&aacute;n por definirlas no valore el contexto. Ocurre con textos que incluyen nahua, ingl&eacute;s o cualquier otra lengua. Adoleci&oacute; de lo mismo la literatura modernista con su cosmopolitismo que hoy no falta quien tache de rancio.</span>  <span>Con esta novela, Vargas Llosa se sumerge en la literatura indigenista desde su estilo y consigue una obra que me atrevo a decir es de la mayor importancia. No es por ning&uacute;n motivo una obra menor. Toda proporci&oacute;n guardada, cabe en el mismo caj&oacute;n donde pondr&iacute;amos en M&eacute;xico sinn&uacute;mero de <strong>antolog&iacute;as </strong>de cuentos, reproducciones de leyendas, c&oacute;dices y novelas memorables en torno al tema ind&iacute;gena prehisp&aacute;nico, precolombino e incluso de la &eacute;poca de la conquista y posteriores.</span><br /><br /><strong><u>POST DATA</u></strong><br /><br />El presente texto lo he tomado directamente de entre los comentarios a este espacio. Si bien su inclusi&oacute;n, como la anterior entrega desvirt&uacute;an el orden de los t&iacute;tulos de estos Apuntes alrededor del deseo, no hace lo mismo en cuanto a la esencia de los mismos, pues detr&aacute;s de cada entrega est&aacute; el deseo de di&aacute;logo contigo, amigo lector, cuya paciencia agradezco infinitamente.]]></description>
<date>8/26/2008</date>
<time>3:27:00 PM</time>
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<id>165</id></item>
<item>
<title><![CDATA[ESTE TÍTULO NO CUENTA]]></title>
<description><![CDATA[De antemano, una disculpa a todos los que, amigos o detractores, han seguido estos apuntes alrededor del deseo. Este t&iacute;tulo no cuenta como parte del conjunto que llev&aacute;bamos. S&eacute; que tendr&iacute;a que escribir estas l&iacute;neas en otra parte, pero por arte del destino han quedado indisolublemente asociadas a esta cadena; no por gusto ni por azar, m&aacute;s bien como exabrupto, cual ap&eacute;ndice deseoso.<br /><br />En d&iacute;as pasados recib&iacute; las lecturas correspondientes a las entregas venideras: <em><strong>Presentimientos</strong></em>, novela por Clara S&aacute;nchez y cuyo <a href="javascript:void(0);/*1218068416383*/"><strong>blog </strong></a>recomiendo ampliamente; y <em><strong>Ante los ojos de Desir&eacute;e</strong></em>, novela corta escrita por Federico Reyes Heroles. La primera, espa&ntilde;ola. El segundo, mexicano. Como es de esperarse, de inmediato les hice sitio a la mesa del banquete mencionado l&iacute;neas atr&aacute;s y me d&iacute; a la tarea de comenzar su lectura.<br /><br />Ahora bien, si he comenzado con una disculpa, es porque no tengo los seis sentidos puestos en la encomienda. Y as&iacute; lo anot&eacute; en la primera de forros internos ante los ojos de Desir&eacute;e con un texto aplicable a ambas obras:<em><br /><br />6 de agosto de 2008. Aun antes de leer este libro adivino en su trama una gran similitud con mis sue&ntilde;os, con mi vida misma. Ya ver&eacute; cuan cierta es mi sospecha. Por lo pronto lo recibo cargado de tristeza, pesadumbre y angustia, pues en d&iacute;as recientes y hoy se ha confirmado, la noticia acerca del estado de salud de mi madre, de mi gran adoraci&oacute;n, me enfrenta</em><em><img hspace="8" height="99" border="2" align="left" width="99" vspace="3" src="/upload/Image/DelaVega/Milka_2005.jpg" alt="" /></em><em> con la proximidad de lo inevitable.<br /><br />Es verdad que a&uacute;n no hay una sentencia dada, que no hay una fecha definitiva. Nadie muere en la v&iacute;spera y, mientras hay vida, hay esperanza. La ciencia ha avanzado horrores, pero no hay garant&iacute;a cuando el diagn&oacute;stico se&ntilde;ala la inminencia, el pel&iacute;gro constante del ro</em><em>mpimiento del aneurisma que aqueja toda la aorta de mi c&oacute;mplice, amiga, confidente</em>.<em> No me hago a la idea de vivir alejado de ella, sin ella. No es miedo a la s</em><em>oledad, siempre he sido solo, solitario, soltero. Es miedo en todo caso a su ausencia.</em><em><br /><br />Hace dos a&ntilde;os perd&iacute; a mi compa&ntilde;era, mi perrita Milka. Nunca experiment&eacute; una si</em><em>mbiosis semejante con una mascota. No la he llorado. A la semana siguiente muri&oacute; la hermana de mi madre, muy querida. No la he llorado. Ahora se me quiere arrancar lo que me qu</em><em>eda. No puedo, no debo llorar. La fortaleza es necesaria para sobrellevar el trance, para servir de soporte.<br /><br />Perd&oacute;n. A veces flaqueo.<br /><br />Ahora,</em><em> s&oacute;lo espero poder cumplir su &iacute;ntimo deseo final: ver a sus nieto</em><em>s, aquellos de los que no sabemos nada desde ha</em><em>ce 20 a&ntilde;os, antes de partir.<br /><br /><br /><br /></em>]]></description>
<date>8/6/2008</date>
<time>7:13:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=163</link>
<id>163</id></item>
<item>
<title><![CDATA[MAÑANA GERMINANDO]]></title>
<description><![CDATA[<div><strong><font size="2">Mucho m&aacute;s que molinos</font></strong></div><br /><p><span>Lleg&oacute; a la isla con ojos nuevos. Surgi&oacute; de pronto tras el accionar de un bot&oacute;n. Su nombre recuerda al del limosnero y su apellido encierra el misterio de la primavera, la sabidur&iacute;a milenaria de oriente.<br /><br />En su primer d&iacute;a de nacido, Beggar Mayo qued&oacute; at&oacute;nito ante el panorama ut&oacute;pico que se ofrec&iacute;a a su vista. Como todo neonato, la torpeza de sus movimientos lo delataba. En medio de otros seres que se asemejaban a &eacute;l, un sentimiento de desamparo lo embarg&oacute;. Su primer impulso: lloriquear, pero como no sal&iacute;a voz alguna de su garganta, lo &uacute;nico que acert&oacute; a hacer fue manotear con desesperaci&oacute;n.<br /><br />Alguien a su lado comenz&oacute; a hacer lo mismo y eventualmente fueron surgiendo, letras, palabras, frases que s&oacute;lo yo ve&iacute;a en su mundo virtual. Me tom&oacute; como su int&eacute;rprete y narrador, y por ello ahora escribo las experiencias de Beggar Mayo, el primer avatar que surgir&iacute;a en mi vida.<br /><br />&iquest;Qui&eacute;n soy yo? Eso no importa. Conf&oacute;rmate con saber que de aqu&iacute; en adelante conocer&aacute;s por conducto m&iacute;o los entuertos y aventuras de una quijotesco personaje surgido de una segunda vida y dispuesto, como aquel famoso hidalgo, a confrontar mucho m&aacute;s que molinos.</span></p><br /><div><strong><font size="2">Apostillando</font></strong></div><br /><p><span>Los jurados de Alfaguara sabr&aacute;n perdonar mi reserva. Contar una vida, mi vida, no es cosa tan sencilla como parece. Es un acto de confesi&oacute;n, un desnudarse ante ojos ajenos cuando a veces ni siquiera los propios se atreven a descubrir las huellas de los tormentos, o las tersuras de caricias acumuladas en la memoria.<br /><br />Para efecto de este concurso, sin pretender ganar, s&oacute;lo he preferido mostrar una faz, la ficticia. Una careta que, sin embargo, devela una capa de la cebolla que supone toda conciencia. En mi devenir, Beggar Mayo es m&aacute;s que un personaje, es el narrador mismo de una aventura a&uacute;n guardada en el tintero. Una serie de entuertos y avatares que a&uacute;n no termina de construirse, pero que es susceptible desde ahora de ser apreciada por lo menos y en principio por el espejo de la ambici&oacute;n.<br /><br />As&iacute; que, no esp&iacute;en m&aacute;s por lo pronto, se&ntilde;ores jueces. En este proceso en el que ahora me encuentro, cualquier argumento podr&iacute;a resultar contraproducente. S&oacute;lo sigo los consejos de mi defensora, mi amiga Soledad, de la que siempre he recibido comprensi&oacute;n. Auguro que el fiscal que pose sus ojos sobre este expediente se ver&aacute;, se sentir&aacute; en la necesidad de contratar a un detective, a un historiador o de menos a un avezado periodista para hacer las pesquisas suficientes que den luz sobre el aparente misterio de mi vida. Una vida, sobra decir, que algunos tachan de melodrama barato. Pero es una historia com&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s puede ser? S&iacute;, veo esa duda en los ojos de algunos de ustedes. Se los dir&eacute;. Una novela taquillera cuyo t&iacute;tulo ser&iacute;a&hellip;<br /><br />No crean que vendar&iacute;a f&aacute;cilmente la obra. Tras las p&aacute;ginas web, tras las paredes, los avatares acechan, esp&iacute;an, aguardando el momento para apropiarse de los derechos del creador.<br /><br />No, no me vean con gesto incr&eacute;dulo. Cada uno de ustedes est&aacute; a la caza de historias que no les pertenecen. Se han mostrado incapaces de contar su vida y, como ladrones de tiempo detr&aacute;s de Momo, babean ante la posibilidad de asestar el golpe artero. Pero yo no les pertenezco, ni Beggar Mayo, ni ninguno de mis <em>&aacute;lter ego</em>. Aunque pretendan lo contrario y me arresten por guardar mis secretos o contarlos s&oacute;lo en esa tierra de nadie que ocultan los libros. Entiendo que quiz&aacute;s a sus ojos soy d&iacute;scolo. Simplemente soy reo de mis aspiraciones literarias. Como alguna vez confes&eacute;.</span></p><br /><div><strong><font size="2">Preso en conciencia</font></strong></div><br /><p><span>Me encuentro confinado en estas l&iacute;neas, acusado de herej&iacute;a, ap&oacute;stata. &iexcl;Anatema!, dice el sello al calce y, no obstante, me siento m&aacute;s libre que nunca.<br /><br />No niego que en ocasiones la letra hache me remite a los barrotes de mi conciencia. Hay veces, tambi&eacute;n, que la letra te me recuerda el cadalso de penurias y sacrificios que la vida levanta en el monte de la esperanza. Todav&iacute;a la letra o me encierra en un pozo de admiraci&oacute;n, sobre todo cuando compruebo cada ma&ntilde;ana, al despertar, oh, que a&uacute;n respiro por la gracia de Dios. &iquest;O ser&aacute; que el aislamiento ha comenzado a revelarme la inmensidad del horizonte, la pasi&oacute;n del tiempo y la profundidad tras el ocaso?<br /><br />Te escribo en el af&aacute;n de escapar del aburrimiento, con la intenci&oacute;n de limar la aspereza del letargo; para no caer en el olvido de lo que fui y podr&iacute;a ser. Pero me embarga la sensaci&oacute;n de que toda palabra es in&uacute;til mientras no encuentra el modo de huir del miedo a decirte cu&aacute;nto de amo.<br /><br />En efecto, cada rasgo, cada trazo es un intento por minar el muro de tu indiferencia. Pienso que, socavando tus defensas, alg&uacute;n d&iacute;a me declarar&eacute; inocente de toda sospecha y, as&iacute;, me entregar&aacute;s las llaves que abran tu coraz&oacute;n&hellip;<br /><br />Nunca imagin&eacute; cu&aacute;n placentero pod&iacute;a ser quedar preso entre tus brazos, encerrado entre tus piernas. No fue sino hasta ese aciago d&iacute;a de abril cuando me percat&eacute; de lo agobiante que ser&iacute;a a&ntilde;orar tus manos rodeando como tersos grilletes mis tobillos, inm&oacute;viles en su deseo, mientras el ritmo de tus caderas torturaba el hilo ardiente de mi pasi&oacute;n ahogada en ti. Desde entonces no hay d&iacute;a que no repase el legajo que contiene la sentencia que me dictaste: nacer de nuevo.<br /><br />Me hallaste culpable de engendrar en ti el recuerdo de un delito. Un crimen, dijiste, que no quedar&iacute;a impune, uno que tarde o temprano deber&iacute;a afrontar con entereza y responsabilidad. Yo estuve dispuesto a pagar el precio. As&iacute; perd&iacute; mi libertad, por causa de tu amor.</span></p>]]></description>
<date>7/4/2008</date>
<time>7:42:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=162</link>
<id>162</id></item>
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<title><![CDATA[ENTREGAS SIN FIN]]></title>
<description><![CDATA[<p><span>&iquest;Cu&aacute;ndo es conveniente, adecuado, permisible, deseable contar la autobiograf&iacute;a de uno? &iquest;Qu&eacute; es o deber&iacute;a ser una autobiograf&iacute;a? &iquest;Un acto de expiaci&oacute;n, uno de contrici&oacute;n; exorcismo, vanagloria de uno, desdoblamiento, condolencia por el mutuo pesar que el paso tiempo ocasiona en el esp&iacute;ritu y en la materia del propio ser? Acaso sea reminiscencia, pero de seguro implica deseo. Anhelo de lo que pudo ser y no fue, de lo que fue y ya no es aun cuando dej&oacute; profunda huella, de lo que es y pudo haber sido, de lo que est&aacute; siendo y pudiera no ser, de lo que ser&aacute; y pudiere no ser como se imagina, como se sue&ntilde;a, como se espera.<br /><br />&iquest;Qu&eacute; palabras me permitieron llegar a este punto gracias a la bonhom&iacute;a de la editorial Alfaguara; cu&aacute;les fueron las frases sueltas o confundidas que dieron tino y pie a que ahora pueda escribir estas l&iacute;neas en este espacio? Tal cuestionamiento efectu&oacute; hace tiempo un amable amigo lector. Un poco bajo la motivaci&oacute;n similar a la de Maruja Torres en su novela <strong><em>Un calor tan cercano</em></strong>, y como mera ocurrencia ociosa, en atenci&oacute;n a la convocatoria que hizo a fines del a&ntilde;o 2007 la editorial Alfaguara para inscribir un texto que narrara la autobiograf&iacute;a de uno mismo, puse a su consideraci&oacute;n una mezcolanza salida de un par de bocetos que hab&iacute;a publicado en otros espacios de mi autor&iacute;a (<a href="http://masquemolinos.blogspot.com"><strong>Mucho m&aacute;s que molinos. Andanzas y Avatares de Beggar Mayo SL</strong></a>, <a href="http://vetaliteraria.blogspot.com"><strong>VETA Literaria</strong></a>), claro, con la debida correcci&oacute;n de estilo y edici&oacute;n para conformar una relativa unidad tem&aacute;tica y narrativa.<br /><br />A petici&oacute;n de dicho amable amigo y como lo prometido es deuda, ahora, aqu&iacute; y enseguida, incluir&eacute; y compartir&eacute; la que ser&iacute;a la primera de una serie de entregas sin fin a la que se suma esta de hoy y las pr&oacute;ximas, se trata de la semilla de estos apuntes alrededor del deseo y el rizoma, tambi&eacute;n, fundamento de una aspiraci&oacute;n largamente acariciada.</span></p>]]></description>
<date>7/4/2008</date>
<time>7:38:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=161</link>
<id>161</id></item>
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<title><![CDATA[APUNTES ALREDEDOR DEL DESEO]]></title>
<description><![CDATA[<p><span>Hace poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os que no percibo ning&uacute;n ingreso formal; he venido viviendo del cr&eacute;dito, de la venta de desechos y vejestorios, de la caridad y m&aacute;s recientemente del aire y casi de milagro. Siempre anhelando. Los reclutadores de las empresas, cuando no alegan que mi curr&iacute;culo es muy &ldquo;amplio&rdquo; para sus expectativas, afirman en cambio que carezco de determinados requisitos. Invariablemente &mdash;y eso ya desde hace diez a&ntilde;os&mdash; la edad es un obst&aacute;culo. He debido rechazar trabajos donde la paga es tan exigua que apenas da para sobrevivir al d&iacute;a; y no es que no caiga bien esa centaviza, sino que los gastos y compromisos son muchos y onerosos, los fijos e irrecortables. El autoempleo, si no es en algo relacionado con ventas ya por cat&aacute;logo ya multinivel o las m&aacute;s tradicionales formas, se antoja dif&iacute;cil; porque eso de las ventas no es mi especialidad ni mi gusto ni mi mejor habilidad, o requiere inversi&oacute;n y, a no ser tiempo, ganas y disposici&oacute;n, no tengo nada que invertir, ni siquiera que empe&ntilde;ar o poner como garant&iacute;a para un pr&eacute;stamo. Adem&aacute;s, las deudas me ahogan y me hallo boletinado.<br /><br />Pero estos apuntes alrededor del deseo y han sido algo mucho m&aacute;s que molinos contra los cuales luchar. Son las andanzas y avatares de un personaje llamado <strong>Beggar Mayo SL</strong> en su segunda vida, una en la que la apuesta sobre la oportunidad pasa por la soledad y transcurre en el desierto virtual del desconsuelo. Y es que en su primera vida descubri&oacute; y comprob&oacute; y entendi&oacute; y se revel&oacute; a s&iacute; mismo un buen d&iacute;a ante el hecho de que, no la enfermedad sino la pobreza y la ignorancia, es lo que mata. De poco sirve, concluy&oacute; entonces, resignarse ni persignarse. El esfuerzo nunca es bastante como tampoco devanar los propios sesos cuando de existir se trata. M&aacute;s pronto que tarde, la desesperanza acecha y puede hacer presa del desdichado, del abandonado a la desidia, al reconcomio o a la desmemoria.</span><span><br /><br />Vuelto un aventurero, vagabundo virtual, <strong>Beggar Mayo SL</strong> aprendi&oacute; a observar m&aacute;s que s&oacute;lo ver alrededor, a extraer del deseo la fuerza necesaria para adquirir lo pretendido, lo so&ntilde;ado, lo supuesto, sin violentar causas o discriminar efectos. Por esto opt&oacute; por los senderos matriciales y se lanz&oacute; a navegar y a deshacer entuertos en el mundo desdoblado del nunca jam&aacute;s, donde todo es posible, solo eso, posible y poco m&aacute;s.</span></p>]]></description>
