QUE NO HAY HOY, SOLO AYER Y MAÑANA

2 de octubre de 2008, 12:30 a.m. Llega el primero de los dos tomos con que alimentaré mis siguientes capítulos. Ardo en deseos de sumergirme Entre fantasmas, al amparo de la narrativa punzante del colombiano Fernando Vallejo.

14:17 p.m. Estoy en el supermercado en compañía de mi madre. Estirando el dinero lo más posible para cubrir los gastos más básicos. Por la noche, los sueños; por la mañana, la preocupación; me han provocado desasosiego. Quién diría que había una razón suficiente para la inquietud.


Pasadas las cuatro horas de la tarde volvimos a casa. Comimos. El identificador de llamadas indicaba que entró un telefonema a las 14:17 p.m. proveniente de un “número privado”. En la grabadora está registrado un mensaje, pero sólo es silencio.


Hacia las siete de la tarde ocurrió la llamada dolorosa. El hombre del que te conté hace poco, Bartolomé, murió. Falleció a las
14:15 hrs. Aunque mis amados padres viven, bendito Dios, me embarga una honda sensación de orfandad. Ha terminado la vida de un personaje cuya subtrama fue fundamental en la trama de la novela de mi vida. No lo leeré más si no es a través de los recuerdos, alimentando el deseo —uno más para estos apuntes— de albergar en el corazón hasta mi último momento la vivacidad de su mirada traviesa, sus sabias ocurrencias, su leal sonrisa.

Ya lo veré de nuevo, en el más acá de alguna narración que haré, un día de estos, cuando resurja del llanto anegado tras estas letras que nada callan, que todo dicen.


3 de octubre
del mismo año. La editorial me indica otros títulos para escoger el segundo de mi consabida tanda. Sin pensarlo demasiado, movido por el sentimiento elijo y espero refugiarme en las palabras de Mario Benedetti y así, con “¡ánimo, valor y miedo!”, Vivir adrede como me han enseñado todos mis padres [1 Co 4 14:17], para ejemplo de nadie en particular, con entrega incondicional. Solo espero y solo deseo, sólo, estar a la altura y no defraudar ni a mí mismo (principalmente); que no hay hoy, solo ayer y mañana, sólo. Y en mi cabeza resuena la canción de Alberto Cortés “Cuando un amigo se va”.

9 de octubre
. Una semana después he comenzado la narración anunciada, compondrá parte de un libro de cuentos dedicado amorosamente. A veces no sé quién es más espectro, si el vivo instalado en la melancolía o el muerto que vela por sus afectos en la tierra.

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