Primero que nada, un saludo a todos los amigos y amables lectores que distinguen con su deferencia a este espacio. En segundo lugar, hago acuse de recibo de los tomos que he sumado a mi lista de revisión:
Paraíso es tu memoria, primera novela de
Rafael Tovar y de Teresa, y
Un grito de amor desde el centro del mundo, del escritor japonés
Kyoichi Katayama.
Al primer título le traía ganas por el tema general, la forma como la estructura familiar se ve íntimamente afectada por la escructura social a través de la historia. Las cuestiones genealógicas siempre han atraído mi atención no tanto por aquello de la determinación de los apellidos pomadosos o los linajes influyentes, sino por las implicaciones que conllevan las ligas hereditarias. El descubrimiento del genoma humano, y ahora particularmente el del
genoma mexicano abonan a este interés en más de un sentido, tanto histórico como biológico. Pero sobre eso trataré en otro momento.
Por otra parte, el segundo título lo comenté brevemente en alguna entrega pasada aquí, a partir de una publicidad de
Alfaguara recibida en mi correo electrónico. Acompañaba a dicha publicidad un extracto de la novela y de inmediato me conquistó, pero es ahora cuando podré realmente hundirme entre sus líneas.
He tardado un poco (o un mucho) en efectuar este artículo por que me fui de viaje. Ya sé que a la mayoría le importará poco lo que diré enseguida, pero lo hago en la línea estilística que ha caracterizado este espacio.
Luego de seis meses del fallecimiento de mi madre mi vida está patas para arriba. Necesitaba efectuar un viaje con rumbo a
Tabasco, al edén mexicano, para cambiar de aires, hacer una especie de retiro y además explorar las posibilidades de abrirme paso por esos caminos del sureste que tanto me jalan desde hace años.
Me hallé así, en medio del calor tropical, con las huellas que seguimos mi madre y yo más de una vez. Los recuerdos resultaban ser tan peligrosos como consoladores, tanto o más que los experimentados por mí diariamente en la soledad y el silencio de mi casona, donde he vivido desde los cinco años de edad.
Allá, entre terapias psicológicas muy fuertes dirigidas por mis parientes que son psicólogos profesionales, y el cariño de toda mi parentela materna, pude retrotareme y dar sentido completo aunque personal a cosas como los títulos mencionados
Paraíso es tu memoria y
Un grito de amor desde el centro del mundo. Allá, también sumé otros títulos que ha comenzado a sentar las bases de lo que podrá ser mi vida luego del aciago día del deceso de mi madre.
Así, los libros siguen formando parte de lo que soy, de lo que hago, de los lugares donde me hallo, y tienen la fuerza y la oportunidad necesarias para darme las pistas, las claves del propósito de mi existencia.
Si ahora no ilustro esta entrega con las portadas de los títulos mentados, es porque en este estar patas para arriba, al regresar de este viaje que quizá suponga un cambio radical en mi vida, entre otras cosas tomé la determinación de poner nuevo orden a mi espacio actual, por lo tanto tengo aparatos desconectados, muebles por ningún sitio, y literalmente un librero patas para arriba porque, entre otras monerías de quien suscribe, está la habilidad y el gusto de trabajar con la madera y, dada la decisión, era necesario reforzar dicho mueble.
La casa ahora comienza a lucir caótica, pero como bien plantea la segunda ley de la termodinámica, es forzoso que ocurra el caos para que suceda el orden y viceversa, el orden redundante deriva tarde o temprano en el caos.
En las próximas entregas, que ya estarán más regularizadas abundaré en los libros mencionados.
Post Data: Aprovecho para invitar a los amables amigos y lectores a darse una vuelta por la red
Bitácora del Orgasmo, donde he comenzado a escribir una novela por entregas que se suma a los otros proyectos literarios a los que he dedicado amorosa, seria y casi obsesivamente tiempo y esfuerzo. Digo esto como un mensaje dirigido a la Editorial, quien quita y se interesa en publicarme en un formato más manual y objetivo, aparte de la oportunidad dada mediante este espacio que elaboro siempre con gran ilusión y esperanza de estar cumpliendo con sus objetivos.