<date>7/2/2008</date>
<time>9:40:00 PM</time>
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<id>160</id></item>
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<title><![CDATA[TRAZA COINCIDENCIAS, DISYUNCIONES, CONJUNCIONES]]></title>
<description><![CDATA[<p><span>Sa&uacute;l Zuratas &ldquo;Mascarita&rdquo;, personaje central de <strong><em>El Hablador</em></strong> novela escrita por Mario Vargas Llosa y que conforma el ancho volumen <strong><em>Obra Reunida. Narrativa Breve</em></strong>, es un humanista interesado en la etnolog&iacute;a y cr&iacute;tico ac&eacute;rrimo de las perversiones hegem&oacute;nicas de la civilizaci&oacute;n occidental y su nociva incidencia sobre los pueblos ind&iacute;genas. Cr&iacute;tico tambi&eacute;n del socialismo real y de las desviaciones del comunismo. Su apodo obedece a un lunar morado oscuro, vino vinagre, que le cubre el lado derecho de la cara. Por esto pienso que es pariente m&iacute;o en l&iacute;nea paterna, pues ocurre que semejante lunar, sin importar tama&ntilde;o y ubicaci&oacute;n, es hereditario y, como norma geneal&oacute;gica, se repite lateralmente cada dos generaciones. Yo tengo uno igual, diminuto, con forma de fresa o coraz&oacute;n, en la mejilla izquierda; una t&iacute;a carnal de mi padre, prima hermana de mi abuela, ten&iacute;a un lunar muy semejante al de &ldquo;Mascarita&rdquo;, mientras uno de sus hijos, dicen, en un test&iacute;culo. Otra raz&oacute;n para suponer un parentesco con un personaje literario, quiz&aacute; inspirado en uno real (habr&aacute; que preguntar a Vargas Llosa) es que el apellido Acu&ntilde;a (el de mi padre y su t&iacute;a), luego de originarse en Portugal, donde m&aacute;s importancia y difusi&oacute;n ha tenido hist&oacute;ricamente han sido Espa&ntilde;a, M&eacute;xico, Per&uacute; y Filipinas.<br /><br />M&aacute;s all&aacute; de imaginar o especular que, con su narraci&oacute;n ubicada en el Per&uacute; amaz&oacute;nico, El Hablador contiene latentes unas caracter&iacute;sticas transgeneracionales, tal vez me ha servido como piedra miliar y para descubrir que quien suscribe estas l&iacute;neas, y hasta cierto punto y como anota Vargas Llosa en la novela, es una suerte de hablador que ejerce &ldquo;un liderazgo espiritual&rdquo;; tal vez realiza &ldquo;ciertas pr&aacute;cticas religiosas. Pero por alusiones captadas aqu&iacute; y all&aacute;, en una frase suelta de uno y una r&eacute;plica de otro&rdquo;, su funci&oacute;n parece ser, &ldquo;sobre todo, aquella inscrita en su nombre: hablar. [&hellip;] El hablador, o los habladores, deb&iacute;an ser algo as&iacute; como los correos de la comunidad. Personajes que se desplazaban de uno a otro caser&iacute;o, por el amplio territorio en el que estaban aventados los machiguengas, refiriendo a unos lo que hac&iacute;an los otros, inform&aacute;ndoles rec&iacute;procamente sobre las ocurrencias, las aventuras y desventuras de esos hermanos a los que ve&iacute;an muy rara vez o nunca. El nombre los definir&iacute;a. Hablaban. Sus bocas eran los v&iacute;nculos aglutinantes de esa sociedad a la que la lucha por la supervivencia hab&iacute;a obligado a resquebrajarse y desperdigarse a los cuatro vientos. Gracias a los habladores, los padres sab&iacute;an de los hijos, los hermanos de las hermanas, y, gracias a ellos, se enteraban de las muertes, nacimientos y dem&aacute;s sucesos de la tribu. [&hellip; E]l hablador no s&oacute;lo trae noticias actuales. Tambi&eacute;n, del pasado. Es probable que sea, asimismo, la memoria de la comunidad. Que cumpla una funci&oacute;n parecida a la de los trovadores y juglares medievales. [&hellip;] &iquest;Qu&eacute; tienen de particular los habladores? [&hellip;] Son una prueba palpable de que contar historias puede ser algo m&aacute;s que una mera diversi&oacute;n [&hellip;] Algo primordial, algo de lo que depende la existencia misma de un pueblo&rdquo;.<br /><br />As&iacute;, me rebelo hablador, verborr&eacute;ico, dotado de palabras. Humano. Escucha de anhelos y de sue&ntilde;os propios y ajenos. Colmado de ansias narrativas como la mano del fuego; descriptor, explicador, pretextador. Tejedor de ocasiones capaces de mostrar, como argumenta Ismael, t&iacute;o de Maruja en Un Calor tan Cercano que, &ldquo;la verdad flota sobre el error como el aceite sobre el agua&rdquo;. Tejedor de ocasiones tambi&eacute;n capaces de cuestionar, parafraseando a Maruja, &iquest;por qu&eacute; el error y no la mentira?; y responder igualmente que &ldquo;mentir es s&oacute;lo una decisi&oacute;n perif&eacute;rica que apenas modifica la equivocaci&oacute;n fundamental&rdquo; que abarca una vida.<br /><br />Tal y como confiesa Maruja, a mi vez confieso, usando su dicho, que &ldquo;cuando la escritura se convirti&oacute; para m&iacute; en ley de pesos y medidas, en un catalizador capaz de separar el agua y el aceite, la aplicaci&oacute;n de su disciplina puso fronteras a mi necesidad de relatar en bruto, y orden&oacute; mi confusi&oacute;n. Por debajo del perfecto entramado serpentea, sin embargo, una mal&eacute;vola anarqu&iacute;a, el ojo incomprensible, sigui&eacute;ndome desde el lado m&aacute;s oscuro. El error que casi siempre nos conduce, que casi siempre nos alcanza&rdquo;.<br /><br />Aunque no lo creamos, los seres humanos solemos vivir en el error. Nos cuesta mucho aceptarlo. El solo reconocimiento de este hecho lo vemos como un atentado a la vanidad y, por ello, optamos mejor por exaltar la poca certeza que logramos de las cosas de la vida y sobre su incidencia en nuestro ser.<br /><br />Tenemos pues, todos, unos m&aacute;s que otros, vocaci&oacute;n de habladores. Contamos mentiras, ficciones que nos confrontan sutilmente con la equivocaci&oacute;n fundamental que nos define. Haciendo esto nos volvemos atractivos, personajes recreados para contrarrestar la repulsi&oacute;n que podemos suscitar en nosotros mismos desde y respecto de nosotros mismos. Contamos verdades revestidas de af&aacute;n, pretendiendo una cautela que simplemente termina por elogiar la estupidez del oponente, aun siendo este uno imaginario, <em>alter ego</em>.</span></p>]]></description>
<date>7/1/2008</date>
<time>9:42:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=159</link>
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<title><![CDATA[Y ENTRE TIEMPOS, EL BANQUETE DE PALABRAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>&ldquo;Sigo en espera de que alguien animoso aporte algo m&aacute;s a nuestra cadena de lectores&rdquo;, opin&oacute; recientemente Eudiza Quevedo, compa&ntilde;era de aventuras blogu&iacute;sticas.<br /><br />Buena compa&ntilde;&iacute;a he tenido sin duda, como habr&aacute;s constatado, amigo lector, a lo largo de estos meses. En una tertulia donde t&uacute; has sido el testigo principal y el &uacute;nico autorizado de aqu&iacute; en adelante para juzgar el papel que como anfitriones hemos desempe&ntilde;ado varios curiosos.<br /><br />Desde un principio alert&eacute;: &ldquo;[&hellip;] tomar&eacute; como ejercicio cotidiano sentar aqu&iacute; algunas frases, textos breves o largos, secuenciados o sin hilvanar, alrededor de obras que ir&eacute; leyendo, saboreando, desjugando para, con su sustancia, bautizar al aire que pueda colarse entre los renglones de este sitio&rdquo;.<br /><br />Una <strong>doble esperanza</strong> y una <strong>doble certeza</strong> han subrayado mi compromiso desde el comienzo: esperanza de ser le&iacute;do y de haber sido grato, al fin y al cabo <strong>no son uno ni siquiera la pluma quienes eligen al lector, sino las palabras por s&iacute; mismas, desde su presentaci&oacute;n, con su forma, densidad, colorido y aromas</strong>. Bien lo dice el refr&aacute;n culinario: de la vista nace el amor. Y es que todo texto, en cuanto tejido emocional e id&iacute;lico, apuesta en su soledad al amor de una mirada indiscreta que quiz&aacute; se atreva a asomarse curiosa a su intimidad lineal.<br /><br />As&iacute;, lo le&iacute;do por aqu&iacute; ha pretendido convertirse en un juego o cuando menos una <strong>invitaci&oacute;n a degustar de la lectura</strong>. No del modo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la rese&ntilde;a cl&aacute;sica, sino aspirando a extraer una experiencia adicional.<br /><br /><strong>Toda rese&ntilde;a tiene dos cometidos: resumir, vender</strong>. La mayor&iacute;a de nosotros sacamos la vuelta a los vendedores y pedig&uuml;e&ntilde;os de puerta en puerta, siempre encontramos un pretexto para no hacernos de un libro y m&aacute;s para no leerlo. Nos parece que el ejercicio intelectual de comprender es harto m&aacute;s arduo en comparaci&oacute;n con el f&iacute;sico, y no reparamos en el hecho de que el &oacute;rgano que trabaja m&aacute;s en nuestro cuerpo es el cerebro; y por supuesto no olvido al coraz&oacute;n.<br /><br />De tiempo en tiempo nos reunimos con amistades, vamos al cine o al teatro y, al d&iacute;a siguiente, rese&ntilde;amos a otros m&aacute;s que la obra, <strong>la experiencia del gozo o disgusto</strong> que nos produjo o la acompa&ntilde;&oacute;. Sea de modo profuso o escueto, ilustrando o simplemente trazando letras &mdash;cosa nada despreciable en su dificultad&mdash; nos prodigamos en consideraciones sobre las bondades y defectos que detectamos, y los cuales no son m&aacute;s que un reflejo de nuestras aspiraciones o de nuestras deficiencias. Entonces, lo que hacemos son <strong>apuntes alrededor del deseo</strong>; o al menos en torno a la necesidad.<br /><br />Como en estos que has repasado, entrega tras entrega, las palabras han hecho lo propio libremente, confundiendo o aclarando. Pudieron haber enfatizado, por ejemplo: &ldquo;tal y cual libros son recomendables para los lectores que buscan y gustan de las emociones fuertes salpicadas con ingeniosos episodios y sugerentes escenas&rdquo;; o quiz&aacute;: &ldquo;acercarse a las p&aacute;ginas de semejante obra de tan renombrado autor puede ser tanto como sentirse en la proximidad del ser amado, de la persona anhelada&rdquo;. Pero en realidad nadie experimenta en cabeza ajena y, por lo que toca a mi caso y no con un prop&oacute;sito predefinido, las palabras no salieron de esa manera. Fueron y han sido signos con una vitalidad intr&iacute;nseca, espont&aacute;neos, incontrolables mas mesurados y por ello honestos.<br /><br />Nada me quitaba escribir un blog a modo de diario. Bosquejar notas con similitud a la noticia peri&oacute;dica. Pulverizar ideas para publicar frases suficientemente breves. En cambio opt&eacute; por ensayar sobre la rese&ntilde;a &mdash;que no sobre las rodillas, aun cuando me hubiera gustado hacerlo sobre la espalda desnuda de una musa. El resultado, <strong>esto que lees y has le&iacute;do</strong>.<br /><br />M&aacute;s que moda y sin excusa de por medio, el blog como fen&oacute;meno y recurso comunicativo tiene muchos usos, una gran potencialidad y tambi&eacute;n importantes limitaciones t&eacute;cnicas que van super&aacute;ndose poco a poco. &iquest;Cu&aacute;nto animo se requiere para eslabonar conciencias? No lo s&eacute;. &iquest;Cu&aacute;l es la tasa esperada de innovaci&oacute;n capaz de potenciar el incremento en el n&uacute;mero de lectores? No lo s&eacute;. &iquest;Se corresponde dicho incremento con el respectivo al n&uacute;mero de consumidores de espacios de lectura impresos o electr&oacute;nicos? No lo s&eacute;. Hay lectores que no adquieren libros ni revistas, y hay consumidores que aun comprando no leen o su nivel de lectura es deficiente. El p&uacute;blico por lo general es veleidoso y el gusto jam&aacute;s es ni ha sido un elemento suficiente de juicio, por eso lo gustado hoy puede disgustar ma&ntilde;ana sin raz&oacute;n aparente. Al comunicador, sea cual sea su etiqueta, profesional o no, s&oacute;lo resta encomendarse a alg&uacute;n santo para caerle bien, sin ser monedita de oro y a&uacute;n si&eacute;ndolo, a pr&iacute;ncipes y mendigos; y todo en virtud de su carga de talento o fortuna.<br /><br />Mis amigos de papel a&uacute;n no acaban de levantarse de la mesa. Ahora mismo <strong><em>Un Calor tan Cercano</em></strong> escucha a <strong><em>El Hablador</em></strong>, quien le cuenta sobre un personaje que quiz&aacute; sea pariente m&iacute;o y a su modo discute sobre la estupidez de la llamada civilizaci&oacute;n. Pero eso puede esperar a la siguiente cita.</p>]]></description>
<date>6/29/2008</date>
<time>9:52:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=158</link>
<id>158</id></item>
<item>
<title><![CDATA[ESLABONA UNA CADENA DE LECTORES]]></title>
