PAPELES COMO SALTAMONTES

Desde hace varias semanas estoy muy "entretenido" (a falta de otra cosa, entiéndase trabajo, mejor que hacer) escombrando la casa, además de leyendo lo que me encuentro y lo que tengo comprometido.

Por dos semanas me dediqué a mover mobiliario, en alguna ocasión con ayuda de mi sobrino que está fuertote. Reacomodé todo el estudio y ahora tengo casi todos los libros en una sola habitación, y los escritorios quedaron acomodados de forma tal que ahora sí parece oficina.

"¡Inmisericorde!" Me gritan silenciosos algunos papeles ya con notas viejas, ya con lecturas que de plano no haré por quedar fuera de actualidad. "¡No! ¡Con la navaja no!", claman otros mamotretos temerosos de ser destrozados para terminar con el resto en la basura.

Pero es la fecha que no termino. Aún quedan muchas carpetas con lecturas interesantes y documentos valiosos, para mí y quizá futuros alumnos, desde la perspectiva académica e instruccional. He ido abriendo una a una, examinando a ojo de buen cubero lo que seguirá sirviendo y lo que ya no tiene razón de ser. Incluso algunas carpetas por viejas han parado entre los trebejos que tienen boleto de ida y no de vuelta.

Recortes de periódicos, cuadernos de cuando era estudiante y otros de cuando daba clase (no he vuelto a la academia, no por falta de ganas o por no tocar puertas). Plumas viejas y resecas, otras con esperanza de que puedan ser resucitadas mediante la operación frankensteniana de conseguir un respuesto. Lápices, clips... Todo fue a dar a un par de cajotas, sin orden, para luego ir saliendo poco a poco para encontrar un nuevo sitio: o entre los útiles o entre los desperdicios.

Revisando arriba y abajo con mirada siniestra los estantes, recorro los títulos de los libros. Algunos están muy confiados de que seguiran en sus puestos o por ser necesarios para las consultas, o por guardar indicios de mis pensamientos, o por saberse cubiertos con el manto de mi afecto particular. Pero hay otros que tiemblan: los muy viejitos, los maltratados... Los tranquilizo y les explico que, aunque están ahora reacomodados al "ahí se va", siendo que algunos ya contaban incluso con su distintivo de clasificación bajo el sistema Dewey, no se preocupen, esa labor clasificatoria continuará con todos y cada uno. "Eso sí -aclaro- sobre la marcha iremos haciendo espacio para nuevos amigos, como los que nos ha proporcionado Editorial Alfaguara desde hace un año y medio y los que puedan venir de esta u otras editoriales; y también para nuevos amigos resultantes de mi nueva habilidad".

Nomás los veo cómo entre sí conversan tapa contra tapa como considerando "este cuate ya se deschavetó". Y es que, en ese afán de entretenerme y aprovechar el ocio y no clavarme demasiado en mi duelo -ese que tú bien conoces, amigo lector-, entre otras cosas me he dado a la tarea de desarrollar la habilidad de encuadernador.

Mi madre trabajó de chamaca en un archivo y ahí aprendió a coser legajos, cosa que me enseñó. Recientemente un bibliotecario me pasó algunos tips; más algunas pesquizas por la Internet, me aventé al toro.

Aquí les presumo algunos de los volúmenes que he creado, desde aquellos que parecen hechos por un párbulo jugando con papel maché, hasta aquellos forrados en tela. Todos están formados a partir de fotocopias. Aún no me meto a restaurar mis queridos viejitos, ya les llegará su momento.

Falta mucho, pero como decía el abuelo "con paciencia y un trapito...".

Por supuesto que eso de andar aprendiendo con el sistema de ensayo-error y con limitados recursos provoca que algunos intentos terminen muy mal. Es el caso de un libro que de plano me metí a capturar, porque a la hora de los cortes ¡la navaja tonta se fue bien chueca! Y ello me dio la pauta para generar el que será el primer libro con que estrenaré mi VETA Editorial en su colección Tiempo y Destiempo (como uno de mis blogs), eso si no termino y publico primero alguna de las novelas o el libro de cuentos que estoy ya redactando. Sólo una cosa me preocupa: la cuestión de los derechos, pues la editorial original ya no existe, el título y la traducción original son de 1958, el autor aún vive pero no sé cuán fácil sea localizarlo para solicitar su autorización.

Por ahí, si alguien me puede o quiere orientar, se lo voy a agradecer infinitamente, sea mediante los comentarios de este blog o escribiendome directamente a mi correo: veta.creativa@gmail.com; pues es un título que, a pesar de su antigüedad, por su contenido y tema sigue siendo vigente. Además, es un libro que ya nadie a vuelto a publicar e incluso los biógrafos del autor ni recuerdan o no mencionan en la bibliografía. Y también es difícil conseguirlo en bibliotecas.

En fin, estas aventuras continuarán y con algunas sorpresas, pues en la tarea no faltan papeles que brincan como saltamontes reclamando atención. De esos "olvidados" y esas "abandonadas" trataré en la siguiente, por supuesto sin olvidarme de comentar las lecturas que he venido jaloneando.

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