
29 June 2008
“Sigo en espera de que alguien animoso aporte algo más a nuestra cadena de lectores”, opinó recientemente Eudiza Quevedo, compañera de aventuras bloguísticas.
Buena compañía he tenido sin duda, como habrás constatado, amigo lector, a lo largo de estos meses. En una tertulia donde tú has sido el testigo principal y el único autorizado de aquí en adelante para juzgar el papel que como anfitriones hemos desempeñado varios curiosos.
Desde un principio alerté: “[…] tomaré como ejercicio cotidiano sentar aquí algunas frases, textos breves o largos, secuenciados o sin hilvanar, alrededor de obras que iré leyendo, saboreando, desjugando para, con su sustancia, bautizar al aire que pueda colarse entre los renglones de este sitio”.
Una doble esperanza y una doble certeza han subrayado mi compromiso desde el comienzo: esperanza de ser leído y de haber sido grato, al fin y al cabo no son uno ni siquiera la pluma quienes eligen al lector, sino las palabras por sí mismas, desde su presentación, con su forma, densidad, colorido y aromas. Bien lo dice el refrán culinario: de la vista nace el amor. Y es que todo texto, en cuanto tejido emocional e idílico, apuesta en su soledad al amor de una mirada indiscreta que quizá se atreva a asomarse curiosa a su intimidad lineal.
Así, lo leído por aquí ha pretendido convertirse en un juego o cuando menos una invitación a degustar de la lectura. No del modo más característico de la reseña clásica, sino aspirando a extraer una experiencia adicional.
Toda reseña tiene dos cometidos: resumir, vender. La mayoría de nosotros sacamos la vuelta a los vendedores y pedigüeños de puerta en puerta, siempre encontramos un pretexto para no hacernos de un libro y más para no leerlo. Nos parece que el ejercicio intelectual de comprender es harto más arduo en comparación con el físico, y no reparamos en el hecho de que el órgano que trabaja más en nuestro cuerpo es el cerebro; y por supuesto no olvido al corazón.
De tiempo en tiempo nos reunimos con amistades, vamos al cine o al teatro y, al día siguiente, reseñamos a otros más que la obra, la experiencia del gozo o disgusto que nos produjo o la acompañó. Sea de modo profuso o escueto, ilustrando o simplemente trazando letras —cosa nada despreciable en su dificultad— nos prodigamos en consideraciones sobre las bondades y defectos que detectamos, y los cuales no son más que un reflejo de nuestras aspiraciones o de nuestras deficiencias. Entonces, lo que hacemos son apuntes alrededor del deseo; o al menos en torno a la necesidad.
Como en estos que has repasado, entrega tras entrega, las palabras han hecho lo propio libremente, confundiendo o aclarando. Pudieron haber enfatizado, por ejemplo: “tal y cual libros son recomendables para los lectores que buscan y gustan de las emociones fuertes salpicadas con ingeniosos episodios y sugerentes escenas”; o quizá: “acercarse a las páginas de semejante obra de tan renombrado autor puede ser tanto como sentirse en la proximidad del ser amado, de la persona anhelada”. Pero en realidad nadie experimenta en cabeza ajena y, por lo que toca a mi caso y no con un propósito predefinido, las palabras no salieron de esa manera. Fueron y han sido signos con una vitalidad intrínseca, espontáneos, incontrolables mas mesurados y por ello honestos.
Nada me quitaba escribir un blog a modo de diario. Bosquejar notas con similitud a la noticia periódica. Pulverizar ideas para publicar frases suficientemente breves. En cambio opté por ensayar sobre la reseña —que no sobre las rodillas, aun cuando me hubiera gustado hacerlo sobre la espalda desnuda de una musa. El resultado, esto que lees y has leído.
Más que moda y sin excusa de por medio, el blog como fenómeno y recurso comunicativo tiene muchos usos, una gran potencialidad y también importantes limitaciones técnicas que van superándose poco a poco. ¿Cuánto animo se requiere para eslabonar conciencias? No lo sé. ¿Cuál es la tasa esperada de innovación capaz de potenciar el incremento en el número de lectores? No lo sé. ¿Se corresponde dicho incremento con el respectivo al número de consumidores de espacios de lectura impresos o electrónicos? No lo sé. Hay lectores que no adquieren libros ni revistas, y hay consumidores que aun comprando no leen o su nivel de lectura es deficiente. El público por lo general es veleidoso y el gusto jamás es ni ha sido un elemento suficiente de juicio, por eso lo gustado hoy puede disgustar mañana sin razón aparente. Al comunicador, sea cual sea su etiqueta, profesional o no, sólo resta encomendarse a algún santo para caerle bien, sin ser monedita de oro y aún siéndolo, a príncipes y mendigos; y todo en virtud de su carga de talento o fortuna.