<description><![CDATA[<p>Veo que me has seguido hasta aqu&iacute;. Eso es bueno, pero tambi&eacute;n en este negocio existen los conceptos de <em>rating</em> y <em>ranking</em>. As&iacute; que no dejes de compartir lo que vas pensando paso a paso, entrega tras entrega. Si ya desde este p&aacute;rrafo te sientes perdido, simplemente retrocede en los art&iacute;culos entregados. Te dar&aacute;s cuenta de que lo planteado en uno de ellos (<strong>Bruma selv&aacute;tica, meandros de ideas</strong>) es cierto en lo elemental tanto como en lo total, o como dir&iacute;an los mosqueteros aplic&aacute;ndolo a estos apuntes: uno para todos y todos para uno.<br /><br />Puesto que un blog es en estricto sentido metaf&oacute;rico una vulgar p&aacute;gina en blanco, entonces es claro que en ella cabe de todo como en botica. He aqu&iacute; que en este espacio han hallado lugar en mi mesa doce amigos botarates, dos de los cuales, no conformes con su sola presencia se han sentado a sus anchas, oblig&aacute;ndome a colocar un d&eacute;cimo tercer sitio y, t&uacute;, amigo lector, ya conoces la superstici&oacute;n respectiva.<br /><br />La charla entre estos amigos ha sido rica, difusa, orientadora, divertida, en ocasiones elevada pero sin m&aacute;s pretensiones que el intercambio de puntos de vista. Por momentos ruidosa y sin embargo, en esencia, bastante muda. Sus palabras han ido y venido; cuando no abofetean, acarician; cuando no ensalzan, engullen. No reparan en estipendio de ideas e imaginaci&oacute;n y, si no concluyen, dejan la conversaci&oacute;n en un suspenso inquietante.<br /><br />Tal como sucede en un libro, en este blog he buscado establecer un cierto orden, aun cuando entre saltos, como har&iacute;a un conejo en medio de chapulines. Tal como ocurre con un blog, en este &ldquo;libro electr&oacute;nico&rdquo; he intentado pespuntar p&aacute;ginas como otrora hubiera publicado alguien, cualquiera, en un follet&iacute;n ilustrado, una revista del coraz&oacute;n, el diario de alguna adolescente o incluso en el conjunto de un volumen enciclop&eacute;dico.<br /><br />Y es que estos amigos son de carrera larga. Hay que ver como beben historias, como catan pasiones. Por ahora baste con enlistarlos para que te des cuenta, amable lector y d&eacute;cimo cuarto convidado a este &aacute;gape &mdash;por lo cual (&iexcl;gracias!) va rompi&eacute;ndose la superstici&oacute;n&mdash;; para que te percates, dec&iacute;a, del por qu&eacute; de los derroteros seguidos por estos apuntes alrededor del deseo.<br /><br />Todos estos amigos est&aacute;n ahora sentados a mi mesa y as&iacute; como atiendo a uno atiendo al otro, a todos juntos y casi simult&aacute;neamente, tratando de hacer el papel del anfitri&oacute;n modelo, en una reuni&oacute;n que data desde septiembre del a&ntilde;o 2007 y que gracias a Alfaguara se ha prolongado con gran alegr&iacute;a.</p><br /><p align="center"><u>LISTA DE INVITADOS (por orden de aparici&oacute;n) al BANQUETE: &ldquo;Elogio de la Lectura&rdquo;. MOTIVO: &ldquo;Apuntes alrededor del deseo&rdquo; (ensayo entre la ep&iacute;stola y la meditaci&oacute;n).</u></p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>1.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Cien a&ntilde;os de soledad</em></strong> por Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez (al fin me decid&iacute; a invitarlo).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>2.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Historia de la Magia</em></strong> por Louis Chochod (vino muy solemne y revelando secretos interesantes).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>3.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Los Nombres del Aire</em></strong> y <strong><em>La  Mano</em></strong><strong><em> de Fuego</em></strong> por Alberto Ruy S&aacute;nchez (se sentaron muy juntitos, el primero termin&oacute; pronto el primer plato y cuchichea de lo lindo; el segundo pidi&oacute; permiso para preparar el postre, una fresas flameadas y en eso anda).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>4.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Cuentos Sobrenaturales</em></strong> por Carlos Fuentes (termin&oacute; su primer plato bastante r&aacute;pido, aunque con sus acostumbradas maneras diplom&aacute;ticas dej&oacute; algunas m&iacute;nimas sobras. Lo excuso porque yo hice lo mismo. De repente incide en dos o tres comentarios con su &ldquo;Aura&rdquo; de sant&oacute;n).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>5.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula</em></strong> por Hern&aacute;n Lara Zavala (est&aacute; muy entretenido, no le quita los ojos al fais&aacute;n en el centro de la mesa aunque insiste en pedir que le sean servidos papadzules. En alg&uacute;n momento hizo referencia al h&eacute;roe maya Can Ek y me record&oacute; el bello libro de Ermilo Abreu G&oacute;mez <strong><em>Canek. Historia y leyenda de un h&eacute;roe maya</em></strong>, especialmente aquellos pasajes cuando el valeroso y sabio personaje &eacute;pico, con gran poes&iacute;a y fino humor pregunta a sus amigos Domingo Canch&eacute;, Ram&oacute;n Balam y el ni&ntilde;o Guy &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n me dice cu&aacute;les son los agujeros por donde gritan las ca&ntilde;as? &iquest;Qui&eacute;n me dice qu&eacute; es lo que est&aacute; torcido en tres ramales? &iquest;Qui&eacute;n me dice qu&eacute; significan dos piedras verdes y una cruz alzada?&rdquo;, respondiendo divertido a los azorados que no sab&iacute;an qu&eacute; contestar: &ldquo;Tontos. Todo es claro: se trata de los agujeros de la flauta; se dice de la iguana y se piensa de los ojos del hombre&rdquo;. O cuando dijo: &ldquo;Es verdad: <em>la palabra naci&oacute; por s&iacute; misma dentro de lo oscuro</em>. Aqu&iacute; es necesario declarar el sentido de esta oraci&oacute;n. La palabra no es la voz que se dice y se oye. La palabra es cuna del esp&iacute;ritu creador. El esp&iacute;ritu creador que siempre fue, en las tinieblas del tiempo, vio su conciencia, y de ella naci&oacute; la palabra. Por esto toda palabra debe ser sentida dentro de lo oscuro del pecho para que sea imagen de esa otra que naci&oacute; del ser, espejo de s&iacute; mismo&rdquo;. Y sin olvidar cuando expres&oacute; &mdash;y esto viene muy a tono&mdash;: &ldquo;En los libros se dice lo que es un profeta y tambi&eacute;n lo que es un poeta. Se dice esto, pero muchos lo han olvidado. Es bueno recordarlo. Es profeta el hombre que puede mirar el rostro de Dios; en su resplandor aprende a distinguir la verdad, de la mentira. Por esto le es dable hablar de lo que ha de suceder en el tiempo. Es poeta el hombre que recibe en su rostro la mirada de Dios. Por eso le es dable distinguir la belleza, de la fealdad. Los profetas tuvieron permiso para guiar a los hombres que vendr&aacute;n. Los poetas tienen licencia para guiar a los hombres que son. Unos y otros, cuando tienen conciencia del dolor, hacen el bien&rdquo;).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>6.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</em></strong> por Arturo P&eacute;rez-Reverte (lleno de an&eacute;cdotas, me trae esquivando sus ocurrencias, tratando de mapearlas)</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>7.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong> por Eloy Urroz (a&uacute;n no se hab&iacute;a servido el primer plato y ya empezaba a picar del Plat&oacute;n mientras al calor del vino servido distra&iacute;a a su vecino de al lado con discursos sobre Emp&eacute;docles y la fidelidad, as&iacute; como extra&ntilde;aba que no le hubiera tocado una colega pr&oacute;xima para sobarle las piernas).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>8.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Obra Reunida. Narrativa Breve</em></strong> por Mario Vargas Llosa (&ldquo;El Hablador&rdquo; se sent&oacute; tan al centro que incluso resulta inc&oacute;modo acercarse a &eacute;l. Como lleg&oacute; acompa&ntilde;ado de varios familiares y no quise ofenderlo, decid&iacute; en mi papel de anfitri&oacute;n cederle la palabra antes que a cualquiera de sus acompa&ntilde;antes con todo prop&oacute;sito. Pobre, no ha sido culpa de &eacute;l su torpe desempe&ntilde;o en la tertulia, sino del sastre que le confeccion&oacute; el traje tan ancho y de costuras apretadas que lo hacen ver cual choncho bodoque. S&oacute;lo de verlo, solidariamente uno suda la gota gorda. Y no es que sea vasto en las cosas que tiene por decir, sino que s&oacute;lo asirlo o abrazarlo anquilosa los dedos. Cada vez que me remito a &eacute;l debo concentrar mi atenci&oacute;n de tal forma que no pierda idea. Insisto, lo que cuenta es fabuloso, entretenido, rico, delicioso, pero su corpulencia orilla a que uno siga con extrema lentitud su discurso. Yo hubiera preferido verlo en un traje menos ajustado, mejor cosido y m&aacute;s maniobrable, con menos bolsillos aunque eso significara m&aacute;s prendas complementarias. Se lo propondr&eacute; sutilmente, para que a su vez lo sugiera a su sastre).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>9.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>La Estupidez</em></strong><strong><em>: Ideolog&iacute;as del Posmodernismo</em></strong> por Andr&eacute; Glucksman (inquietito e inquietante; ya van varias veces que me se&ntilde;ala detalles sobre el banquete y sus opiniones no dejan de tener verdad. Valor&eacute; mucho su &ldquo;Elogio de la Tarta de Nata&rdquo;).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>10.<span>&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>El Proceso Ideol&oacute;gico de la  Revoluci&oacute;n de Independencia</em></strong> por Luis Villoro (me ha estado susurrando algunas ideas para un par de novelas que tengo en mente, ya comenc&eacute; a barruntar y ojal&aacute; puedan ver la luz).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>11.<span>&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>El Valor de Educar</em></strong> por Fernando Savater (andaba perdido y est&aacute; queriendo colarse en una que otra conversaci&oacute;n, pero ya le dije que espere turno. Con <strong><em>Aires de Familia</em></strong> (por Carlos Monsiv&aacute;is) ronda expectante para ubicarse en la mesa en cuanto alguno de los invitados abandone su silla).</p><br /><p><!--[if !supportLists]--><span>12.<span>&nbsp;&nbsp; </span></span><!--[endif]--><strong><em>Un Calor tan Cercano</em></strong> por Maruja Torres (le ped&iacute; que se sentara a mi lado; siempre es bueno tener una mujer inteligente, sensible, sensitiva y de buen decir al lado, y aun cuando de pronto los otros convidados me distraen, la calidez de su cercan&iacute;a hace que me tome tiempo para ver fluir sus narraciones. Con ella, aunque uno quiera ir r&aacute;pido, se hace necesaria la pausa para el disfrute).</p>]]></description>
<date>6/29/2008</date>
<time>8:51:00 PM</time>
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<id>157</id></item>
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<title><![CDATA[CONVIVIENDO CON TRECE A LA MESA]]></title>
<description><![CDATA[<p>S&iacute;. He registrado el <strong>pasmo de alguno que otro lector y amigo</strong> llegado a estas l&iacute;neas. Sobre todo luego de la anterior entrega. Y aunque no lo parezca, todo tiene una explicaci&oacute;n sencilla, la misma que ha ido reptando entre los art&iacute;culos que componen estos apuntes alrededor del deseo.<br /><br />&iquest;Qu&eacute; es un blog? &iquest;C&oacute;mo debe abordar el escritor o aspirante a tal esta forma de expresi&oacute;n? Para hallar una respuesta a estos cuestionamientos basta &mdash;y no siempre&mdash; con navegar por la Internet y visitar varios de los blogs existentes. Los hay de todo tipo, factura, enfoque y tem&aacute;tica. En unos sus autores optan por anotar breves efem&eacute;rides, confesiones &iacute;ntimas; en otros abundan im&aacute;genes y en unos m&aacute;s el texto lato. Estos prefieren temas jocosos, esos son m&aacute;s solemnes. Aquellos tienden a soltar consejos, cr&iacute;ticas, lecciones; aquestos comentan, narran, cuentan chistes, incluyen audio o video, se regodean con su idioma entre faltas ortogr&aacute;ficas y gramaticales, o discuten su vida y milagros, la inmortalidad del cangrejo o discurren sobre la invenci&oacute;n del agua tibia y el hilo negro.<br /><br />Ante el empuje de este fen&oacute;meno comunicativo &mdash;que en lo personal, confieso, me ha venido resultando no s&oacute;lo fascinante sino providencial&mdash; que posibilita la autopublicaci&oacute;n, y dada su penetraci&oacute;n e influencia creciente y probable en la conformaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica actual, los grandes medios comunicativos, las grandes cadenas y consorcios han empezado desde hace un par de a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, a emplear este modo expresivo como un recurso, a veces distractivo, a veces propositivo; ya con fines de clara estrategia mercadol&oacute;gica mediante la cual se propicia la generaci&oacute;n y ampliaci&oacute;n de p&uacute;blicos consumidores por la acci&oacute;n de esta novedosa y adaptada forma del m&eacute;todo publicitario de la transmisi&oacute;n de boca en boca; ya con la meta de &ldquo;abrirse&rdquo; a los no profesionales de la comunicaci&oacute;n y la informaci&oacute;n. As&iacute;, los espacios cedidos abonan en cierta manera a la confusi&oacute;n medi&aacute;tica bajo la promesa cada vez menos ilusoria de una democratizaci&oacute;n de los medios.<br /><br />La intrusi&oacute;n de los miembros de esa &ldquo;masa&rdquo; de consumidores de mensajes para convertirse ahora, por gracia de la tecnolog&iacute;a facilitadora, en productores de mensajes y difundidores de su propio parecer acerca del mundo y lo que en &eacute;l acontece, significa la disoluci&oacute;n social con vistas a una recomposici&oacute;n. Se acent&uacute;a la individualidad, pero no como una especia de aislamiento &mdash;no solamente, aun cuando este es un problema real y preocupante&mdash;, sino como germen de la posibilidad de la integraci&oacute;n fundamental mediante el intercambio.<br /><br /><strong>Exponer las propias palabras o gestos en espacios como este es sumamente arriesgado</strong>, tanto como cuando se abre la boca en una reuni&oacute;n para decir lo que se piensa o siente sobre determinado t&oacute;pico; y m&aacute;s, pues no hay certeza de qui&eacute;n estar&aacute; del otro lado del sal&oacute;n atendiendo nuestro dicho. Invariablemente pende sobre uno la espada de Dam&oacute;cles record&aacute;ndonos la amenaza del rid&iacute;culo y, sin embargo, hablamos y escribimos aunque sean estupideces.<br /><br />Seguramente m&aacute;s de uno se preguntar&aacute; ahora, &ldquo;&iquest;por qu&eacute; insiste este bato en mencionar la estulticia?&rdquo; Y debo contestar astutamente y en congruencia con lo trazado en el primer p&aacute;rrafo de este art&iacute;culo: todo parte de los invitados a mi fiesta, a este elogio de la lectura.<br /><br />S&iacute;ganme y ver&aacute;n&hellip;</p>]]></description>
<date>6/27/2008</date>
<time>9:05:00 PM</time>
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<id>156</id></item>
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<title><![CDATA[EL GRAN TRANSFORMISTA EN SU ESTUPIDEZ]]></title>
