RECORTA FRAGMENTOS DE DESEO

Lanzada la línea, piqué la carnada. Mejor pretexto no podía haber para dedicar un tiempo a la exploración de los retratos del deseo, y para extraviarme en el laberinto espiral del mundo real y fantástico de Mogador.

Los nombres del aire fue mi segunda estancia. Acomodado entre sus páginas, de nuevo pero ahora a causa del autor que vengo comentando, sufrí a la vez una decepción y una revelación.

Esperando una novela corta, pues así está anunciado el libro, me encontré en cambio con una descripción profusa, generadora de cuadros mosaicos que congelan cualquier posibilidad de acción programática.

Tal parece que para Ruy Sánchez Estética es sinónimo de Estática. El magnetismo de sus construcciones descriptivas detiene el desarrollo de cualquier acción, prometiendo electrificar las consecuencias irrefrenables que siguen al estallido del deseo y la liberación de la corriente de la libido.

Así, desde este punto de vista pragmático, los nombres del aire quedaron expuestos más como el planteamiento y presentación de personajes que aparentemente confluirán en una historia. Entonces, no pasa nada más; y sin embargo sucede todo.

La posibilidad, la potencialidad del acto que se adivina, del hecho que se previene; la profecía sobre lo que puede ser, de lo que podría darse; el condicionamiento del espacio y sus formas por la sola existencia del tiempo y sus efectos; la ausencia y la presencia, el vacío y la plenitud; todo esto constituye el deseo.

Si el deseo deriva en pasión es precisamente por esto. En el deseo no ocurre nada, pero concurre todo. La pasión, como contrario de la acción, encierra la energía, la contiene, la prepara, la previene. Es justo lo que ocurre a Fatma, la mujer adolescente que despierta, abriendo los sentidos no a la vulgaridad del sexo, sino a la potencialidad de ser que este implica desde sí mismo.

Brumas y sensaciones, aromas y ensueños, son apenas nombres que se pueden dar al aire, a ese espacio entre las piernas y el cual llega a extenderse hasta el fondo de las ideas. Son solo facetas vestidas con piel, provistas de género y oficio: la esclava prostituta, el pescadero y el pescador, la abuela cartomanciaza. Todos confluyen, empatan, cruzan sus andares, se entrelazan sin provocarse, usando y abusando, haciendo acumulación de anhelos en sí hasta el colmo.



 




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