Mis amigos de papel aún no acaban de levantarse de la mesa. Ahora mismo Un Calor tan Cercano escucha a El Hablador, quien le cuenta sobre un personaje que quizá sea pariente mío y a su modo discute sobre la estupidez de la llamada civilización. Pero eso puede esperar a la siguiente cita.
29 June 2008
Veo que me has seguido hasta aquí. Eso es bueno, pero también en este negocio existen los conceptos de rating y ranking. Así que no dejes de compartir lo que vas pensando paso a paso, entrega tras entrega. Si ya desde este párrafo te sientes perdido, simplemente retrocede en los artículos entregados. Te darás cuenta de que lo planteado en uno de ellos (Bruma selvática, meandros de ideas) es cierto en lo elemental tanto como en lo total, o como dirían los mosqueteros aplicándolo a estos apuntes: uno para todos y todos para uno.
Puesto que un blog es en estricto sentido metafórico una vulgar página en blanco, entonces es claro que en ella cabe de todo como en botica. He aquí que en este espacio han hallado lugar en mi mesa doce amigos botarates, dos de los cuales, no conformes con su sola presencia se han sentado a sus anchas, obligándome a colocar un décimo tercer sitio y, tú, amigo lector, ya conoces la superstición respectiva.
La charla entre estos amigos ha sido rica, difusa, orientadora, divertida, en ocasiones elevada pero sin más pretensiones que el intercambio de puntos de vista. Por momentos ruidosa y sin embargo, en esencia, bastante muda. Sus palabras han ido y venido; cuando no abofetean, acarician; cuando no ensalzan, engullen. No reparan en estipendio de ideas e imaginación y, si no concluyen, dejan la conversación en un suspenso inquietante.
Tal como sucede en un libro, en este blog he buscado establecer un cierto orden, aun cuando entre saltos, como haría un conejo en medio de chapulines. Tal como ocurre con un blog, en este “libro electrónico” he intentado pespuntar páginas como otrora hubiera publicado alguien, cualquiera, en un folletín ilustrado, una revista del corazón, el diario de alguna adolescente o incluso en el conjunto de un volumen enciclopédico.
Y es que estos amigos son de carrera larga. Hay que ver como beben historias, como catan pasiones. Por ahora baste con enlistarlos para que te des cuenta, amable lector y décimo cuarto convidado a este ágape —por lo cual (¡gracias!) va rompiéndose la superstición—; para que te percates, decía, del por qué de los derroteros seguidos por estos apuntes alrededor del deseo.
Todos estos amigos están ahora sentados a mi mesa y así como atiendo a uno atiendo al otro, a todos juntos y casi simultáneamente, tratando de hacer el papel del anfitrión modelo, en una reunión que data desde septiembre del año 2007 y que gracias a Alfaguara se ha prolongado con gran alegría.
LISTA DE INVITADOS (por orden de aparición) al BANQUETE: “Elogio de la Lectura”. MOTIVO: “Apuntes alrededor del deseo” (ensayo entre la epístola y la meditación).
1. Cien años de soledad por Gabriel García Márquez (al fin me decidí a invitarlo).
2. Historia de la Magia por Louis Chochod (vino muy solemne y revelando secretos interesantes).
3. Los Nombres del Aire y La Mano de Fuego por Alberto Ruy Sánchez (se sentaron muy juntitos, el primero terminó pronto el primer plato y cuchichea de lo lindo; el segundo pidió permiso para preparar el postre, una fresas flameadas y en eso anda).
4. Cuentos Sobrenaturales por Carlos Fuentes (terminó su primer plato bastante rápido, aunque con sus acostumbradas maneras diplomáticas dejó algunas mínimas sobras. Lo excuso porque yo hice lo mismo. De repente incide en dos o tres comentarios con su “Aura” de santón).