<description><![CDATA[<p>Hemisferio derecho, hemisferio izquierdo. Norte, Sur. Partidos pol&iacute;ticos de derecha e izquierda. Mundo primitivo y mundo civilizado. Bien y Mal. Arriba y abajo. Si aqu&iacute; apenas se barruntan dejos de pretendidas rese&ntilde;as que aspiran a algo m&aacute;s, la historia de la humanidad es la rese&ntilde;a de las rese&ntilde;as: la antolog&iacute;a de la estupidez, el compendio de lo que queda entre extremos en pugna.<br /><br /></p><br /><p>Escribiendo estas l&iacute;neas ha llegado a mi mesa de trabajo el esperado segundo libro convenido. &iexcl;Albricias! Har&eacute; justicia a las mujeres aunque sea m&iacute;nimamente, pues se trata del t&iacute;tulo <em><strong>Un calor tan cercano</strong></em> de la escritora barcelonesa Maruja Torres, obra que, haciendo eco a estos apuntes sobre el deseo, ya desde su nota descriptiva la autora explica que no se trata de una novela autobiogr&aacute;fica sino <em>deseobiogr&aacute;fica</em>; y que, siguiendo ideas vertida aqu&iacute; &ldquo;uno escribe [&hellip;] para dotar de sentido a lo que no lo tuvo, y para inventar lo que a la vida se le olvid&oacute;. Para ordenar el caos&rdquo;.</p><br /><p>Hubo un tiempo cuando los hombres cre&iacute;an ser m&aacute;s que las mujeres. Lleg&oacute; luego el tiempo cuando las mujeres en emancipaci&oacute;n creyeron ser m&aacute;s que los hombres. Est&aacute;n pr&oacute;ximos los d&iacute;as cuando nos veremos como lo que somos, ni iguales (pues para empezar por la anatom&iacute;a y la fisiolog&iacute;a tal se comprueba) ni distintos del todo por cuanto toca a nuestra esencia y naturaleza humanas.<br /><br /></p><br /><p>En la segunda mitad del siglo XX, el antrop&oacute;logo Clifford Geertz as&iacute; como algunos fil&oacute;sofos, psicoling&uuml;&iacute;stas y semi&oacute;logos de corte posmodernista se&ntilde;alaron que la humanidad hab&iacute;a llegado a un punto tal en el ejercicio de la cr&iacute;tica que las palabras no bastaban ya. Desgastadas, desusadas, abusadas y hasta violentadas, en muchos idiomas y culturas era notorio hacia la d&eacute;cada final del siglo XX el af&aacute;n por desbrozar el l&eacute;xico, y esto tanto por parte de acad&eacute;micos como de legos, j&oacute;venes o viejos, aquellos por desprecio a la herencia, las tradiciones o simple reduccionismo fundamentado en la ley del m&iacute;nimo esfuerzo; aquestos por anhelo de vigencia.</p><br /><p>Hoy, atender a la conversaci&oacute;n de hombres y mujeres igualados por la democracia y el consumismo, equivale &mdash;toda proporci&oacute;n guardada&mdash; a atestiguar la tala &ldquo;clandestina&rdquo; de alg&uacute;n bosque o selva. Con cada &ldquo;cabr&oacute;n&rdquo;, &ldquo;pendejo&rdquo;, uno descubre que todos somos &ldquo;g&uuml;eyes&rdquo; (ni siquiera bueyes) de la misma especie; as&iacute;, igualados en afanes, tropel&iacute;as, ilusiones, oficios y vocaciones, nuestras ra&iacute;ces van quedando al descubierto para pudrirse en medio del desparpajo de este atado de badulaques en que a veces nos convertimos, parafraseando a Octavio Paz, en medio de nuestros contempor&aacute;neos.</p><br /><p>Opuestas, las cosas y los hombres, terminan secos, carentes de sentido. Si el absolutismo desp&oacute;tico o ilustrado se antoj&oacute; despreciable a los espa&ntilde;oles que en <strong><em>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</em></strong> atajaron su avance cort&aacute;ndolo de golpe, algo similar ocurri&oacute; con los absurdos deseos de lealtad de los personajes de <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong>.</p><br /><p>Llegados aqu&iacute; tras dar <strong><em>Los nombres del aire</em></strong>, luego de contar con los dedos anhelantes de<strong><em> La mano de fuego</em></strong>, descubrimos gracias a <strong><em>El Hablador</em></strong> que, como en <strong><em>Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula</em></strong>, la rese&ntilde;a que cabe explorar es, ni m&aacute;s ni menos que la de la estupidez. Porque el idiota provoca asombro desde el mismo azoro que le ha dejado imb&eacute;cil, babeante.<br /><br /></p><br /><p>En el compendio de los d&iacute;as, no obstante, a veces es dif&iacute;cil observar que ni se es tan civilizado como para aspirar a la asimilaci&oacute;n de los otros en lo que uno cree es lo mejor, ni se es tan primitivo y tribal como para esperar que los otros sean capaces de respetar la naturaleza que conforma; ni lo uno ni lo otro bastan, como las palabras o las im&aacute;genes, para dejar de lado la posibilidad de experimentar la estulticia ya ajena o propia.</p>]]></description>
<date>6/9/2008</date>
<time>9:49:00 PM</time>
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<id>155</id></item>
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<title><![CDATA[BRUMA SELVÁTICA, MEANDROS DE IDEAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>En t&eacute;rminos generales y sin af&aacute;n acad&eacute;mico, podemos decir que la lectura puede darse de dos formas: lineal y en zig-zag. En el primer caso se la conoce como lectura objetiva mientras en el segundo se trata de lectura selectiva.<br /><br /></p><br /><p>Lejos de pretender una descripci&oacute;n superficial, el apunte anterior tiene como finalidad destacar que la forma como leemos tambi&eacute;n est&aacute; sujeta al modo como pensamos y viceversa. Mientras la lectura lineal est&aacute; comandada por los procesos mentales propios del hemisferio cerebral izquierdo, en la lectura zig-zag se revelan los procesos mentales propios del hemisferio derecho. Y esto, contra todo lo que pudieran decir los cient&iacute;ficos y los sexistas tras los recientes hallazgos neurol&oacute;gicos, no tiene nada que ver de moso exclusivo con el g&eacute;nero del lector o con su gusto particular, pues tanto hay varones que piensan cuales mujeres, como viceversa sucede que mujeres piensan como varones; a los genes y la naturaleza deben sumarse h&aacute;bitos y costumbres, y por ello para hacerlo habitual, aqu&iacute; no he empleado la palabra hombre pues la prefiero para un uso m&aacute;s amplio dada su humilde etimolog&iacute;a.</p><br /><p>El lado izquierdo, l&oacute;gico, ordenado, convergente, sistem&aacute;tico, donde radican las habilidades del habla, la escritura, el c&aacute;lculo, la especialidad, la abstracci&oacute;n y la organizaci&oacute;n, contrasta y complementa al lado derecho, hogar de las competencias relacionadas con la administraci&oacute;n, la socializaci&oacute;n, la expresi&oacute;n, entre otras.<br /><br /></p><br /><p>La transici&oacute;n entre el art&iacute;culo anterior y las l&iacute;neas arriba de este par&aacute;grafo, como parte de un contexto, a m&aacute;s de uno podr&aacute; parecer ca&oacute;tica, un salto en el vac&iacute;o o cuando menos un cambio brusco en la tem&aacute;tica. Pero, &iquest;qu&eacute; sucede cuando, como ocurre con una antolog&iacute;a, una revista, un peri&oacute;dico o la Internet, se ha llegado a este apartado de modo directo por v&iacute;a exclusiva de un &iacute;ndice o un v&iacute;nculo espec&iacute;fico? Se la ve entonces como unidad elemental aislada; un elemento discursivo independiente y que se antoja dispensable. Sin embargo, llegado el lector selectivo a este punto, para ser exacto, a esta palabra despu&eacute;s del pronombre demostrativo &ldquo;esta&rdquo; antes de la palabra &ldquo;palabra&rdquo; y a&uacute;n pasando sobre el tren de ideas que le ha seguido hasta aqu&iacute; y m&aacute;s all&aacute; de la pr&oacute;xima coma, por haber decidido revisar este fragmento antes o despu&eacute;s de que otros y guiado s&oacute;lo por el t&iacute;tulo o la fecha de publicaci&oacute;n en el blog <strong><em>Cadena de Lectores</em></strong>, por ejemplo, ese lector se da cuenta que ha tenido ante sus ojos y tiene un extracto de un todo, una c&eacute;lula o mol&eacute;cula apenas de un conjunto de apuntes alrededor del deseo.</p><br /><p>Seg&uacute;n el orden y el modo como haya arribado aqu&iacute;, comparado con otros lectores alguien podr&iacute;a tacharlo de audaz descubridor o de reportero idiota (dicho sin ofensa, por supuesto, para nadie). Como en el siguiente caso.</p><br /><p><!--[if gte vml 1]><br /> <br /> <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br />  <br /> <br /> <br /> <br /><br /> <br /> <br /><![endif]--><!--[if !vml]--><img width="230" vspace="11" hspace="18" height="168" align="left" alt="TRIBU &quot;PERDIDA&quot; EN EL ALTO AMAZONAS" src="/upload/tribu-amazonas.jpg" v:shapes="_x0000_s1026" /><!--[endif]-->En d&iacute;as pasados, en diversos noticiarios y peri&oacute;dicos se public&oacute; un reportaje intitulado &ldquo;Las tribus que nos quedan&rdquo; acerca del &ldquo;descubrimiento&rdquo; por parte de la organizaci&oacute;n <strong>Survival International</strong> de una tribu aborigen en lo m&aacute;s profundo de la selva amaz&oacute;nica peruana haciendo frontera con Brasil. &iexcl;Vaya novedad! Para el lector desinteresado o ne&oacute;fito de la etnolog&iacute;a lo es, pero no as&iacute; para el seguidor de estos temas, antrop&oacute;logo o no.</p><br /><p>Como quien salta las p&aacute;ginas de una revista o una enciclopedia, o las notas y encabezados de un peri&oacute;dico, o como si navegara por la Internet, reci&eacute;n llegada la antolog&iacute;a de la narrativa breve de Mario Vargas Llosa comentada l&iacute;neas atr&aacute;s, constat&eacute; dos cosas: 1) la interactividad no es invenci&oacute;n puramente tecnol&oacute;gica sobrevenida con las computadoras u ordenadores (como dicen en Espa&ntilde;a); 2) la televisi&oacute;n no es ninguna caja idiota, como s&iacute; lo es la gente que hace y atiende su contenido, o sea todos nosotros.</p><br /><p>Cuando los reporteros de la agencia de noticias AP difundi&oacute; la noticia tras la investigaci&oacute;n amaz&oacute;nica de esta tribu que supuestamente jam&aacute;s ha tenido contacto con la civilizaci&oacute;n salvo el empuje de los taladores, cuando la citada organizaci&oacute;n fue a ese rinc&oacute;n selv&aacute;tico, Vargas Llosa como otros antes y despu&eacute;s que &eacute;l ya ten&iacute;a conocimiento de lo que ah&iacute; suced&iacute;a. En su relato <strong><em>El Hablador</em></strong> nos cuenta acerca de una de esas tribus que viven en grupos familiares de no m&aacute;s de alrededor de setenta miembros, en chozas que se confunden con el follaje, que viven de la pesca, la caza y la recolecci&oacute;n, reducen cabezas y poseen conocimientos prodigiosos sobre medicina herbolaria; se pintan el cuerpo con tintura roja de achiote para proteger sus cuerpos de las alima&ntilde;as que pueden anidar bajo la piel (como plantea en un cap&iacute;tulo de <strong><em>La mano de fuego</em></strong> Alberto Ruy S&aacute;nchez) y obedecen a distintos nombres y t&oacute;tems. Vargas Llosa se concentra en los denominados machiguengas, los cuales, como el resto de ellos y nosotros tienen un deseo fundamental, &iexcl;de antolog&iacute;a!: sobrevivir como hasta ahora en medio de la armon&iacute;a que la misma naturaleza les ha ense&ntilde;ado.</p>]]></description>
<date>6/9/2008</date>
<time>3:13:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=153</link>
<id>153</id></item>
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<title><![CDATA[ENTRE EL HABLADOR Y EL IDIOTA]]></title>
<description><![CDATA[<p>Invariablemente uno se queda idiota cuando enfrenta una de dos labores: leer o editar una antolog&iacute;a.<br /><br /></p><br /><p>Tarea de coleccionista, la antologaci&oacute;n requiere no s&oacute;lo del conocimiento de los fondos y trasfondos de las piezas a reunir, sino el tacto del taxidermista, la paciencia organizativa del bibliotecario y la curiosidad juguetona del cuervo.</p><br /><p>El ser humano es muy dado a juntar y acumular cosas: dinero, juguetes, parejas, cartas, estampillas, documentos, recuerdos, rencores. No siempre lo hace de la mejor manera y pocas veces de modo sistem&aacute;tico y ajustado a un m&eacute;todo. Tal parece que hay algo en nuestra gen&eacute;tica o en nuestra historia evolutiva que nos impele a tal conducta, sea por man&iacute;a ordenadora, por indolencia, enfermizo apego o el simple deseo de poseer y clasificar lo que nos resulta personal, social o hist&oacute;ricamente significativo.<br /><br /></p><br /><p>Hasta cierto punto, la labor de antologar se antoja ardua, ingrata, necia. Pero por otra parte es mirada como retributiva, suerte de barrido sobre lo que se ha sido se es y se ser&aacute;. Esta visi&oacute;n prospectiva, economista y ecologista la encontramos lo mismo en antolog&iacute;as po&eacute;ticas que en un &aacute;lbum fotogr&aacute;fico o una colecci&oacute;n filat&eacute;lica.</p><br /><p>El coleccionismo es un arte que busca entre otros objetivos la vanagloria o la autocr&iacute;tica, autocorrecci&oacute;n y autocensura (si el antologador es el mismo autor de las obras antologadas, aunque esto suene a trabalenguas: <em>las cien obras escritas por famoso autor buscan un antologador; quien logre antologar las cien obras escritas por famoso escritor en una justa antolog&iacute;a buen antologador ser&aacute;</em>); o el homenaje (en el caso de que el archivista sea el int&eacute;rprete seleccionador de la obra reunida. En este segundo caso encontramos variantes: la antolog&iacute;a con pretensiones museogr&aacute;ficas y cuyo prurito lo define el af&aacute;n de congelamiento y registro taxon&oacute;mico de lo hecho y al menos una vez existente. Otra diversi&oacute;n ser&iacute;a el florilegio resultante del puro placer derivado del solaz que da el contacto vivo y revivificador con la obra.<br /><br /></p><br /><p>Un elogio de la lectura, como hizo en su <strong><em>Elogio de la Locura Erasmo<span> de Rotterdam, pasa pues primero que nada por la intencionalidad tras la crestomat&iacute;a.</span></em></strong><br /><br /></p><br /><p>En este caso, el tomo que recientemente comenc&eacute; a disfrutar: <strong><em>Obra Reunida. Narrativa Breve</em></strong> de Mario Vargas Llosa (colecci&oacute;n armada por &eacute;l mismo), contribuy&oacute; en tanto analectas a mi imbecilidad lectora. Si bien no es el primer compendio que tengo entre las manos, ahora caigo en cuenta que este deseo por reunir, que no necesariamente unificar o integrar, es ni m&aacute;s ni menos uno de los fundamentos de la comunicaci&oacute;n; y digo esto con todo el prop&oacute;sito de anclar el principio de una nueva teor&iacute;a en el &aacute;mbito de mi profesi&oacute;n.</p><br /><p>De Vargas Llosa hab&iacute;a le&iacute;do diversos ensayos de cr&iacute;tica, sobre pol&iacute;tica, sus novelas <strong><em>Pantale&oacute;n y las Visitadoras</em></strong> (cuya versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica es loable por su apego a la letra y la construcci&oacute;n), <strong><em>La   T&iacute;a</em></strong><strong><em> Julia</em></strong><strong><em> y el Escribidor</em></strong> y Los Cachorros (en su versi&oacute;n f&iacute;lmica solamente), pero nada m&aacute;s. Ahora, gracias a este libro tengo a mi alcance &eacute;ste &uacute;ltimo y otros t&iacute;tulos: <strong><em>Los Jefes</em></strong>, <strong><em>&iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; a Palomino Molero?</em></strong>, <strong><em>El Hablador</em></strong> y <strong><em>Elogio de la  Madrastra.</em></strong><br /><br /></p><br /><p>En ejercicio y como abono a mi estupidez, hoy recuerdo y reconsidero lo dicho l&iacute;neas atr&aacute;s cuando negu&eacute; conocer la obra teatral del escritor peruano nacido en 1936, licenciado en Letras por la Universidad de San Marcos de Lima, pues hacia comienzos de la d&eacute;cada de 1990 asist&iacute; al montaje en M&eacute;xico de <strong><em>La  Se&ntilde;orita</em></strong><strong><em> de Tacna</em></strong> producida y actuada por Silvia Pinal en el Teatro Insurgentes con iluminaci&oacute;n de Gabriel Figueroa, escenograf&iacute;a de David Ant&oacute;n y direcci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Ib&aacute;&ntilde;ez, &iexcl;nom&aacute;s, puro grande! Reci&eacute;n llegada a M&eacute;xico, la actriz argentina Margarita Gralia efectuaba cada funci&oacute;n un desnudo integral muy po&eacute;tico que, si bien no ten&iacute;a nada de particular ni novedoso dentro de la escena nacional, tuvo y tiene el m&eacute;rito de ser el primer desnudo integral televisado, esto mediante la revista de espect&aacute;culos que a la saz&oacute;n produc&iacute;a y conduc&iacute;a el periodista Ricardo Rocha para Televisa. &iexcl;Esc&aacute;ndalo! M&aacute;xime si tomamos en cuenta que esto sucedi&oacute; luego de que el escritor fuera &ldquo;invitado &mdash;art&iacute;culo 33 constitucional por delante&mdash;&rdquo; a no pisar tierra mexicana por sus pol&eacute;micas opiniones sobre la pol&iacute;tica nacional, expuestas en el coloquio organizado por Octavio Paz y su revista <strong><em>Vuelta</em></strong> en coproducci&oacute;n con Televisa como una puntal pero impertinente cr&iacute;tica hacia nuestro sistema pol&iacute;tico, y de las que se desprendieron los conceptos de &ldquo;dictablanda&rdquo; y &ldquo;dictadura perfecta del PRI&rdquo; que m&aacute;s tarde y a&uacute;n brotan en bocas y plumas de otros intelectuales propios y ajenos.</p><br /><p>Tiempo despu&eacute;s &mdash;puede que me falle la memoria&mdash;, creo haber asistido o al menos haberme enterado de la puesta en escena de <strong><em>La Chunga</em></strong>. As&iacute;, pues, m&aacute;s pronto cae un hablador que un cojo.</p>]]></description>
