
22 May 2008
Con la guardia baja, ahora surgen las caras, los nombres, las justificaciones de los afanes.
Para Zaydún… El deseo. Así lo plantea Alberto Ruy Sánchez. Deseo: punto de fuga para el amor.
Para Arturo… El deseo. Así lo expone y disloca Eloy Urroz. Deseo: punto para la fuga del amor. Mientras él mismo indica en Eusebio… El deseo: fuga puntual y amorosa.
Para el pueblo español… El deseo. Así lo muestra Arturo Pérez-Reverte. Deseo: amor al punto para la fuga y la derrota del opresor. En tanto que para el imperio napoleónico… simplemente… deseo cargado de arrogancia.
Para el doctor Fitzpatrick, no puede ser distintivo: el deseo… de morir y olvidar, de hallarse y perderse en medio del calor peninsular. Asimismo, para el novelista, su justificación es el deseo de contar contándose.
Por suerte, las historias breves sobre naturales y sobrenaturales de Carlos Fuentes, se hilvanan con el hilo del deseo ya de creer ya de revivir.
Para Alfaguara, el deseo de promover y difundir.
Para mí, el deseo de escribir y leer y llenarme de palabras, emociones, idea, de imaginar, solazarme con mi maravilloso idioma.
¿Y para ti? ¿Cuál es tu justificación para haber llegado hasta este punto de fuga de unos apuntes alrededor del deseo y el amor a la literatura?
No me digas que “el deseo”, porque entonces habremos descubierto cómo éste va tallando su huella, constante, indeleble, en sus batallas por situarnos entre el pecado y la virtud.
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