5. Península, Península por Hernán Lara Zavala (está muy entretenido, no le quita los ojos al faisán en el centro de la mesa aunque insiste en pedir que le sean servidos papadzules. En algún momento hizo referencia al héroe maya Can Ek y me recordó el bello libro de Ermilo Abreu Gómez Canek. Historia y leyenda de un héroe maya, especialmente aquellos pasajes cuando el valeroso y sabio personaje épico, con gran poesía y fino humor pregunta a sus amigos Domingo Canché, Ramón Balam y el niño Guy “¿Quién me dice cuáles son los agujeros por donde gritan las cañas? ¿Quién me dice qué es lo que está torcido en tres ramales? ¿Quién me dice qué significan dos piedras verdes y una cruz alzada?”, respondiendo divertido a los azorados que no sabían qué contestar: “Tontos. Todo es claro: se trata de los agujeros de la flauta; se dice de la iguana y se piensa de los ojos del hombre”. O cuando dijo: “Es verdad: la palabra nació por sí misma dentro de lo oscuro. Aquí es necesario declarar el sentido de esta oración. La palabra no es la voz que se dice y se oye. La palabra es cuna del espíritu creador. El espíritu creador que siempre fue, en las tinieblas del tiempo, vio su conciencia, y de ella nació la palabra. Por esto toda palabra debe ser sentida dentro de lo oscuro del pecho para que sea imagen de esa otra que nació del ser, espejo de sí mismo”. Y sin olvidar cuando expresó —y esto viene muy a tono—: “En los libros se dice lo que es un profeta y también lo que es un poeta. Se dice esto, pero muchos lo han olvidado. Es bueno recordarlo. Es profeta el hombre que puede mirar el rostro de Dios; en su resplandor aprende a distinguir la verdad, de la mentira. Por esto le es dable hablar de lo que ha de suceder en el tiempo. Es poeta el hombre que recibe en su rostro la mirada de Dios. Por eso le es dable distinguir la belleza, de la fealdad. Los profetas tuvieron permiso para guiar a los hombres que vendrán. Los poetas tienen licencia para guiar a los hombres que son. Unos y otros, cuando tienen conciencia del dolor, hacen el bien”).
6. Un Día de Cólera por Arturo Pérez-Reverte (lleno de anécdotas, me trae esquivando sus ocurrencias, tratando de mapearlas)
7. Fricción por Eloy Urroz (aún no se había servido el primer plato y ya empezaba a picar del Platón mientras al calor del vino servido distraía a su vecino de al lado con discursos sobre Empédocles y la fidelidad, así como extrañaba que no le hubiera tocado una colega próxima para sobarle las piernas).
8. Obra Reunida. Narrativa Breve por Mario Vargas Llosa (“El Hablador” se sentó tan al centro que incluso resulta incómodo acercarse a él. Como llegó acompañado de varios familiares y no quise ofenderlo, decidí en mi papel de anfitrión cederle la palabra antes que a cualquiera de sus acompañantes con todo propósito. Pobre, no ha sido culpa de él su torpe desempeño en la tertulia, sino del sastre que le confeccionó el traje tan ancho y de costuras apretadas que lo hacen ver cual choncho bodoque. Sólo de verlo, solidariamente uno suda la gota gorda. Y no es que sea vasto en las cosas que tiene por decir, sino que sólo asirlo o abrazarlo anquilosa los dedos. Cada vez que me remito a él debo concentrar mi atención de tal forma que no pierda idea. Insisto, lo que cuenta es fabuloso, entretenido, rico, delicioso, pero su corpulencia orilla a que uno siga con extrema lentitud su discurso. Yo hubiera preferido verlo en un traje menos ajustado, mejor cosido y más maniobrable, con menos bolsillos aunque eso significara más prendas complementarias. Se lo propondré sutilmente, para que a su vez lo sugiera a su sastre).
9. La Estupidez: Ideologías del Posmodernismo por André Glucksman (inquietito e inquietante; ya van varias veces que me señala detalles sobre el banquete y sus opiniones no dejan de tener verdad. Valoré mucho su “Elogio de la Tarta de Nata”).
10. El Proceso Ideológico de la Revolución de Independencia por Luis Villoro (me ha estado susurrando algunas ideas para un par de novelas que tengo en mente, ya comencé a barruntar y ojalá puedan ver la luz).