<date>6/9/2008</date>
<time>2:36:00 PM</time>
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<title><![CDATA[APETITOSAMENTE, CUAL GOURMET CONCENTRADO]]></title>
<description><![CDATA[<div>Y es que dicen que la lectura surge del deseo.<br /><br />N&oacute;tese la generalizaci&oacute;n que he sacado de una sola frase expresada por la bi&oacute;loga, cuentista y ahora novelista mexicana <strong>M&oacute;nica Lav&iacute;n</strong> en cierta conversaci&oacute;n que sostuvo con estudiantes de la escuela de la Sociedad General de Escritores de M&eacute;xico (<strong>SOGEM</strong>), luego que alguno le preguntara en relaci&oacute;n con los motivos inspiradores de su reciente obra cu&aacute;les hab&iacute;an sido sus apetitos. &ldquo;Yo creo que la literatura surge del deseo&rdquo;, afirm&oacute;. Concuerdo.<br /><br />A lo largo de estos apuntes alrededor del deseo hemos sobrevolado contextos, anclado pretextos y le&iacute;do gozosa y acuciosamente textos s&oacute;lo por el af&aacute;n.<br /><br />Generalmente entendido como opuesto a la necesidad desde las perspectivas psicol&oacute;gica, filos&oacute;fica, sociol&oacute;gica e incluso mercadol&oacute;gica, si pidi&eacute;ramos a un grupo de cartonistas que hicieran su versi&oacute;n sobre el deseo, muy probablemente la mayor&iacute;a utilizar&iacute;a como leitmotiv un rostro babeante.<br /><br />Y es que el deseo nos deja idiotas tanto si se cumple a plenitud como si no. Por ejemplo, previo a este apartado me qued&eacute; idiota al corroborar que el <em>Big Brother</em> <strong>Alfaguara</strong>, atento con ojo de sat&eacute;lite o sonda sobre Marte, recogi&oacute; no solo muestras de vida, ideas, ocurrencias, propuestas y comentarios publicados en los espacios que han conformado esta <strong>Cadena de Lectores</strong>, sino incluso los deseos expresados en esta especie de confesionario en l&iacute;nea donde uno a uno y en grupo los participantes hemos hecho solaz y esparcimiento conoci&eacute;ndonos, reconoci&eacute;ndonos, m&aacute;s all&aacute; de caras y cuerpos, simplemente por la palabra empe&ntilde;ada.<br /><br />Otro ejemplo, al momento de escribir estos nerviosos renglones recibo el nuevo paquete m&aacute;gico conteniendo las lecturas en turno de elogiar. Como es costumbre hab&iacute;a solicitado dos vol&uacute;menes espec&iacute;ficos conforme al acuerdo original con la editorial: <strong><em>Obra Reunida. Teatro</em></strong> de <strong>Mario Vargas Llosa</strong> y una lista de opciones que siguiera la trama de estos apuntes. &iexcl;Oh, sorpresa! Nueva cara de idiota. Al abrir el paquete salt&oacute; como liebre ansiosa un volumen ancho, grueso: <strong><em>Obra Reunida. Narrativa breve</em></strong>, que forma parte de la colecci&oacute;n que junta las obras hasta 1997 del autor mencionado. De pronto me retrotraje a mi infancia. &iexcl;Qu&eacute; ilusi&oacute;n! Temprano, muy temprano, anhelante, brincaba de la cama y corr&iacute;a al &aacute;rbol navide&ntilde;o o al nacimiento, seg&uacute;n la &eacute;poca, con la mirada &aacute;vida de regalos. &iexcl;Ah, felicidad! Este, aquel, ese otro eran los presentes pedidos con fervor en la cartita escrita con ayuda de mi madre o alguna de mis hermanas. Pero uno o dos o tres m&aacute;s eran pil&oacute;n o de plano premio consolador, sustituto. &iexcl;Bah, decepci&oacute;n!<br /><br />Pero hete aqu&iacute; que, como anotan los refranes, &ldquo;a caballo dado no se le ve colmillo&rdquo; y &ldquo;m&aacute;s vale p&aacute;jaro en mano que ciento volando&rdquo;. Ergo, el genio de la l&aacute;mpara siempre tiene alguna disculpa &mdash;muy razonable&mdash;, y lo mejor que puede hacer el deseante es agradecer el cumplimiento del compromiso y sacarle el mejor beneficio. Deseo satisfecho.<br /><br />Y es que saciar el apetito es muy sencillo; no sucede igual cuando se trata del capricho.<br /><br />Anhelaba volver a leer a Vargas Llosa. &iexcl;Voil&agrave;! &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s? Esperaba un volumen adicional como parte de mi dieta. &iexcl;Ups! &iquest;Sobrepasar&iacute;a las calor&iacute;as?<br /><br />S&iacute;, la literatura surge del deseo. Del deseo de contar, de narrar, describir, expresar. Del af&aacute;n de las palabras, de los personajes, de las situaciones que, en ocasiones y en medio de la incertidumbre se desarrollan, crecen, nacen, mueren, transmutan.<br /><br />Desconozco el teatro de Vargas Llosa, pero el filetote ante mis ojos como las viandas anteriores y que a&uacute;n degusto goloso, ch&iacute;charo a ch&iacute;charo, se ofrece igual de jugoso. No cabe duda, la lectura surge del deseo. Comenzar&eacute; a destilar baba con este tomo.<br /><br />Y de la baba se hizo la tinta con que escribe el caracol en su camino la sarta de silencios elocuentes que s&oacute;lo la noche cuenta.</div>]]></description>
<date>5/29/2008</date>
<time>2:01:00 AM</time>
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<title><![CDATA[EN ALAS DE LA CULPA Y LA IRONÍA, MONOLOGANDO]]></title>
<description><![CDATA[<p>Ya entrados y encaminados por la idea del festejo, de la celebraci&oacute;n de aniversarios, a&uacute;n es oportuno hacer extensivo el saludo a un periodista y escritor mexicano que en los primeras d&iacute;as de mayo cumpli&oacute; 70 a&ntilde;os de vida y recientemente recibi&oacute; una nueva presea otorgada por el gobierno del Distrito Federal denominada <strong><em>1808</em></strong>, y que pretende ensalzar al pensamiento cr&iacute;tico, independiente. Me refiero a Carlos Monsiv&aacute;is.<br /><br /></p><br /><p>&Aacute;vido lector de todo o casi todo cuanto cae ante sus ojos, ubicuo, persistente, tiene el impulso del naturalista al m&aacute;s puro estilo del siglo XIX, pero siempre moderno y hasta posmoderno. Especie rara que halla en la selva de asfalto o entre los matorrales de la cultura nacional o en lontananza, rumbo a un horizonte latinoamericano, &ldquo;Monchi&rdquo; &mdash;c&oacute;mo algunos mientan cari&ntilde;osamente al autor de <strong><em>Los Rituales del Caos</em></strong>, <strong><em>Aires de Familia</em></strong>, entre una abundant&iacute;sima producci&oacute;n&mdash; se ha erigido a&uacute;n sin propon&eacute;rselo en el cronista de M&eacute;xico.</p><br /><p>Due&ntilde;o de una expresividad ir&oacute;nica, punzante, el ejercicio del registro de los acontecimientos, los v&iacute;nculos, mitos, monstruos, esperpentos e inclinaciones de la literatura, la pol&iacute;tica, la sociedad, le ha llevado a explotar con maestr&iacute;a la cantera de la cr&iacute;tica, a coleccionar los objetos y aforismos m&aacute;s rid&iacute;culos y sobreponerse a su timidez gatuna cada vez que es requerido por la radio o la televisi&oacute;n.<br /><br /></p><br /><p>En su &ldquo;juguete&rdquo;, como describe a su novela <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong> el propio Eloy Urroz, uno de sus personajes centrales, Arturo, en su af&aacute;n seductor por atraer la atenci&oacute;n de su entrevistadora Matilde, &mdash;ni m&aacute;s ni menos que &ldquo;tu esposo(a)&rdquo;, &ldquo;lector(a)&rdquo;&mdash;, argumenta cr&iacute;tico y sard&oacute;nico: &ldquo;Algunos vivimos, pintamos, no leemos&rdquo;. Y en r&eacute;plica, Maty dice: &ldquo;[&hellip;] a m&iacute; me gusta leer tambi&eacute;n. En cuanto lo veo [a su esposo que eres t&uacute;, lector] con <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong> en la mano, yo tambi&eacute;n me pongo a leer y &iexcl;vaya que tengo cantidad de libros atrasados!&rdquo;. La lectura entonces cobra valor afrodis&iacute;aco, provocaci&oacute;n, invocaci&oacute;n, dislocaci&oacute;n.</p><br /><p>Leer o no leer. He aqu&iacute; el dilema al que tal vez Monsiv&aacute;is como Hamlet o como t&uacute; o como yo nos enfrentamos. &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s levantado para el esp&iacute;ritu: sufrir los insultantes dardos del infortunio, el abandono y la infidelidad del amante por centrar la atenci&oacute;n en un atado de hojas; o, haci&eacute;ndoles frente, haciendo a un lado las palabras &iacute;gneas, ideas, im&aacute;genes y ficciones de otros, cerrando el libro, acabar con ellos? Escribir. Ojear. No m&aacute;s. &iexcl;Y pensar que todo puede llegar al fin por la simple acci&oacute;n de un estilete!<br /><br /></p><br /><p>Vista la lectura como pretexto shakesperiano propiciatorio de la infidencia amatoria, de Monsiv&aacute;is a Urroz solo dista&hellip; un lector; del libro a la c&oacute;pula, s&oacute;lo un gui&ntilde;o. Uno que transite entre obscenidades, bajo la penumbra de la duda en el solar, hacia la iluminaci&oacute;n filos&oacute;fica de la mano de Emp&eacute;docles, confundido, confundiendo. &iquest;Culpable; de qu&eacute;? &iquest;De hallarse en un mon&oacute;logo con disfraz de charla?</p><br /><p>Trazando en prop&oacute;sito una cr&iacute;tica constructiva, espec&iacute;ficamente relacionada a la publicaci&oacute;n de la novela <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong>, sugerir&iacute;a al dise&ntilde;ador de la portada que cuide los detalles, pues si bien las piernas fotografiadas son fuertes y hermosas, el tapiz elocuente y el juguete evocador, perdi&oacute; de vista que al voltear la imagen del robot, el r&oacute;tulo &ldquo;X-70&rdquo; en el brazo de este qued&oacute; al rev&eacute;s dando al traste con el significado derivado de la cronolog&iacute;a utilizada por Eloy Urroz para ubicar la ra&iacute;z de los acontecimientos que contribuyeron a la formaci&oacute;n individual del car&aacute;cter de los personajes. &iquest;<em>Peccata minuta</em>? No lo creo, para una novela pensada y armada con dos historias corriendo paralelas, contrapuestas, complementarias como engranes sobre una cremallera.<br /><br /></p><br /><p>Cual lector insaciable, Monsiv&aacute;is es ejemplo de reciclaje. A trav&eacute;s de su mirada trituradora, p&aacute;ginas enteras quedan desmenuzadas hasta el &uacute;ltimo &aacute;tomo de letra impresa, de emulsi&oacute;n f&iacute;lmica. Y quiz&aacute; eso explique la compulsividad de su vasta obra en continua reproducci&oacute;n, pues las palabras en &eacute;l semejan man&aacute; incontenible, vasca impresionante, cuajo sustancioso en espera de la paleta transformadora que lo vuelva crema, mantequilla, unto para la conciencia febril de poetastros, de politicastros, liliputienses y dem&aacute;s fauna letrista a la que de un modo u otro discursivo ya pertenecemos t&uacute;, aquel, todos, por virtud de las maravillas tecnol&oacute;gicas que facilitan la fricci&oacute;n impl&iacute;cita en el encuentro tanto como en el desencuentro <em>inter net</em>.</p>]]></description>
<date>5/22/2008</date>
<time>3:34:00 PM</time>
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<title><![CDATA[VA TALLANDO EN SUS BATALLAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>Con la guardia baja, ahora surgen las caras, los nombres, las justificaciones de los afanes.<br /><br /></p><br /><p>Para Zayd&uacute;n&hellip; El deseo. As&iacute; lo plantea Alberto Ruy S&aacute;nchez. Deseo: punto de fuga para el amor.</p><br /><p>Para Arturo&hellip; El deseo. As&iacute; lo expone y disloca Eloy Urroz. Deseo: punto para la fuga del amor. Mientras &eacute;l mismo indica en Eusebio&hellip; El deseo: fuga puntual y amorosa.<br /><br /></p><br /><p>Para el pueblo espa&ntilde;ol&hellip; El deseo. As&iacute; lo muestra Arturo P&eacute;rez-Reverte. Deseo: amor al punto para la fuga y la derrota del opresor. En tanto que para el imperio napole&oacute;nico&hellip; simplemente&hellip; deseo cargado de arrogancia.<br /><br /></p><br /><p>Para el doctor Fitzpatrick, no puede ser distintivo: el deseo&hellip; de morir y olvidar, de hallarse y perderse en medio del calor peninsular. Asimismo, para el novelista, su justificaci&oacute;n es el deseo de contar cont&aacute;ndose.<br /><br /></p><br /><p>Por suerte, las historias breves sobre naturales y sobrenaturales de Carlos Fuentes, se hilvanan con el hilo del deseo ya de creer ya de revivir.</p><br /><p>Para Alfaguara, el deseo de promover y difundir.</p><br /><p>Para m&iacute;, el deseo de escribir y leer y llenarme de palabras, emociones, idea, de imaginar, solazarme con mi maravilloso idioma.<br /><br /></p><br /><p>&iquest;Y para ti? &iquest;Cu&aacute;l es tu justificaci&oacute;n para haber llegado hasta este punto de fuga de unos apuntes alrededor del deseo y el amor a la literatura?</p><br /><p>No me digas que &ldquo;el deseo&rdquo;, porque entonces habremos descubierto c&oacute;mo &eacute;ste va tallando su huella, constante, indeleble, en sus batallas por situarnos entre el pecado y la virtud.</p>]]></description>
<date>5/22/2008</date>
<time>2:42:00 PM</time>
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<title><![CDATA[ENTRE AMOR Y DISCORDIA, LAS ANSIAS GUARDADAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>Cerca de la meta, apuro una suerte de resumen o un resumen en suerte, desgajando citas, referencias, piezas de un rompecabezas cuyos perfiles esperan encajar en su r&eacute;plica.<br /><br /></p><br /><p>&ldquo;Un buen libro er&oacute;tico nunca se cierra, sigue vivo en las manos y en los ojos de quien goz&oacute; de sus formas. Un libro er&oacute;tico puede contar la historia que sea, incluso la m&aacute;s inveros&iacute;mil, lo importante es que produzca la aparici&oacute;n, el instante de la visi&oacute;n maravillosa, de la sensaci&oacute;n irremplazable. Lo importante de un libro er&oacute;tico es la epifan&iacute;a: la revelaci&oacute;n po&eacute;tica del cuerpo amado [&hellip;]</p><br /><p>&ldquo;Que nada es lo que parece. Que al hacer el amor los amantes se leen y se escriben historias siempre distintas. Y siempre se hace por primera vez: siempre comienza de nuevo el reto de aprender a leer los deseos en ese otro cuerpo al que anhelamos [&hellip;]<br /><br /></p><br /><p>&ldquo;En el amor y en el deseo todo cambia constantemente de sentido, todo es distinto o puede serlo: la realidad er&oacute;tica es una especie de circo n&oacute;mada en movimiento. De ah&iacute; el reto enorme de escribirlo. Porque una de las razones de contar cuentos, en la plaza o en los libros, es tratar de comprender la naturaleza cambiante del coraz&oacute;n enamorado, incendiado de figuras que engendra su imaginaci&oacute;n deseante [&hellip;]</p><br /><p>&ldquo;En el r&iacute;o del erotismo, de sus misterios y revelaciones, todos de una manera u otra navegamos. No todos tienen conciencia de ello y con frecuencia hay ahogados que no entienden qu&eacute; les sucedi&oacute; en la vida: los n&aacute;ufragos del erotismo. Quienes llegan a darse cuenta, lo navegan, lo sobreviven, incluso hay quienes franca y sanamente lo gozan, pero muy pocas veces lo reconocen como un r&iacute;o especialmente sagrado. Y como tal, uno de los componentes fundamentales de la vida&rdquo; [Ruy S&aacute;nchez, op.cit., 140, 142, 144-145 y 183].<br /><br /></p><br /><p>&ldquo;Melville dec&iacute;a que un escritor necesita del <em>ambiente de calma frescura y silencio con el que crece la hierba</em> para poder <em>componer</em> debidamente una obra&rdquo; [Lara Zavala, op.cit. 185].</p><br /><p>&ldquo;Los ojos claros son como la luz de una vela que atraviesa una linterna en la noche de la borrasca, es decir, los rayos que emiten no los apaga el viento pero, al mismo tiempo, logran iluminar, perforar la oscuridad&rdquo; [Urroz, <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong>, 104-105].