ENTREGAS SIN FIN

¿Cuándo es conveniente, adecuado, permisible, deseable contar la autobiografía de uno? ¿Qué es o debería ser una autobiografía? ¿Un acto de expiación, uno de contrición; exorcismo, vanagloria de uno, desdoblamiento, condolencia por el mutuo pesar que el paso tiempo ocasiona en el espíritu y en la materia del propio ser? Acaso sea reminiscencia, pero de seguro implica deseo. Anhelo de lo que pudo ser y no fue, de lo que fue y ya no es aun cuando dejó profunda huella, de lo que es y pudo haber sido, de lo que está siendo y pudiera no ser, de lo que será y pudiere no ser como se imagina, como se sueña, como se espera.

¿Qué palabras me permitieron llegar a este punto gracias a la bonhomía de la editorial Alfaguara; cuáles fueron las frases sueltas o confundidas que dieron tino y pie a que ahora pueda escribir estas líneas en este espacio? Tal cuestionamiento efectuó hace tiempo un amable amigo lector. Un poco bajo la motivación similar a la de Maruja Torres en su novela Un calor tan cercano, y como mera ocurrencia ociosa, en atención a la convocatoria que hizo a fines del año 2007 la editorial Alfaguara para inscribir un texto que narrara la autobiografía de uno mismo, puse a su consideración una mezcolanza salida de un par de bocetos que había publicado en otros espacios de mi autoría (Mucho más que molinos. Andanzas y Avatares de Beggar Mayo SL, VETA Literaria), claro, con la debida corrección de estilo y edición para conformar una relativa unidad temática y narrativa.

A petición de dicho amable amigo y como lo prometido es deuda, ahora, aquí y enseguida, incluiré y compartiré la que sería la primera de una serie de entregas sin fin a la que se suma esta de hoy y las próximas, se trata de la semilla de estos apuntes alrededor del deseo y el rizoma, también, fundamento de una aspiración largamente acariciada.


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