11. El Valor de Educar por Fernando Savater (andaba perdido y está queriendo colarse en una que otra conversación, pero ya le dije que espere turno. Con Aires de Familia (por Carlos Monsiváis) ronda expectante para ubicarse en la mesa en cuanto alguno de los invitados abandone su silla).
12. Un Calor tan Cercano por Maruja Torres (le pedí que se sentara a mi lado; siempre es bueno tener una mujer inteligente, sensible, sensitiva y de buen decir al lado, y aun cuando de pronto los otros convidados me distraen, la calidez de su cercanía hace que me tome tiempo para ver fluir sus narraciones. Con ella, aunque uno quiera ir rápido, se hace necesaria la pausa para el disfrute).
27 June 2008
Sí. He registrado el pasmo de alguno que otro lector y amigo llegado a estas líneas. Sobre todo luego de la anterior entrega. Y aunque no lo parezca, todo tiene una explicación sencilla, la misma que ha ido reptando entre los artículos que componen estos apuntes alrededor del deseo.
¿Qué es un blog? ¿Cómo debe abordar el escritor o aspirante a tal esta forma de expresión? Para hallar una respuesta a estos cuestionamientos basta —y no siempre— con navegar por la Internet y visitar varios de los blogs existentes. Los hay de todo tipo, factura, enfoque y temática. En unos sus autores optan por anotar breves efemérides, confesiones íntimas; en otros abundan imágenes y en unos más el texto lato. Estos prefieren temas jocosos, esos son más solemnes. Aquellos tienden a soltar consejos, críticas, lecciones; aquestos comentan, narran, cuentan chistes, incluyen audio o video, se regodean con su idioma entre faltas ortográficas y gramaticales, o discuten su vida y milagros, la inmortalidad del cangrejo o discurren sobre la invención del agua tibia y el hilo negro.
Ante el empuje de este fenómeno comunicativo —que en lo personal, confieso, me ha venido resultando no sólo fascinante sino providencial— que posibilita la autopublicación, y dada su penetración e influencia creciente y probable en la conformación de la opinión pública actual, los grandes medios comunicativos, las grandes cadenas y consorcios han empezado desde hace un par de años, más o menos, a emplear este modo expresivo como un recurso, a veces distractivo, a veces propositivo; ya con fines de clara estrategia mercadológica mediante la cual se propicia la generación y ampliación de públicos consumidores por la acción de esta novedosa y adaptada forma del método publicitario de la transmisión de boca en boca; ya con la meta de “abrirse” a los no profesionales de la comunicación y la información. Así, los espacios cedidos abonan en cierta manera a la confusión mediática bajo la promesa cada vez menos ilusoria de una democratización de los medios.
La intrusión de los miembros de esa “masa” de consumidores de mensajes para convertirse ahora, por gracia de la tecnología facilitadora, en productores de mensajes y difundidores de su propio parecer acerca del mundo y lo que en él acontece, significa la disolución social con vistas a una recomposición. Se acentúa la individualidad, pero no como una especia de aislamiento —no solamente, aun cuando este es un problema real y preocupante—, sino como germen de la posibilidad de la integración fundamental mediante el intercambio.
Exponer las propias palabras o gestos en espacios como este es sumamente arriesgado, tanto como cuando se abre la boca en una reunión para decir lo que se piensa o siente sobre determinado tópico; y más, pues no hay certeza de quién estará del otro lado del salón atendiendo nuestro dicho. Invariablemente pende sobre uno la espada de Damócles recordándonos la amenaza del ridículo y, sin embargo, hablamos y escribimos aunque sean estupideces.
Seguramente más de uno se preguntará ahora, “¿por qué insiste este bato en mencionar la estulticia?” Y debo contestar astutamente y en congruencia con lo trazado en el primer párrafo de este artículo: todo parte de los invitados a mi fiesta, a este elogio de la lectura.
Síganme y verán…
9 June 2008
Hemisferio derecho, hemisferio izquierdo. Norte, Sur. Partidos políticos de derecha e izquierda. Mundo primitivo y mundo civilizado. Bien y Mal. Arriba y abajo. Si aquí apenas se barruntan dejos de pretendidas reseñas que aspiran a algo más, la historia de la humanidad es la reseña de las reseñas: la antología de la estupidez, el compendio de lo que queda entre extremos en pugna.