<br /><br /></p><br /><p>&ldquo;Vestido con sombrero de la inglesa, frac solapado y chaleco ombliguero, el literato e ingeniero retirado de la Armada Jos&eacute; Mar de Fuentes pasea por la calle Mayor, paraguas bajo el brazo. Se encuentra en Madrid [&hellip;] [T]ras un refrigerio en un caf&eacute; de la carrera de San Jer&oacute;nimo, decide echar un vistazo por la parte de Palacio. La gente con la que se cruza parece agitada, dirigi&eacute;ndose en grupos hacia la puerta del Sol. Un platero, al que encuentra abriendo la tienda, le pregunta si es cierto que se prev&eacute;n disturbios.</p><br /><p>&ldquo;&mdash;No ser&aacute; gran cosa&mdash; responde Mar de Fuentes muy tranquilo&mdash;. Ya sabe: pueblo ladrador, poco mordedor&rdquo; [P&eacute;rez-Reverte, <strong><em>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</em></strong>, 54].<br /><br /></p><br /><p>A lo largo de estas entregas he venido jugando con los riesgos impl&iacute;citos en el transporte de una obra a otra. Son varios los libros le&iacute;dos al momento, y aun cuando pueda parecer tarea de locos supone un gran respeto y disciplina (trompetilla autocomplaciente).</p><br /><p>A modo de quien se imbuye en un har&eacute;n literario, acariciar pastas, revisar impresiones, hallar faltas sint&aacute;cticas y ortogr&aacute;ficas (algo imperdonable por m&iacute;nimo que sea en editoriales de la talla de Alfaguara), se vuelven d&iacute;a con d&iacute;a tareas gozosas en una traves&iacute;a apasionante.<br /><br /></p><br /><p>En cada obra, mucho m&aacute;s que en su autor, pasajes y personajes, a cada lectura crecen en celo, aumenta su demanda de atenci&oacute;n y cuidado, el hambre de letras.</p><br /><p>Formando temporalmente una familia virtual, d&iacute;a con d&iacute;a dan se&ntilde;ales no s&oacute;lo de vida sino de su raz&oacute;n de ser (como si fuesen parientes revoltosos de aquellos dram&aacute;ticos <strong><em>Seis personajes en busca de autor</em></strong> de Luigi Pirandello) y, m&aacute;s importante, de las ligas invisibles que unen sus motivaciones, sus derroteros, a&uacute;n encontr&aacute;ndose en historias dis&iacute;miles.<br /><br /></p><br /><p>Si Urroz construye un domin&oacute; cuyas fichas capitulares constituyen dos aproximaciones encontradas al triunfo y al fracaso, a la victoria y a la derrota, a la verdad y a la mentira, como dos polos siempre en constante frotamiento; si en <strong><em>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</em></strong> se arma y distribuye minuto tras minuto, esquina tras esquina, el valor del descontento, aliment&aacute;ndose el anhelo de librarse del oprobio y del invasor que lo calza; si, en fin, de ind&iacute;genas a castas, de imperios a pueblos, de amantes a escritores, solo raya un perfil, entonces de p&aacute;ginas a libros, de palabras a enunciados s&oacute;lo dista el sentido interpretativo del lector, como un conjunto de ansias guardadas, ansias de escritor en potencia a las que basta s&oacute;lo el pretexto del silencio y la calma chicha para componer instantes, imaginar fricciones revolucionarias, pen&iacute;nsulas corporales, iras amatorias que se hornean pausadamente ya en el desierto, en la plaza tanto como en la hoja en blanco.</p><br /><p>Citas, referencias, extractos, piezas sueltas dicen mucho y unidas dicen m&aacute;s. Construyen. &iquest;Pero d&oacute;nde, c&oacute;mo se las debe unir? Ya su autor lo ha hecho una vez en su estudio, desde su pluma; luego el editor ha hecho lo propio en un volumen asible, acariciable, amable; &iquest;y uno cual lector?<br /><br /></p><br /><p>El poeta, sabedor de juegos de palabras, maestro edificador, inventor de met&aacute;foras, no obstante su oficio, a veces puede verse rebasado, superado o destruido o disuelto por un lector eremita, acumulador de voces, profeta de ayeres olvidados que, sea en su ignorancia o con audacia contumaz, desgaja la biblia a su alcance para conformar su propio, muy personal orgasmo, en rebeli&oacute;n sacr&iacute;lega, entre amor y discordia.</p>]]></description>
<date>5/22/2008</date>
<time>2:31:00 PM</time>
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<id>148</id></item>
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<title><![CDATA[MACHACA LIBROS Y GUARNECE]]></title>
<description><![CDATA[<p>Llegado el nuevo material para alimentar mis siguientes entregas y continuar el hilo de estos apuntes alrededor del deseo, como si el paquete fuera la caja de Pandora, los t&iacute;tulos parecieron ostentar las virtudes que escapar&iacute;an luego de abierto el sobre, pues aun antes de efectuar esta acci&oacute;n develadora, en casa ya se hab&iacute;an dado el estallido y el reclamo: &ldquo;&iexcl;Con esto te est&aacute;n pagando! &iexcl;Te voy a hacer un guisado con todos los libros y eso comer&aacute;s de ahora en adelante!&quot;<br /><br /></p><br /><p>Primera conclusi&oacute;n: est&aacute; visto que en M&eacute;xico, al menos en mi estado, en mi colonia, en mi calle, en mi casa, la lectura y la escritura, a pesar de ser las formas centrales y t&eacute;cnica y expresivamente m&aacute;s evolucionadas del fen&oacute;meno comunicativo que nos caracteriza como humanos, a pesar de esto a&uacute;n son vistas como actividades accesorias y, en el mejor de los casos, como actividades instrumentales y ancilares de otras. Y eso que quien tal reclamo hizo, en su momento fue detonador y ejemplo que inculc&oacute; mis afanes lectores y literarios.</p><br /><p>Hip&oacute;tesis: Tal vez por esta actitud hacia la palabra y sus manifestaciones y usos no pasamos de Perico Perro, pues quiz&aacute; en ella est&aacute; la simiente de la odiosa imposici&oacute;n escolar, de la negaci&oacute;n estudiantil, de la cerraz&oacute;n pol&iacute;tica, de la abulia laboral. Es claro que en el orden de las prioridades diarias, ni el papel ni la tinta ni la palabra ni la idea ni el argumento ni el discurso ni la ficci&oacute;n ni el verso ni la ortograf&iacute;a son vitaminas digeribles ni nutrientes. El alma no engorda ni el conocimiento; y la memoria tiende a ser flaca.<br /><br /></p><br /><p>Caray, a&uacute;n no sal&iacute;a de su escondite frot&aacute;ndose satisfecha la <strong><em>Fricci&oacute;n</em></strong> de Eloy Urroz ni experimentaba <strong><em>Un D&iacute;a de C&oacute;lera</em></strong> de Arturo P&eacute;rez-Reverte. Ya estaban haciendo lo propio.</p>]]></description>
<date>4/22/2008</date>
<time>3:37:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=147</link>
<id>147</id></item>
<item>
<title><![CDATA[AMORES SUSPIRANTES Y DÍAS DICTADOS]]></title>
<description><![CDATA[<div>S&iacute;, me anticipo a los jalones de oreja pido perd&oacute;n por la demora de mis entregas y la acumulaci&oacute;n de material. Mi &uacute;nica excusa: soy lento, pero seguro (si se prefiere, es asunto de m&eacute;todo).<br /><br />Como habr&aacute;s notado, amabil&iacute;simo lector que me tienes paciencia y me has seguido hasta este lugar, la fogosa pluma de <strong>Alberto Ruy S&aacute;nchez</strong> ha venido confluyendo aqu&iacute; con la puntualidad necesaria para cruzarse con las ficciones de los <strong><em>Cuentos Sobrenaturales</em></strong> de <strong>Carlos Fuentes</strong>, los hechos narrados por <strong>Hern&aacute;n Lara Zavala</strong> en <strong><em>Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula</em></strong> y, juntos, han estado abonando el terreno para las siguientes lecturas, comprobando que <em>el deseo ata al fetichismo del instante</em>, empero tambi&eacute;n, viceversa, que el fetiche desata el deseo en un instante.<br /><br />A 50 a&ntilde;os de <strong><em>La  Regi&oacute;n</em></strong><strong><em> m&aacute;s Transparente</em></strong> de <strong>Carlos Fuentes</strong>, el prurito por ejercitar esta forma algo alucinante, son&aacute;mbula de rese&ntilde;ar y repasar las l&iacute;neas apuntadas se antoja c&iacute;clica. El propio Fuentes ha anunciado que su siguiente obra intitulada <strong><em>La  Voluntad</em></strong><strong><em> y la Fortuna</em></strong>, por aparecer pr&oacute;ximamente, har&aacute; las veces de secuela, de un segundo vistazo a la Ciudad de M&eacute;xico hoy, con todo y sus factores y personajes decisivos que hacen de ella una regi&oacute;n marcada por el encuentro y el desencuentro.<br /><br />A 10 a&ntilde;os del fallecimiento de <strong><em>Octavio Paz</em></strong>, algunos comenzamos a ver a M&eacute;xico y su literatura como una moneda en pleno vuelo. La duda permea toda mirada inquisitiva, todo deseo de triunfo y todo temor de fracaso. &iquest;Hacia qu&eacute; apunta nuestra vocaci&oacute;n nacional, hacia el &aacute;guila o hacia el Sol? El destino siempre parece descansar en una cara y en una cruz; son sus facetas religiosas: el imperio dominante de la norma que gobierna, el credo provincial con aspiraciones libertarias.<br /><br />Con cada lectura, coincidencias de caminos, afectos y apegos, presencias y ausencias. En cada palabra, un recuerdo.<br /><br />Si la literatura se revela absorbente, esto no es nada m&aacute;s porque consuma tiempo y esfuerzo, ideas e imaginaci&oacute;n; sino porque sus fronteras, en vez de repeler atraen. Las m&aacute;rgenes de la hoja de papel o de la pantalla de computadora o del televisor contienen en justa madre el decurso de los pensamientos y el sentir, no s&oacute;lo de los manados del venero creativo de un autor, sino incluso de los ansiados por los espor&aacute;dicos o asiduos visitantes que acuden a hundir su mirada y empaparse en el ya pr&iacute;stino ya turbio oleaje de las corrientes contenidas.<br /><br />El lector, as&iacute;, es un insistente migrante. Emigra del mundo real, inmigra al mundo virtual. Libremente, sin necesidad de m&aacute;s pasaporte o visa que su propio equipaje de palabras e im&aacute;genes. Sin temor a ser deportado por no sujetarse al idioma o no comulgar con la sintaxis. Entrar y salir, as&iacute; como sus causas y efectos, son decisi&oacute;n suya. Vagabundeando entre paisajes, costumbres y fantas&iacute;as, el lector solo para, quiz&aacute;, en un punto, toma aire entrando en coma y vive dando vuelta a la p&aacute;gina sin preocuparse m&aacute;s que de lo necesario, de lo que los d&iacute;as dictan.</div>]]></description>
<date>4/16/2008</date>
<time>3:48:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=146</link>
<id>146</id></item>
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<title><![CDATA[PERFILES DE MAÑANAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>Quiz&aacute; la &uacute;nica diferencia de verdad evidente entre el escritor y el lector, en los t&eacute;rminos que he expuesto a lo largo de estos apuntes alrededor del deseo es &mdash;y ojo a la etimolog&iacute;a&mdash; puramente especulativa: mientras el primero es un lector activo, el segundo es un escritor pasivo.<br /><br />En sus confesiones hechas con mano de fuego, <strong>Alberto Ruy S&aacute;nchez</strong> dice escribir cuando se siente lleno de algo que lo desborda, &ldquo;como un jaguar prisionero o enamorado o listo para saltar sobre su presa&rdquo; y, en diciendo, remite a la memoria hacia el cuento de <strong>Jorge Luis Borges</strong> &ldquo;La escritura del Dios&rdquo; y, en un juego de conexiones, la sobrenaturalidad del anhelo y la caligraf&iacute;a divina derivan en ma&ntilde;anas que <strong>Carlos Fuentes</strong> acomoda entre sombras, fantasmas y robots mediante los cuales colegimos en primera instancia que, si el aire es nombrable, lo es en virtud de que un nombre es s&oacute;lo una aproximaci&oacute;n a au naturaleza.<br /><br />Estamos relativamente acostumbrados a leer libros, pinturas, fotograf&iacute;as y otras obras de nuestras humanas invenci&oacute;n y t&eacute;cnica, incluso sin estar debidamente capacitados para hacerlo. Sin embargo, no sucede as&iacute; con la vida, con las vidas. No leemos la vida y ya no digamos la muerte, ni siquiera atendemos a sus obvios indicios y esto o porque no queremos o porque su imposici&oacute;n cotidiana se nos antoja, cuando no odiosa por lo menos apabullante (de alg&uacute;n modo trat&eacute; de hacerlo notar en mi &ldquo;<a href="http://cronicas-relatos.blogspot.com/2007/10/crnica-de-un-suicidio.html"><strong>Cr&oacute;nica de un Suicidio</strong></a>&rdquo;), simplemente descartable en su constante continuidad y variedad.<br /><br />Muchos colegas periodistas miden su desempe&ntilde;o y experiencia profesionales a partir de la cantidad y la calidad de entrevistas que han efectuado en su carrera, especialmente a personalidades connotadas. Desde esa &oacute;ptica, un servidor no tendr&iacute;a nada que presumir. S&oacute;lo tres entrevistas tengo en mi haber, una a la cantante mexicana <strong>Tatiana</strong> en su inicio y dos a ejecutivos del mundo farmac&eacute;utico. &iquest;C&oacute;mo el peso de semejantes encuentros puede compararse hist&oacute;ricamente con los tenidos por famosos periodistas con no menos famosos pol&iacute;ticos, acad&eacute;micos, artistas, etc. Que una vez coincidiera en el Museo Rufino Tamayo con <strong>Octavio Paz</strong>, le estrechara la mano, conversara con &eacute;l unos minutos, &iquest;no cuenta por el s&oacute;lo hecho de no ser p&uacute;blica? &iquest;No salir en la foto es no existir? &iquest;Tal vez por eso escribo en estos espacios? &iquest;Acaso el tacto y la vista no valen para la memoria? Para la colectiva definitivamente no. &iquest;Pero es la memoria colectiva la que me determina como ser humano en las horas del d&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; mi testigo? &iquest;Qui&eacute;n testimonia los accidentes consuetudinarios, personales, &iacute;ntimos del Ser? &iquest;Qui&eacute;n y c&oacute;mo me bautiza?<br /><br />Desde un horizonte m&aacute;s humanista hallo en las arcas de mis d&iacute;as cientos de aleccionadores di&aacute;logos, cruces de miradas y experiencias p&uacute;blicas o privadas con gente com&uacute;n, que no ha estado menos viva ni ha dejado de hacer su correspondiente aportaci&oacute;n m&iacute;nima a la ya m&iacute;nima historia que la ha tocado vivenciar.<br /><br />Parafraseando el famoso eslogan escrito por<strong> Salvador Novo</strong>, desde Sonora a Yucat&aacute;n todos llevamos puesto el sombrero de las ideas de nuestra &eacute;poca y todos vestimos la piel novelada de nuestra existencia; cada ma&ntilde;ana y en nuestro nombre.</p>]]></description>
<date>4/16/2008</date>
<time>3:04:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=145</link>
<id>145</id></item>
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<title><![CDATA[SOBRE LA PIEL DEL TEXTO]]></title>
<description><![CDATA[<p>La cuarta de forros o contraportada del libro <strong><em>Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula</em></strong> de <strong>Hern&aacute;n Lara Zavala</strong> rescata como parte de la descripci&oacute;n del producto un fragmento de la p&aacute;gina 79. Un cuestionamiento con el que Lara Zavala ensaya y fundamenta su reciente trabajo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es la novela hist&oacute;rica sino un juego del que se sirven la memoria y la imaginaci&oacute;n, para evocar otras voces, otros tiempos, otros personajes y otras situaciones? Quienes nos acercamos a la historia para ubicar novelas en un tiempo pasado no hacemos sino aprovechar otra &eacute;poca para reflexionar sobre el presente&rdquo;.<br /><br />Nada m&aacute;s cierto.<br /><br />Hace doce a&ntilde;os, determinado acontecimiento en mi vida marc&oacute; mi b&uacute;squeda personal y estableci&oacute; el punto de partida y meta de un par de proyectos literarios (entre muchos otros) que siguen entint&aacute;ndose. Dos a&ntilde;os antes hab&iacute;a experimentado la sensaci&oacute;n de haber muerto en vida y, en la necesidad de explicaciones revivificadotas comenc&eacute;, como es natural, a fincar culpas y responsabilidades en quienes no la ten&iacute;an o s&oacute;lo eran causantes parciales, circunstanciales.<br /><br />Hace doce a&ntilde;os, pues, me lanc&eacute; a una aventura similar a la de Lara Zavala. Pero a diferencia suya, quien goz&oacute; del beneficio de los apoyos de CONACULTA, en mi caso lo hice y a&uacute;n lo hago con mis propios y limitad&iacute;simos recursos, fermentando ideas, perge&ntilde;ando memorias de familiares, provocando espectros de la infancia, todo en un proceso largo, desgastante pero enriquecedor, que empieza a cobrar una m&iacute;nima forma apenas este a&ntilde;o a la par que escribo estas l&iacute;neas.<br /><br />Durante este tiempo de sucesos formadores del car&aacute;cter, quien esto escribe no ha podido m&aacute;s que descubrir que tiene una insospechada vida de novela. Mas lejos de petulancias obscenas, si esto es posible lo es en la medida que se trata de un legado individual para la posteridad. S&iacute;, muy personal, quiz&aacute; descartable para otros como t&uacute; o aquel lector; no obstante es v&iacute;vido, suficiente, como bien puede serlo el de cualquiera. Y es que aun cuando no lo creamos, toda vida es digna de ser contada. &iquest;Razones? Basta un argumento: toda vida es una m&iacute;nima lecci&oacute;n de existencia.</p>]]></description>
<date>4/16/2008</date>
<time>2:42:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=144</link>
<id>144</id></item>
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<title><![CDATA[FRONTERAS DESDIBUJADAS]]></title>
<description><![CDATA[<p>&ldquo;Escribir es componer. El escritor es una suerte de compositor. El texto literario es su partitura&rdquo;. Tal apunt&eacute; atr&aacute;s y, desliz&aacute;ndome, repasando las l&iacute;neas trazadas, confirmo que el texto, aun en su contexto, lleva latente una mir&iacute;ada de pretextos.<br /><br />Cabras equilibristas que saltan en la enramada como alegres y despreocupados violinistas sobre tejados ponen en evidencia, para Ruy S&aacute;nchez, la capacidad de azoro del int&eacute;rprete. Desde el islamismo marroqu&iacute; revelado en gestos de vapores sutiles capaces de denominar al aire, hasta el cat&oacute;lico arte mud&eacute;jar de los espacios peninsulares yucatecos, el pretexto que insufla los ejemplos reposa en una palabra, quiz&aacute; dos: provincia, condado.<br /><br />La <strong><em>Enciclopedia</em></strong><strong><em> del Idioma</em></strong> de Mart&iacute;n Alonso define provincia como &ldquo;cada una de las grandes divisiones de un territorio o estado, sujeta por lo com&uacute;n a una autoridad administrativa&rdquo;. Y por lo que respecta a condado dice: &ldquo;Territorio o lugar a que se refiere el t&iacute;tulo nobiliario de conde y sobre el cu&aacute;l este ejerc&iacute;a antiguamente se&ntilde;or&iacute;o&rdquo;. Lo que remite necesariamente a revisar el t&eacute;rmino <em>conde</em> (del lat&iacute;n <em>comes</em>, -<em>itis</em>: compa&ntilde;ero) en su calidad de t&iacute;tulo originado en la Edad  Media como canonj&iacute;a y denominaci&oacute;n otorgada en dignidad a los individuos caudillos que acompa&ntilde;aban o hac&iacute;an comitiva los se&ntilde;ores feudales, fuera como cortesanos o como guerreros capitanes; y en ocasiones se signaba a favor de r&uacute;sticos en quienes se confiaban funciones de gobierno de cierta comarca.<br /><br />Previo a esta &eacute;poca, los romanos hacia el 122 A.C. acu&ntilde;aron el primero de los vocablos mencionados, el cual surge de la frase <em>pro vincitore</em> (para el vencedor), como una apretada y sint&eacute;tica promesa para favorecer a personajes de diversa estofa, tanto centuriones, c&oacute;nsules o mercenarios que lograran la conquista de las Galias. Conquista, no est&aacute; de m&aacute;s decirlo, que result&oacute; de la alianza entre romanos y masaliotas (habitantes de la regi&oacute;n de Marsella y el R&oacute;dano) contra las agresiones que los celtoligures propinaban a estos. De esta conquista naci&oacute; Provenza, antiguo condado hist&oacute;rico meridional de Francia, y de la idea prometedora en el trasfondo de la palabra derivar&iacute;an todas las provincias encomendadas a condes y duques (del lat&iacute;n <em>dux</em>: quien gu&iacute;a o conduce) a lo largo de la historia y en todo el orbe.<br /><br />Provinciano entonces es todo aquel oriundo de una regi&oacute;n conquistada, sea de nacimiento o por naturalizaci&oacute;n. Para el individuo de esp&iacute;ritu independiente y aspiraci&oacute;n a la autonom&iacute;a equivale por ello a un mote peyorativo, lacerante, aun trat&aacute;ndose del gobernador provincial. Se utiliza esta palabra en contraposici&oacute;n a capitalino, que describe al identificado con el centro donde se ubican los poderes principales de donde dimanan los poderes delegados. Y no falta quien presupone que en la perversi&oacute;n de lo provincial radica la simiente de la esclavitud.<br /><br />Esta forma de divisi&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y demogr&aacute;fica, con el advenimiento de las rep&uacute;blicas se volvi&oacute; pretexto, pero tambi&eacute;n pretensi&oacute;n orgullosa, como trasluce en la guerra de castas experimentada en Yucat&aacute;n, o en otras luchas intestinas dentro o fuera de M&eacute;xico.<br /><br />Dos veces conquistado, primero por los aztecas y luego por los espa&ntilde;oles, el pueblo maya cobr&oacute; car&aacute;cter provincial tanto como los criollos y mestizos de esa regi&oacute;n sureste de M&eacute;xico y otras m&aacute;s.<br /><br />Lo que desde Provenza y Occitania supuso el fundamento ni m&aacute;s ni menos que del per&iacute;odo renacentista, es decir el romanceamiento de las lenguas, su difusi&oacute;n mediante la expresi&oacute;n trovadoresca, el desarrollo del humanismo art&iacute;stico y filos&oacute;fico, halla su equivalente en las expresiones culturales propias de Yucalpet&eacute;n, pero en un sentido contrario pues mientras en aquel caso provino determinada integraci&oacute;n cultural, regional, idiom&aacute;tica y hasta religiosa, por supuesto que no exenta de tribulaciones, en este caso que retrata <strong>Hern&aacute;n Lara Zavala</strong> en Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula comport&oacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n separatismo y reconcomio. La &ldquo;hermana Rep&uacute;blica de Yucat&aacute;n&rdquo;, como lo fue varias veces en la historia que comprende la segunda mitad del siglo XIX, siempre consciente y determinada en su soberan&iacute;a estatal, es resultado de conquistas breves, tanto de los mismos provinciales como de &ldquo;extranjeros&rdquo;.<br /><br />Mientras Ruy S&aacute;nchez pone a cocimiento en sus libros las ilusiones del ser bajo el ardor del anhelo, la sofocante humedad de la planicie selv&aacute;tica peninsular yucateca aletarga cualquier ebullici&oacute;n de los &aacute;nimos hasta hacerlos suficientemente capaces para descarnar el alma.<br /><br /><strong>Hern&aacute;n Lara Zavala</strong> novela la historia de un novelista yucateco del siglo XIX. No obstante esta afirmaci&oacute;n, el mismo autor se pregunta y responde si no, de alg&uacute;n modo, nos encontramos ante una novela hist&oacute;rica. Como &eacute;l mismo apunta y de acuerdo con su dicho &ldquo;dudo que el adjetivo <em>hist&oacute;rico</em> logre superar al sustantivo <em>novela</em>&rdquo;.</p>]]></description>
<date>4/16/2008</date>
<time>2:03:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=143</link>
<id>143</id></item>
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<title><![CDATA[ENTRE DUNAS Y REGIONES]]></title>
<description><![CDATA[<p>Casi un son&aacute;mbulo, lo dije desde el primer momento: soy lento, pero seguro. La lentitud es un elemento de la pasi&oacute;n. La mesura define la amplitud del af&aacute;n.<br /><br />Aun no termino de comentar <strong><em>La mano de fuego</em></strong> y ya me queman las ansias por hundirme entre los pliegues de dos nuevas aventuras.<br /><br />Lleg&oacute; la segunda tanda de libros con que me gratifica Editorial Alfaguara mi participaci&oacute;n en este espacio, en calidad de un eslab&oacute;n m&aacute;s de esta &ldquo;Cadena de Lectores&rdquo;, y, como en la primera ocasi&oacute;n, quiero antes que nada expresar mi gratitud y los motivos que me llevaron a elegir los libros cuyo comentario sumar&eacute; a estas l&iacute;neas en entregas siguientes, con la intenci&oacute;n de continuar estos <strong><em>Apuntes alrededor del Deseo</em></strong>. Y mi <strong><em><a href="http://elogiodelalectura.blogspot.com" target="_blank">Elogio de la Lectura</a><span style="font-weight: normal; font-style: normal;">.</span></em></strong><br /><br />Continuando con mi curiosidad por lo nuevo, como guiado por la &ldquo;Ley de Jamsa&rdquo; que describe Ruy S&aacute;nchez en <strong><em>La mano de fuego</em></strong>, se&ntilde;al&eacute; <strong><em>Pen&iacute;nsula, Pen&iacute;nsula</em></strong>, novela escrita por Hern&aacute;n Lara Zavala y con la que aspiro devolver una a una las virtudes fugadas de mi actual caja de Pandora.<br /><br />Mi segunda elecci&oacute;n, aunque novedad editorial, es un viejo referente literario para muchos de nosotros. <strong><em>Cuentos sobrenaturales</em></strong>, colecci&oacute;n de cuentos y una novela corta de Carlos Fuentes, autor de quien s&iacute; he le&iacute;do, como t&uacute; y t&uacute;, varias obras.<br /><br />Si bien no soy muy dado a releer una o m&aacute;s obras en particular, generalmente trato de obtener la mayor cantidad posible de zumo de cada lectura (y vaya que muchas veces me empujo m&aacute;s de tres a la vez). S&eacute; que es imposible agotar las palabras, por m&aacute;s que haya quien afirme la existencia de algunas muy sobadas, pero nadie puede negar que siempre se descubre algo nuevo en ellas, incluso en las m&aacute;s socorridas, y apurando, como hago, grandes tragos y momentos narrativos, de la embriaguez logro extraer visiones confluentes que me llevan invariablemente a encontrar la encrucijada en el &ldquo;Jard&iacute;n de los senderos que se bifurcan&rdquo;. Por esta raz&oacute;n y mi manera de lanzarme a la mar de las letras, al elegir a Fuentes desee devolverme a uno de mis primeros astilleros.<br /><br />Si la literatura de <strong>Lara Zavala</strong> se me antoja cual aventura m&aacute;s all&aacute; del horizonte conocido, y me supone riesgo de caer en el abismo y ser pasto de monstruos fant&aacute;sticos anclados en la realidad nacional, la vena de Fuentes me da el pretexto exacto para comenzar el periplo y bogar por costas ajenas en las pr&oacute;ximas incursiones. &iquest;Ad&oacute;nde? Ya veremos. Norte, sur, este, oeste, continentes, islas, mundos. La literatura es muy vasta y cuando uno opta por apoyar la mano en la arena y andar entre dunas, sea en Marruecos o en Chihuahua, o en cambio hace de su voluntad la medida del ancho del sendero, en cualquier caso afianza con la fuerza del pulgar el h&aacute;lito de un &aacute;ngel.<br /><br />Quienes han tenido la paciencia de leer mis entregas, por su conjunto habr&aacute;n constatado mi deseo, uno no menos er&oacute;tico que el expl&iacute;cito en Ruy S&aacute;nchez, y tampoco m&aacute;s fant&aacute;stico que el latente en <em><strong>Aura</strong></em>.<br /><br />&iquest;Qu&eacute; leemos en realidad? &iquest;Libros? &iquest;Historias? &iquest;Sentimientos? &iquest;Ideas? &iquest;Es que en el elogio de las palabras, de las descripciones y relatos; en la interpretaci&oacute;n de biograf&iacute;as reales o imaginarias, se revela el oficio del <a href="http://parentesisdeveta.blogspot.com/2007/05/ojo-al-gato-y-al-garabato.html"><strong>fisg&oacute;n</strong></a>?<br /><br />Escribir es componer. El escritor es una suerte de compositor. El texto literario es su patitura.<br /><br />Cuando tomo la pluma y trazo estas l&iacute;neas, acent&uacute;o palabras o punt&uacute;o pausas o ligas, me visualizo como el m&uacute;sico que dibuja notas sobre los renglones del pentagrama. Cada conjunci&oacute;n, cada verbo, cuales redondas o corcheas caprichosas hacen las veces de voces silentes que cantan una historia mel&oacute;dica al ritmo de la respiraci&oacute;n y de los pulsos del alma.<br /><br />El paso de la pluma sobre el papel es similar al viaje del arco sobre las cuerdas del viol&iacute;n. Y el golpeteo de las teclas de la m&aacute;quina de escribir, antigua o moderna, recuerda con gran precisi&oacute;n el juego arm&oacute;nico del piano.<br /><br />Las palabras formando enunciados que conducen hacia argumentos discursivos que narran o describen cosas y gente, se comportan muchas veces como instrumentos comprometidos en un concierto fundamental mas ef&iacute;mero, sobrenatural. El retrato hecho con pinceladas de alfabeto de una mirada que cae ansiosa sobre los senos turgentes de una mujer, la ominosa presencia del dios maya de la fertilidad Chac Mool, un brazo extendido con pesadumbre y docilidad en medio de un ba&ntilde;o turco, componen detalles, regiones del deseo.<br /><br />Si Zayd&uacute;n, el escritor, editor y erot&oacute;mano de <strong><em>La mano de fuego</em></strong>, quien temer ser &ldquo;tan fiel a esa multiplicidad de voces, tan encaminado a sus obsesiones, tan poco lineal en su relato que su c&iacute;rculo de oyentes en la plaza no lo siga ya plenamente (&hellip;), se consuela pensando que la vida en realidad tiene la l&oacute;gica de los sue&ntilde;os. Que contar las cosas de manera realista&hellip; es una convenci&oacute;n m&aacute;s&hellip; Que nada es lo que parece y adem&aacute;s va cambiando. Que la &uacute;ltima realidad es el deseo&hellip; Que los cuerpos enamorados son dunas y sus historias las cuenta el viento mientras las mueve&rdquo;, qu&eacute; otra cosa puedo esperar yo aqu&iacute;, sino anhelar el logro de una construcci&oacute;n c&aacute;lida, de un texto caliente.</p>]]></description>
<date>3/21/2008</date>
<time>9:20:00 PM</time>
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<id>142</id></item>
<item>
<title><![CDATA[ACUSACIONES Y AFANES CONFESOS]]></title>