Escribiendo estas líneas ha llegado a mi mesa de trabajo el esperado segundo libro convenido. ¡Albricias! Haré justicia a las mujeres aunque sea mínimamente, pues se trata del título Un calor tan cercano de la escritora barcelonesa Maruja Torres, obra que, haciendo eco a estos apuntes sobre el deseo, ya desde su nota descriptiva la autora explica que no se trata de una novela autobiográfica sino deseobiográfica; y que, siguiendo ideas vertida aquí “uno escribe […] para dotar de sentido a lo que no lo tuvo, y para inventar lo que a la vida se le olvidó. Para ordenar el caos”.
Hubo un tiempo cuando los hombres creían ser más que las mujeres. Llegó luego el tiempo cuando las mujeres en emancipación creyeron ser más que los hombres. Están próximos los días cuando nos veremos como lo que somos, ni iguales (pues para empezar por la anatomía y la fisiología tal se comprueba) ni distintos del todo por cuanto toca a nuestra esencia y naturaleza humanas.
En la segunda mitad del siglo XX, el antropólogo Clifford Geertz así como algunos filósofos, psicolingüístas y semiólogos de corte posmodernista señalaron que la humanidad había llegado a un punto tal en el ejercicio de la crítica que las palabras no bastaban ya. Desgastadas, desusadas, abusadas y hasta violentadas, en muchos idiomas y culturas era notorio hacia la década final del siglo XX el afán por desbrozar el léxico, y esto tanto por parte de académicos como de legos, jóvenes o viejos, aquellos por desprecio a la herencia, las tradiciones o simple reduccionismo fundamentado en la ley del mínimo esfuerzo; aquestos por anhelo de vigencia.
Hoy, atender a la conversación de hombres y mujeres igualados por la democracia y el consumismo, equivale —toda proporción guardada— a atestiguar la tala “clandestina” de algún bosque o selva. Con cada “cabrón”, “pendejo”, uno descubre que todos somos “güeyes” (ni siquiera bueyes) de la misma especie; así, igualados en afanes, tropelías, ilusiones, oficios y vocaciones, nuestras raíces van quedando al descubierto para pudrirse en medio del desparpajo de este atado de badulaques en que a veces nos convertimos, parafraseando a Octavio Paz, en medio de nuestros contemporáneos.
Opuestas, las cosas y los hombres, terminan secos, carentes de sentido. Si el absolutismo despótico o ilustrado se antojó despreciable a los españoles que en Un Día de Cólera atajaron su avance cortándolo de golpe, algo similar ocurrió con los absurdos deseos de lealtad de los personajes de Fricción.
Llegados aquí tras dar Los nombres del aire, luego de contar con los dedos anhelantes de La mano de fuego, descubrimos gracias a El Hablador que, como en Península, Península, la reseña que cabe explorar es, ni más ni menos que la de la estupidez. Porque el idiota provoca asombro desde el mismo azoro que le ha dejado imbécil, babeante.
En el compendio de los días, no obstante, a veces es difícil observar que ni se es tan civilizado como para aspirar a la asimilación de los otros en lo que uno cree es lo mejor, ni se es tan primitivo y tribal como para esperar que los otros sean capaces de respetar la naturaleza que conforma; ni lo uno ni lo otro bastan, como las palabras o las imágenes, para dejar de lado la posibilidad de experimentar la estulticia ya ajena o propia.
9 June 2008
En términos generales y sin afán académico, podemos decir que la lectura puede darse de dos formas: lineal y en zig-zag. En el primer caso se la conoce como lectura objetiva mientras en el segundo se trata de lectura selectiva.
Lejos de pretender una descripción superficial, el apunte anterior tiene como finalidad destacar que la forma como leemos también está sujeta al modo como pensamos y viceversa. Mientras la lectura lineal está comandada por los procesos mentales propios del hemisferio cerebral izquierdo, en la lectura zig-zag se revelan los procesos mentales propios del hemisferio derecho. Y esto, contra todo lo que pudieran decir los científicos y los sexistas tras los recientes hallazgos neurológicos, no tiene nada que ver de moso exclusivo con el género del lector o con su gusto particular, pues tanto hay varones que piensan cuales mujeres, como viceversa sucede que mujeres piensan como varones; a los genes y la naturaleza deben sumarse hábitos y costumbres, y por ello para hacerlo habitual, aquí no he empleado la palabra hombre pues la prefiero para un uso más amplio dada su humilde etimología.