<description><![CDATA[<p>En una pl&aacute;tica con estudiantes, dentro de una entrevista televisada, <strong>Alberto Ruy S&aacute;nchez</strong> coment&oacute; cierta vez haber sido acusado de ser <strong>un escritor para mujeres y por ello &ldquo;odiado&rdquo; por los varones</strong>.<br /><br />Luego de leerlo entiendo el prurito de sus acusadores, aunque no o comparto. Quienes esto se&ntilde;alan s&oacute;lo revelan sus temores o, cuando menos, su ceguera. Como si los varones no hici&eacute;ramos m&aacute;s que actuar, o por decirlo soezmente, como si no supi&eacute;ramos otra cosa que lanzarnos sobre el bulto. Y como si las f&eacute;minas no sucumbieran al descontrol del <strong>deseo acumulado</strong>.<br /><br />Esperando encontrar el desenlace de una historia repartida en varios vol&uacute;menes: <em><strong>Los nombres del aire</strong></em>, <em><strong>En los labios del agua</strong></em>, <em><strong>Los jardines secretos de Mogador</strong></em>, <em><strong>Nueve veces el asombro</strong></em> y <em><strong>La mano del fuego</strong></em>, como he venido diciendo opt&eacute; por recorrer este &uacute;ltimo, el m&aacute;s reciente y anunciado como el final de una pentalog&iacute;a.<br /><br />En cada entrevista que da Ruy S&aacute;nchez, en cada conferencia, recalca su tendencia casi terap&eacute;utica a la conversaci&oacute;n y una finalidad literaria. Por la pl&aacute;tica recopila, ganada la confianza de su interlocutor o interlocutora, momentos anecd&oacute;ticos y no necesariamente historias cuyo sello caracter&iacute;stico describe la comez&oacute;n y la melancol&iacute;a que la acompa&ntilde;a. De aqu&iacute; su meta redactora: el <strong>ansia confesada</strong>.<br /><br />El tema del deseo, rico t&oacute;pico, es un pretexto en s&iacute; mismo que una vez contextualizado tiene la capacidad de develar la diferencia fundamental entre el doliente y el &ldquo;friega quedito&rdquo;. Mientras el doliente necesita, el &ldquo;friega quedito&rdquo; quiere a secas.<br /><br /><strong>Querer y Necesitar </strong>son dos actos separados por una l&iacute;nea de conducta muy sutil. Quien quiere sucumbe a la pasi&oacute;n; quien requiere, m&aacute;s pronto que tarde es arrastrado por la acci&oacute;n.<br /><br />La querencia, socia del ansia, imanta la actitud de quien se descubre en alg&uacute;n momento carente de lo justo para saciar su hambre o su sed. Por eso la querencia es no otra cosa sino carencia. Enseguida, al lado (y aun cuando aqu&iacute; resulte ya muy cacof&oacute;nico) la deficiencia explica la necesidad.<br /><br />Como <strong>dos caras de una misma moneda, carencia y deficiencia</strong> fundamentan los dos pilares del quehacer y el ser humanos: la pasi&oacute;n y la acci&oacute;n, apuntalando la moral que los envuelve. Mientras la carencia se nutre de la ausencia, la deficiencia lo hace del defecto. Pero no entiendan aqu&iacute; como ant&oacute;nimos ni desde una perspectiva axiol&oacute;gica, sino en todo caso como aspectos semejantes y complementarios, o sea parad&oacute;jicos.<br /><br /><strong>El hombre que carece de asombro dif&iacute;cilmente puede comprender las cosas que a otro le resultan sencillamente consuetudinarias</strong>, comunes. Igual, el hombre cuyo sentido com&uacute;n se muestra defectuoso, es incapaz del asombro que deviene de la espontaneidad.<br /><br />Pero, &iquest;ad&oacute;nde va esta perorata? Al mismo sitio al que conducen los sue&ntilde;os al son&aacute;mbulo guiado sutilmente por la pasi&oacute;n. Como se ver&aacute; a lo largo del recorrido un poco err&aacute;tico del escritor y editor Ignacio Labrador Zayd&uacute;n, especie de alter ego bien identificable del propio Ruy S&aacute;nchez.</p>]]></description>
<date>3/13/2008</date>
<time>8:58:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=141</link>
<id>141</id></item>
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<title><![CDATA[RECORTA FRAGMENTOS DE DESEO]]></title>
<description><![CDATA[<p>Lanzada la l&iacute;nea, piqu&eacute; la carnada. Mejor pretexto no pod&iacute;a haber para dedicar un tiempo a la exploraci&oacute;n de los retratos del deseo, y para extraviarme en el laberinto espiral del mundo real y fant&aacute;stico de <strong>Mogador</strong>.<br /><br /><strong><em>Los nombres del aire</em></strong> fue mi segunda estancia. Acomodado entre sus p&aacute;ginas, de nuevo pero ahora a causa del autor que vengo comentando, sufr&iacute; a la vez una decepci&oacute;n y una revelaci&oacute;n.<br /><br />Esperando una novela corta, pues as&iacute; est&aacute; anunciado el libro, me encontr&eacute; en cambio con una descripci&oacute;n profusa, generadora de cuadros mosaicos que congelan cualquier posibilidad de acci&oacute;n program&aacute;tica.<br /><br />Tal parece que para Ruy S&aacute;nchez Est&eacute;tica es sin&oacute;nimo de Est&aacute;tica. El magnetismo de sus construcciones descriptivas detiene el desarrollo de cualquier acci&oacute;n, prometiendo electrificar las consecuencias irrefrenables que siguen al estallido del deseo y la liberaci&oacute;n de la corriente de la libido.<br /><br />As&iacute;, desde este punto de vista pragm&aacute;tico, los nombres del aire quedaron expuestos m&aacute;s como el planteamiento y presentaci&oacute;n de personajes que aparentemente confluir&aacute;n en una historia. Entonces, no pasa nada m&aacute;s; y sin embargo sucede todo.<br /><br />La posibilidad, la potencialidad del acto que se adivina, del hecho que se previene; la profec&iacute;a sobre lo que puede ser, de lo que podr&iacute;a darse; el condicionamiento del espacio y sus formas por la sola existencia del tiempo y sus efectos; la ausencia y la presencia, el vac&iacute;o y la plenitud; todo esto constituye el deseo.<br /><br />Si el deseo deriva en pasi&oacute;n es precisamente por esto. En el deseo no ocurre nada, pero concurre todo. La pasi&oacute;n, como contrario de la acci&oacute;n, encierra la energ&iacute;a, la contiene, la prepara, la previene. Es justo lo que ocurre a Fatma, la mujer adolescente que despierta, abriendo los sentidos no a la vulgaridad del sexo, sino a la potencialidad de ser que este implica desde s&iacute; mismo.<br /><br />Brumas y sensaciones, aromas y ensue&ntilde;os, son apenas nombres que se pueden dar al aire, a ese espacio entre las piernas y el cual llega a extenderse hasta el fondo de las ideas. Son solo facetas vestidas con piel, provistas de g&eacute;nero y oficio: la esclava prostituta, el pescadero y el pescador, la abuela cartomanciaza. Todos confluyen, empatan, cruzan sus andares, se entrelazan sin provocarse, usando y abusando, haciendo acumulaci&oacute;n de anhelos en s&iacute; hasta el colmo.</p><br /><p><br /><div style="page-break-after: always;"><span style="display: none;">&nbsp;</span></div><br /><br /><br /></p>]]></description>
<date>3/6/2008</date>
<time>9:44:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=140</link>
<id>140</id></item>
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<title><![CDATA[EL GRAN TRANSFORMISTA]]></title>
<description><![CDATA[<p>Vestido de nostalgia, en un juego de mascaradas, <strong><em>Con la Literatura en el cuerpo </em></strong>me expuso, como baraja tendida boca arriba, los motivos del anclaje de Alberto Ruy S&aacute;nchez, present&aacute;ndomelo por primera vez en papel.</p><br /><p>Siendo ese libro una colecci&oacute;n de ensayos sobre escritores, decanta sutilmente la raz&oacute;n de ser de la propia obra de Ruy S&aacute;nchez. El mosto del deseo aqu&iacute; comienza a justificarse a modo de experiencia vicaria. Con cada nombre, con cada referencia, las palabras se vuelven gotas cargadas de anhelo.</p><br /><p>Al paso de las p&aacute;ginas, uno avanza adentr&aacute;ndose no s&oacute;lo en los intereses, devaneos y rutas de la melancol&iacute;a entendida como forma aletargada del af&aacute;n; no s&oacute;lo se la asocia con la biograf&iacute;a y la operalia de artistas reconocidos u olvidados, sino sirve de sendero para aproximarse t&iacute;midamente a la embriaguez del m&aacute;ximo deseo expresado en el dilema de ser o no ser lo que la vocaci&oacute;n dicta, aun a contrapelo de lo establecido.</p><br /><p>Convienen las l&iacute;neas de Ruy S&aacute;nchez que frustraciones y triunfos, o su sola posibilidad, convierten al artista en un lector artesano, cuya especialidad en entramar textos sean literarios, pict&oacute;ricos o de cualquiera otra &iacute;ndole, lo empata con el pesador de ilusiones. As&iacute; parece asumirse Ruy S&aacute;nchez.</p><br /><p>Afortunada o desafortunadamente para m&iacute;, el volumen de la obra rese&ntilde;ada es de veras de una rareza de colecci&oacute;n, a causa de una falla de imprenta. Encuadernado con la falta de todo un pliego que abarca las p&aacute;ginas 113 &aacute; 128, aparte de ocasionarme este hecho malestar, provoc&oacute; en m&iacute; un inusitado deseo. Tan a prop&oacute;sito no pod&iacute;a haber sucedido el error, cuantim&aacute;s porque leyendo la obra a 13 a&ntilde;os de distancia de haberla publicado por primera vez la editorial Taurus, la sensaci&oacute;n de haber extraviado el satisfactor de mi hambre lectora me contrari&oacute;. Vino a m&iacute; la idea de que, al impresor, autores como Beckett, Frisch y V&iacute;ctor Hugo eran meros ap&eacute;ndices y los lances verbales de Ruy S&aacute;nchez en torno a ellos para pescar &ldquo;la gravedad de la Luna&rdquo;, &ldquo;la identidad deslavada&rdquo; y &ldquo;un viejo sol g&oacute;tico&rdquo;, serv&iacute;an de cebo.</p><br /><div style="page-break-after: always;"><span style="display: none;">&nbsp;</span></div>]]></description>
<date>3/6/2008</date>
<time>8:02:00 PM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=138</link>
<id>138</id></item>
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<title><![CDATA[LA TINTA DEL DESEO]]></title>
<description><![CDATA[Primero que nada, agradezco los primeros <strong>comentarios </strong>recibidos tras mi anterior entrega. Una cosa puedo asegurar: soy lento, pero seguro. Espero no defraudar a quienes muy amable y atentamente han posado sus ojos en estas pretenciosas l&iacute;neas.<br /><br />Y sin m&aacute;s pre&aacute;mbulo declaro una primera <strong>confesi&oacute;n </strong>o <strong>descubrimiento</strong>, como se quiera tomar: ardua tarea es sin duda esto de escribir rese&ntilde;as. Ardua y arriesgada.<br /><br />Ardua, porque no es sencillo <strong>narrar </strong>la verdadera historia que se experimenta al <strong>leer</strong>. Arriesgada porque se corre el peligro de caer en la doble trampa del juicio cr&iacute;tico muchas veces odioso o del resumen monogr&aacute;fico. Surge entonces la duda existencial, <strong>rese&ntilde;ar </strong>o no rese&ntilde;ar... <strong>Criticar</strong>, <strong>resumir</strong>... Tal vez <strong>so&ntilde;ar</strong>.<br /><br />Mi primera elecci&oacute;n tras la fortuna de acceder a este espacio no tuvo que ver con el gusto por la obra de un autor, nada ni siquiera cercano a esto. M&aacute;s bien la motivaci&oacute;n descans&oacute;, como casi siempre, en la <strong>ignorancia</strong>.<br /><br />Siempre he pensado que detr&aacute;s de un escritor hay un lector. Corrijo. En un escritor, est&aacute; latente un lector. Corrijo. Delante de todo escritor, se refleja un lector. Tal vez todas estas f&oacute;rmulas est&eacute;n equivocadas y sean totalmente al rev&eacute;s y detr&aacute;s, en y delante de un lector palpite, asome y suceda un escritor.<br /><br />Asumirme como <strong>lector </strong>asiduo, &aacute;vido, puede resultar tan petulante como afirmarme como <strong>escritor</strong>. Pero visto objetivamente el caso, en realidad tal acontece.<br /><br />El lector, al tomar el libro, la cosa, la vida misma y atragantar sus sentidos con sus formas, colores, sonidos, silencios, dimensiones, atestigua la existencia misma, pero siempre desde una perspectiva limitada a su parcela de realidad dado que no puede abarcar todo. Por lo mismo, es sabido y se entiende al lector como un mero int&eacute;rprete. Y he aqu&iacute; el traslape, pues en cuanto comienza a interpretar, da paso a la construcci&oacute;n de un mundo de significados; transforma mediante su testimonio lo observado, lo sentido, y haci&eacute;ndolo insufla vida y car&aacute;cter a lo que toca con su imaginaci&oacute;n creadora o, si se prefiere, recreadora.<br /><br /><strong><em>CON LA LITERATURA EN EL CUERPO ENTRE LEGAJOS</em></strong><br /><br /><img width="105" hspace="5" height="165" align="right" src="/upload/PortadaLibroRuy01.JPG" alt="" />Decid&iacute; leer a <a href="http://www.albertoruysanchez.com/"><strong>Alberto Ruy S&aacute;nchez</strong></a> sencillamente por desconocerlo. Como ejercicio de escrutinio.<br /><br />Mientras llegaban los libros que me proveer&iacute;a la editorial <strong>Alfaguara</strong>, encontr&eacute; en casa un volumen que adquiriera en una <strong>Feria del Libro</strong>. No lo hab&iacute;a m&aacute;s que manoseado. No lo recordaba. Era, es de este autor a quien hab&iacute;a visto y o&iacute;do mentar en dos o tres <strong>entrevistas </strong>televisivas o period&iacute;sticas, y tras las que el hombre adem&aacute;s me result&oacute; una persona agradable en m&aacute;s de un sentido. Por lo tanto, esta iniciaci&oacute;n parti&oacute; del acercamiento a tres obras y no s&oacute;lo a dos; de saludar a un completo extra&ntilde;o como quien sonr&iacute;e graciosamente y con cortes&iacute;a al convidado a un c&oacute;ctel.<br /><br />Igual que Cantinflas, as&iacute; como digo una cosa digo otra, y ahora pienso que aparte de lo lucubrado l&iacute;neas arriba, para que un lector cumpla cabalmente con su labor de escritor, no puede acercarse a su objeto de observaci&oacute;n predisponi&eacute;ndose. Su labor debe ser un poco m&aacute;s ingenua, su mirada ha de ser como la del cient&iacute;fico principiante cuya curiosidad inocente le lleva a los descubrimientos m&aacute;s asombrosos.<br /><br />De ese modo, de entre legajos, tom&eacute; el sugerente libro y comenc&eacute; a devorarlo... saci&aacute;ndome de <strong><em>literatura en el cuerpo</em></strong>. &iquest;Lo que&nbsp; he ido descubriendo? Decididamente una mano fogosa.]]></description>
<date>2/16/2008</date>
<time>3:30:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=137</link>
<id>137</id></item>
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<title><![CDATA[BAUTIZANDO EL AIRE]]></title>
<description><![CDATA[Recientemente se me han abierto las puertas de la oportunidad gracias a <strong>Alfaguara</strong>, <strong>Cadena de Lectores</strong> y <strong>Pauta Creativa</strong>. A partir de esta semana y contando seis meses (ojal&aacute; se prolongue el plazo para toda la vida y por ah&iacute; alguien se fije en mis palabras como algo m&aacute;s que una mera colaboraci&oacute;n desinteresada); contando seis meses, dec&iacute;a, nos estaremos viendo por este espacio, amigos lectores, donde podremos comentar la experiencia de leer... y escribir y publicar.<br /><br />En concordancia con el compromiso establecido luego de mi sorprendente fortuna (nunca me hab&iacute;a ganado nada en mi vida), tomar&eacute; como un ejercicio cotidiano sentar aqu&iacute; algunas frases, textos breves o largos, secuenciados o sin hilv&aacute;n alrededor de obras que ir&eacute; leyendo, saboreando, desjugando para, con su sustancia, bautizar el aire que pueda colarse entre los renglones de este sitio.<br /><br />A modo de bit&aacute;cora, suerte de extensi&oacute;n de uno de mis blogs personales y grupo de amistades denominados <a href="http://elogiodelalectura.blogspot.com"><strong>&quot;Elogio de la Lectura&quot;</strong></a>, mismo que forma parte de mi revista electr&oacute;nica &quot;<a href="http://indiciosmagazine.wordpress.com"><strong>Indicios Magaz&iacute;n-e</strong></a>&quot;, espero satisfacer la curiosidad de m&aacute;s de uno, provocar el comentario puntual, la verborrea indiscreta, la diatriba o el halago. En cualquier caso, buscar&eacute; corroborar que la interactividad intern&aacute;utica es capaz de dar nombres al aire, tal como sugiere en su primera novela el autor que ocupar&aacute; mis siguientes l&iacute;neas, <strong>Alberto Ruy S&aacute;nchez</strong>, a quien -como a otros- de una vez aclaro que no habr&aacute; de esperar loas, se&ntilde;alamientos, juicios, recelos, sino especialmente vivencia, el resultado positivo o negativo de probar sus silencios envueltos en tinta.<br /><br />Adem&aacute;s, qu&eacute; mejor que comenzar estas entregas en la fecha del <strong>Amor</strong>, el <strong>Deseo </strong>y la Amistad, con una obra del autor mencionado y que concentra ni m&aacute;s ni menos a los dos primeros: <em><strong>&quot;Los nombres del aire&quot;</strong></em>.<br /><br /><br /><br /><hr width="100%" size="2" />]]></description>
<date>2/14/2008</date>
<time>3:18:00 AM</time>
<link>http://www.cadenadelectores.com.mx/zona_lector/BlogJoseAntoniodelavega/?view=plink&amp;id=136</link>
<id>136</id></item>
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