El lado izquierdo, lógico, ordenado, convergente, sistemático, donde radican las habilidades del habla, la escritura, el cálculo, la especialidad, la abstracción y la organización, contrasta y complementa al lado derecho, hogar de las competencias relacionadas con la administración, la socialización, la expresión, entre otras.
La transición entre el artículo anterior y las líneas arriba de este parágrafo, como parte de un contexto, a más de uno podrá parecer caótica, un salto en el vacío o cuando menos un cambio brusco en la temática. Pero, ¿qué sucede cuando, como ocurre con una antología, una revista, un periódico o la Internet, se ha llegado a este apartado de modo directo por vía exclusiva de un índice o un vínculo específico? Se la ve entonces como unidad elemental aislada; un elemento discursivo independiente y que se antoja dispensable. Sin embargo, llegado el lector selectivo a este punto, para ser exacto, a esta palabra después del pronombre demostrativo “esta” antes de la palabra “palabra” y aún pasando sobre el tren de ideas que le ha seguido hasta aquí y más allá de la próxima coma, por haber decidido revisar este fragmento antes o después de que otros y guiado sólo por el título o la fecha de publicación en el blog Cadena de Lectores, por ejemplo, ese lector se da cuenta que ha tenido ante sus ojos y tiene un extracto de un todo, una célula o molécula apenas de un conjunto de apuntes alrededor del deseo.
Según el orden y el modo como haya arribado aquí, comparado con otros lectores alguien podría tacharlo de audaz descubridor o de reportero idiota (dicho sin ofensa, por supuesto, para nadie). Como en el siguiente caso.
En días pasados, en diversos noticiarios y periódicos se publicó un reportaje intitulado “Las tribus que nos quedan” acerca del “descubrimiento” por parte de la organización Survival International de una tribu aborigen en lo más profundo de la selva amazónica peruana haciendo frontera con Brasil. ¡Vaya novedad! Para el lector desinteresado o neófito de la etnología lo es, pero no así para el seguidor de estos temas, antropólogo o no.
Como quien salta las páginas de una revista o una enciclopedia, o las notas y encabezados de un periódico, o como si navegara por la Internet, recién llegada la antología de la narrativa breve de Mario Vargas Llosa comentada líneas atrás, constaté dos cosas: 1) la interactividad no es invención puramente tecnológica sobrevenida con las computadoras u ordenadores (como dicen en España); 2) la televisión no es ninguna caja idiota, como sí lo es la gente que hace y atiende su contenido, o sea todos nosotros.
Cuando los reporteros de la agencia de noticias AP difundió la noticia tras la investigación amazónica de esta tribu que supuestamente jamás ha tenido contacto con la civilización salvo el empuje de los taladores, cuando la citada organización fue a ese rincón selvático, Vargas Llosa como otros antes y después que él ya tenía conocimiento de lo que ahí sucedía. En su relato El Hablador nos cuenta acerca de una de esas tribus que viven en grupos familiares de no más de alrededor de setenta miembros, en chozas que se confunden con el follaje, que viven de la pesca, la caza y la recolección, reducen cabezas y poseen conocimientos prodigiosos sobre medicina herbolaria; se pintan el cuerpo con tintura roja de achiote para proteger sus cuerpos de las alimañas que pueden anidar bajo la piel (como plantea en un capítulo de La mano de fuego Alberto Ruy Sánchez) y obedecen a distintos nombres y tótems. Vargas Llosa se concentra en los denominados machiguengas, los cuales, como el resto de ellos y nosotros tienen un deseo fundamental, ¡de antología!: sobrevivir como hasta ahora en medio de la armonía que la misma naturaleza les ha enseñado.
9 June 2008
Invariablemente uno se queda idiota cuando enfrenta una de dos labores: leer o editar una antología.
Tarea de coleccionista, la antologación requiere no sólo del conocimiento de los fondos y trasfondos de las piezas a reunir, sino el tacto del taxidermista, la paciencia organizativa del bibliotecario y la curiosidad juguetona del cuervo.
El ser humano es muy dado a juntar y acumular cosas: dinero, juguetes, parejas, cartas, estampillas, documentos, recuerdos, rencores. No siempre lo hace de la mejor manera y pocas veces de modo sistemático y ajustado a un método. Tal parece que hay algo en nuestra genética o en nuestra historia evolutiva que nos impele a tal conducta, sea por manía ordenadora, por indolencia, enfermizo apego o el simple deseo de poseer y clasificar lo que nos resulta personal, social o históricamente significativo.
Hasta cierto punto, la labor de antologar se antoja ardua, ingrata, necia. Pero por otra parte es mirada como retributiva, suerte de barrido sobre lo que se ha sido se es y se será. Esta visión prospectiva, economista y ecologista la encontramos lo mismo en antologías poéticas que en un álbum fotográfico o una colección filatélica.
El coleccionismo es un arte que busca entre otros objetivos la vanagloria o la autocrítica, autocorrección y autocensura (si el antologador es el mismo autor de las obras antologadas, aunque esto suene a trabalenguas: las cien obras escritas por famoso autor buscan un antologador; quien logre antologar las cien obras escritas por famoso escritor en una justa antología buen antologador será); o el homenaje (en el caso de que el archivista sea el intérprete seleccionador de la obra reunida. En este segundo caso encontramos variantes: la antología con pretensiones museográficas y cuyo prurito lo define el afán de congelamiento y registro taxonómico de lo hecho y al menos una vez existente. Otra diversión sería el florilegio resultante del puro placer derivado del solaz que da el contacto vivo y revivificador con la obra.
Un elogio de la lectura, como hizo en su Elogio de la Locura Erasmo de Rotterdam, pasa pues primero que nada por la intencionalidad tras la crestomatía.
En este caso, el tomo que recientemente comencé a disfrutar: Obra Reunida. Narrativa Breve de Mario Vargas Llosa (colección armada por él mismo), contribuyó en tanto analectas a mi imbecilidad lectora. Si bien no es el primer compendio que tengo entre las manos, ahora caigo en cuenta que este deseo por reunir, que no necesariamente unificar o integrar, es ni más ni menos uno de los fundamentos de la comunicación; y digo esto con todo el propósito de anclar el principio de una nueva teoría en el ámbito de mi profesión.
De Vargas Llosa había leído diversos ensayos de crítica, sobre política, sus novelas Pantaleón y las Visitadoras (cuya versión cinematográfica es loable por su apego a la letra y la construcción), La Tía Julia y el Escribidor y Los Cachorros (en su versión fílmica solamente), pero nada más. Ahora, gracias a este libro tengo a mi alcance éste último y otros títulos: Los Jefes, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El Hablador y Elogio de la Madrastra.
En ejercicio y como abono a mi estupidez, hoy recuerdo y reconsidero lo dicho líneas atrás cuando negué conocer la obra teatral del escritor peruano nacido en 1936, licenciado en Letras por la Universidad de San Marcos de Lima, pues hacia comienzos de la década de 1990 asistí al montaje en México de La Señorita de Tacna producida y actuada por Silvia Pinal en el Teatro Insurgentes con iluminación de Gabriel Figueroa, escenografía de David Antón y dirección de José Luis Ibáñez, ¡nomás, puro grande! Recién llegada a México, la actriz argentina Margarita Gralia efectuaba cada función un desnudo integral muy poético que, si bien no tenía nada de particular ni novedoso dentro de la escena nacional, tuvo y tiene el mérito de ser el primer desnudo integral televisado, esto mediante la revista de espectáculos que a la sazón producía y conducía el periodista Ricardo Rocha para Televisa. ¡Escándalo! Máxime si tomamos en cuenta que esto sucedió luego de que el escritor fuera “invitado —artículo 33 constitucional por delante—” a no pisar tierra mexicana por sus polémicas opiniones sobre la política nacional, expuestas en el coloquio organizado por Octavio Paz y su revista Vuelta en coproducción con Televisa como una puntal pero impertinente crítica hacia nuestro sistema político, y de las que se desprendieron los conceptos de “dictablanda” y “dictadura perfecta del PRI” que más tarde y aún brotan en bocas y plumas de otros intelectuales propios y ajenos.
Tiempo después —puede que me falle la memoria—, creo haber asistido o al menos haberme enterado de la puesta en escena de La Chunga. Así, pues, más pronto cae un hablador que un cojo.
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